
Me resulta fascinante un paseo por el barrio de Fisherman's Wharf de San Francisco, el deleite de sus mariscos cocidos justo a la orilla del Pacífico en ese “muelle de pescadores” y los “cachivaches” y curiosidades de su “Museo Mecánico”. Pero si les digo la verdad cuando pienso en que aún no he ido al Caribe, me deprimo un poco y me da por preguntarme como aquella canción de Mecano “¿cuándo podré ir a Hawái? ¡Ay!” Por ahora del Caribe tengo que conformarme sólo con paladear unos sorbitos de aquel soberbio ron (sin Coca-Cola, claro, eso es sólo para la canción de Julio Iglesias) que me trajeron mis amigos de su fantástico viaje. Aunque déjenme decirles que quizás fueron los españoles los que llevaron la caña de azúcar a la región de las Antillas donde el clima era mucho más favorable para su producción, y fue en el Caribe, donde parece ser que se observó que al destilarse la caña quedaba un líquido espeso de color marrón al que llamaron ron (no parece muy original el nombre ¿no?), esa bebida alcohólica que sólo hay que saborear, si no quieres que se doblen tus rodillas.
Aunque sobre gustos no hay nada escrito. Hay quien defiende incluso que una buena copa de alcohol ayuda a pensar con mayor nitidez. Como la brillante escritora Ana María Matute de quien decían algunos periódicos que alababa las características “reflexivas” de cierto cóctel al afirmar que “A mí me va la mar de bien. El gin tonic es cristalino, estimulante y te da una lucidez bárbara". Eso por no hablar de los miembros de la Generación del 98 que se reunían en Granada (decían que Ganivet era uno de los que traía el aguardiente) y las hemerotecas cuentan que “Federico García Lorca era muy aficionado en aquellas tardes a tomar un café con un buen ´chorreón´ de ron motrileño”. Ahora, les aconsejo: no apliquen ese remedio para ampliar sus destrezas, esto sólo se sirve a grandes genios que lo serían con o sin alcohol.
El brandy, uno de los licores más famosos de los años 70 y 80 (que se tomaba con frecuencia en forma de cóctel con batido de chocolate, se denominó lugumba, deformación de Patrice Lumumba, famoso primer ministro del Congo) se comercializó con diferentes marcas, la mayoría con nombres regios y reales, como distintivo de fuerza y poder y sinónimo de los más grandes reyes de la historia. Sería muy buen rey Carlos III porque un coñac adoptó su nombre.
Es de sobra conocido que las destilerías españolas siempre han producido bebidas riquísimas que han servido tradicionalmente a los reyes como pócimas curativas. Yo no sé si curaban o no pero lo cierto es que eliminaban el dolor a reyes, a cortesanos y a quien se pusiera por delante.
Con coñac o sin coñac, el rey Felipe V tuvo dos hijos varones que heredaron la Corona de España, pero murieron los pobres sin dejar descendencia. En segundas nupcias el rey tuvo otro varón con Isabel de Farnesio (que no tenía muchas papeletas para reinar al ser el tercero), pero a la vista del panorama Felipe V le dijo a su esposa: “mira Isabelita como tenemos a Carlitos que sea él quien lleve las riendas y yo ya, si eso, lo dejo”. A Isabel, como no, le pareció estupenda la idea: “si, esposo mío, haremos la ceremonia en agosto que hace más calorcito y vienen los modelitos de verano, los escotes, el moreno de playa…”. Pues nada ya en el verano de 1759 fiestuki de Coronación.
Pues Carlitos, como Carlos III, reinó con “tan grande señoría” que, oiga, pasó a la historia como “El mejor Alcalde de Madrid”, “El rey Ilustrado” o “El rey Filósofo” (aún no había caído la Filosofía en desgracia). Soberano de Nápoles y de Sicilia, podemos decir, como en el argot taurino, que toreó una faena de orejas y rabo y pasó a la historia como el rey más preocupado por mejorar la vida de sus súbditos (eso que su lema era “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, en fin, yo ahí lo dejo). Aseguró el imperio de ultramar frente a los continuos escarceos que provocaban los británicos por dominar las colonias, y, aunque en un primer momento perdió La Habana en La Guerra de los Siete Años, en un inteligente intercambio de cromos con la Paz de París de 1763 España cedió a Gran Bretaña la Florida y territorios del golfo de México, pero ¡ja! el Reino Unido tuvo que devolverle a España La Habana y Manila (y a puntito estuvo de devolver Gibraltar). Faena de mano maestra.
Rey Ilustrado, continuó la labor de la Casa Real borbónica iniciada por su padre, promovió importantes reformas, creó las Escuelas de Artes y Oficios, fomentó las Sociedades Económicas de Amigos del País, las industrias de objetos lujosos como la Porcelana del Buen Retiro o los Cristales de la Granja, cerámicas, tapices, relojes,.. y no sigo porque mi jefa me puede echar del periódico si relato todo lo que hizo. En fin, que con tantas reformas no dejó títere con cabeza.
Eso sí, según dicen no era buen acompañante para ir de compras porque era austero hasta más no poder, enemigo de las tendencias fashion y de comprar caprichitos ni cosas inútiles. Así que, chicas, seguro que nunca le daríais al like de su Facebook si lo que queréis es marcar las tendencias de los modelitos de temporada.
Para conocer muchos aspectos del rey Carlos III sugiero una visita al Museo del Prado, el mismo que el propio rey mandó construir como Gabinete de Ciencias Naturales, y allí podrán recrear la vida del rey a través de toda una colección de objetos de su pertenencia, sin duda no les defraudará.


