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ENTRE TÚ Y YO

Los Caprichos de Eros

Dolores Gil Alcayna Miércoles, 16 de Febrero de 2022 Tiempo de lectura:

 

Cuando entramos en su templo para honrarlo y agasajarlo, Eros desciende de su efigie y nos rinde pleitesía; nos corta el aire y la respiración con sus espléndidas alas. Un ofertorio de esencias y flores, frutos, vinos sagrados, bellos objetos hechos por manos artesanas. Todo parece poco para el dios del amor, la fertilidad, la lujuria y la pasión.

 

A todos nos gustaría encontrarnos en la vida a un Eros enamorado que desplegará sus abanicos de marabú y nos llevará a su reino de amor eterno, sin un empeño esquivo de veleidad. Igual que lo hiciera con Psique.

 

Pero eso es cosa de dioses, a nosotros, los mortales, que pocas veces somos tocados con esa flecha de excelencia, hemos de conformarnos con encuentros más fatuos y dolosos. Pero sin perder la esperanza de que ese dardo sublimado del amor afine su exquisitez y alcance nuestro pecho y haga diana y nido en la morada del corazón.

 

Pero en este caso es un dios de subterfugios y juegos canallas, de pasiones lujuriosas. Pero que, a veces, resulta de lo más apetecible.

 

¿Quién no ha tenido una noche de locura en la locura de la noche…?

 

***

 

1-EROS LÚBRICO

 

CUANDO LA HORA BRUJA ABRE LA VEDA A LAS HORAS GOLFAS

 

Guarda silencio cuando no tengas nada que decir,

cuando la pasión genuina te mueva,

di lo que tengas que decir, y dilo caliente.

 

Del libro, El Amante de Lady Chatterley

 

Enfundadas en minifaldas atrevidas y chupas de cuero,

piercing en la lengua y tattoos en los tobillos,

pelo largo en liana que enreda a extramuros,

pechos de rojo inmisericorde prendidos de fuego.

En cada contoneo de glúteo, cantan y susurran

como las dulces sirenas a Odiseo.

Llevan bolsos con todo tipo de artefactos

y condones irisados de sabores chispeantes.

Ofrecen

la arquitectura tridimensional de su pubis,

besos anfibios de musgo y liquen salvaje,

todo lo que se desea está en su guarida de pétalos adormidera.

Sus biografías son combustible de espada y látigo,

que se hiende obediente en el cimiento antiguo de la noche de los tiempos.

En la madrugada,

se vuelven más desinhibidas

y muy, muy procaces, ofreciendo cama y copa.

Presumen de Bugatti a la puerta del garito, camino de la gloria

de su cueva y de su excitante vértigo funambulesco.

 

Inmovilizan con su guante momentáneo… por su tamiz,

todas las dimensiones y arrecifes de su absenta.

¡Atrapad este cuerpo cortesanas y hacedlo ya! –se dice el encandilado.

Porque pasas a ser condenado volátil

en la estadística matemática de su fábrica de ensueño,

en la filantropía de su juego libidinoso.

Serás el siervo más sacrílego de su secta,

del hechizo melódico de sus cuerpos reloj.

 

Las horas canallas embrujan, desestructuran el pudor,

y eres falible a las presunciones de su pulso vesánico.

Eros y sus ritos de madrugada…

¡Ay, la jerarquía de Eros, quemando el mundo!

 

 

CATWOMAN 

 

En el estado más puro

de su condición de felina, ronronea,

ronronea melindrosa y carnívora:

curva, retráctil, sensual, ondulante…

Suelta su desvarío

en la jugosa manzana de su boca.

Pantera salada,

vive en un tejado azabache de altos vuelos,

lleva el conjuro y el hechizo en las zarpas.

Clava las uñas mientras abre

el crepitante iris amarillo de sus ojos de gata;

y con sigilo de precisión

lanza la llama del indomable fuego,

haciéndose con una presa esclava.

¡Mala félida, cómo ronronea!,

¡cómo maúlla el lamento del celo!

Se filtra por cada minúscula grieta,

por los anchos cráteres del ansia.

Narcosis en horas golfas.

 

Esta noche se la ve tan hermosa y apetecible…

Recuerda a Halle Berry en Catwoman.

 

ALQUIMISTA ESCARLATA

 

Anoche

se metió en tu cama

y no pudiste ni quisiste esquivar

la furia voraz del mordisco de su hambre.

 

Fue como un embravecido Poseidón a sus dominios,

atacando a Medusa en templo sagrado,

siendo ésta castigada

a una maldición de extrema crueldad,

su pelo de sol se tornó en escalofriantes serpientes;

fue como una muchacha en acción libertina

subyugando el alma enamorada y herida de Safo,

en una treta dolosa, camino del lecho,

después, como decía en sus poemas, le invadía un sudor frio;

como un disoluto Don Juan mancillando

la inocencia y la honra de Doña Inés, y ella, infeliz,

ofreciendo en sacrificio el alma por su amante;

fue como un rabioso Hades

raptando y haciendo suya a Proserpina,

condenándola al reino del inframundo,

al yugo perpetuo del favor de su captor;

como el volcán encendido de Clodia que,

según sus estados caprichosos de ánimo,

se mostraba lisonjera para reconquistar a Catulo.

 

Anoche

el alquimista íncubo se derramó en tu pecho,

lo tatuó con su color escarlata.

Y no pudiste ni quisiste esquivar

la furia voraz del mordisco de su hambre.

 

***

 

¡Hombres y mujeres, pedid clemencia al Dios Eros! ¡Rezad, recemos! Seamos bendecidos por esa gracia, por ese maná de placer y esa mezcla de ambrosías, de químicos naturales que liberan Eros y Psique en el lecho nocturno al hacer el amor, en esa plenitud y goce de los enamorados.

 

d.gil.

 

[Img #88529]

 

 

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