
“El Nacionalismo es una doctrina, un movimiento político que reivindican el derecho de una nacionalidad a la reafirmación de su propia identidad. Un apego especial a la propia nación y a cuanto le pertenece”.
Hay nacionalismos puros, auténticos que se dan en los grandes músicos europeos del siglo XIX, mostrando una música claramente significativa de su lugar de origen. Una rebeldía para apartarse del romanticismo que imperaba en las salas de conciertos, en un momento donde era necesario escuchar voces que expresaran otras formas musicales.
El checo Bedrich Smetana (1824-1884) con su cuaderno “Mi Patria”, compuesto por seis poemas sinfónicos, representa la historia, leyendas y paisajes de la patria del compositor; contiene una música nacionalista, sana nostálgica de los países de Moldava, su estilo está ligado por entero a su universo checo. En su música solo utilizó elementos de su tierra. Admirado y reconocido por sus seguidores de todo el mundo, escribió la primera ópera en checo. Tuvo mucha influencia en Dvorak y Janácek. Fundó escuelas de música para introducirlas y promocionar los grandes repertorios de la música checa, con su patetismo, su folklore y su melancólica belleza.
Anton Dvórak, (1841-1904) compositor post-romántico natural de Bohemia; uno de los compositores primeros checos en lograr un reconocimiento mundial. Incluso cuando vivió en Estados Unidos supo sacar toda la fuerza de ese Nuevo Continente frenético, en su Sinfonía del Nuevo Mundo, donde los elementos narrativos americanos se completan con una energía nueva y brillante.
Leos Janácek fue un teórico musical, estudioso del folklore y profesor checo. Inspirado en la música tradicional de Moravia y otras culturas eslavas, creó su propio estilo musical, original y moderno. Hasta una edad tardía no alcanzó la madurez musical.
Y no olvido a nuestro querido Isaac Albéniz que se unió a ese nacionalismo auténtico, bellísimo, reflejado en la “Suite Iberia” para piano, con la misma nostalgia, pero dentro de un paisaje diferente; su música es decidida, alegre, refleja la complejidad de un país lleno de matices. Resalta el colorido, la vitalidad de nuestra tierra y donde la revolución se hace sonora. De norte a sur como del centro a las islas, domina el canto y la melodía en sus notas al piano.
Es así, como en ese gran desierto que es la incomprensión humana, surgen voces que aúnan territorios y culturas. Pero existen competencias que manifiestan reivindicaciones políticas. Mil historias que se han quedado sin resolver. Y es que se concibe el mundo según objetivos que, está claro, no son de todos.
En Grecia, los antiguos pensadores se rodeaban de su público, desde las coincidencias hasta conquistar el pensamiento hacia una convivencia más sabia, refinada y libre, provocando una inquietud que revolucionó la cultura hasta nuestros días, porque estaban señalando caminos para saber, entender y conocerse.
“Callejones de nadie.
Yo te abrazo por frío,
No por amor
Orgullo, cuestión de orgullo”
Nacho Albert

