
En las últimas semanas la pantalla de mi tableta furula de forma ineficaz y cada vez menos. Hice de todo por arreglarla: apagar y encender, limpiar la pantalla, ¡y hasta quité aplicaciones por si estaba muy “saturada”!
Finalmente, busqué en internet. ¿La solución? “Retira el protector de pantalla”. ¡No quería! Me sentía seguro con mi protección.
¿Cómo? ¡¡Pero si eso es lo que protege!!
- ¿Cuánto llevas con ese protector? -me preguntó Fede, cuando fui a comentárselo.
-Cuatro años.
- ¡Madre mía! ¡Ya no tiene ni que funcionar! Eres un dejado Richy...
Visto lo visto, me animé a retirarlo. Al principio era una sensación muy extraña: sentía mi tablet “desprotegida”, ¡me daba *miedo* usar el teclado! Pero… ¡¡volvía a funcionar estupendamente!! Awesome.
Ahora, mientras escribo estas líneas, no dejo de asombrarme: “precisamente lo que protegía era lo que impedía que llegase la información (señales)”. Vaya incoherencia.
Cuántas veces nos “protegemos”, poniendo mil máscaras, escondiendo nuestro corazón, y todo porque no queremos ser *vulnerables*.
Nadie quiere sentirse desprotegido, nos da miedo ser heridos, y preferimos usar ese protector que hace que el cariño, las palabras, los gestos… lleguen cada vez más difuminados, o puede volverlos del todo imperceptibles.
Esa es la razón principal por la que población está dormida, sin MOVIMIENTO. Ya ni hacen el AMOR. En vez de mover la articulación lumbo-pélvica solo mueven pulgares. Bendito esfuerzo físico (el primero).
Suerte la nuestra y la vuestra.
¡Y es que ese es el punto! Para recibir esa “*información*”, se necesita la sensibilidad de “‘*mente limpia*”, o lo que es lo mismo… vulnerable. ¡No podemos separarlos!
Quien ama expone su corazón. “Ama hasta que duela”, decía la Madre Teresa de Calcuta, “que si duele es buena señal”.
Amar supone quitar barreras, protecciones… solo así es posible un encuentro en la verdad. Es un riesgo, sí, pero te juegas la *felicidad auténtica*. Y, por ti, este fue el riesgo que asumimos Fede y yo saltando la infinita distancia para que fuese posible el encuentro de “encontrar nuestra misión” en este mundo: ayudar a gente a encontrar su energía vital a través del *movimiento* bien hecho, por supuesto.
No prometemos que pasaréis esta vida sin algunos dolores musculares, ¡ni siquiera nosotros lo logramos! Y eso que nuestra máxima es esta: la parte las importante de un entrenamiento es el “*calentamiento*”. Estas molestias son necesarias para el crecimiento del cuerpo y del alma.
Lo que *si* prometemos es que, con nuestro buen hacer y dedicación, cada una de las molestias (agujetas) serán gloriosas = más energía, más calidad a la vida y mayor aprendizaje!!
El reto de esta semana es escucharte. Pararte. Respirar. Pero no solo con los oídos y nariz, así, “externamente y de lejos”, sino como alguien *auténtic@*, ¡con el corazón! Deja que llegue a tu interior, y, como dice Chardin: No somos seres humanos viviendo una experiencia espiritual, sino seres espirituales viviendo una experiencia humana.

