
El suicidio constituye un gran problema de salud pública a nivel mundial y, en España, es la primera causa externa de mortalidad entre los 15 y 29 años. En este sentido, los profesionales de Recurra-Ginso han identificado un incremento de perfiles de jóvenes con autolesiones y riesgo de suicidio desde el inicio de la pandemia, e insisten en la necesidad de desestigmatizar el cuidado de la salud mental para abordar este problema que sin duda requiere de una actuación urgente.
“El confinamiento y la pandemia ha quebrado mucho a los jóvenes. Nadie les ha enseñado a convivir con la incertidumbre”, explica Javier Urra, Director clínico de Recurra-Ginso. Según el profesional, muchos jóvenes han experimentado los efectos psicológicos, económicos y sociales de la pandemia. Sin embargo, el psicólogo apunta que no ha sido el único factor determinante, sino que vivimos en una sociedad marcada por el consumismo, el estrés, y que busca constantemente la felicidad. “No estamos educando a los adolescentes a fortalecer el carácter y afrontar los problemas” opina. “Por ello, debemos potenciar los factores de protección en la adolescencia aumentando su autoestima, resiliencia y habilidades socioemocionales para superar los desafíos que encuentren”, explica.
“El comportamiento suicida es un fenómeno complejo y de gran variabilidad, cuya causa no puede reducirse a la mera existencia de trastornos mentales o vivencias traumáticas, ya que es un fenómeno multicausal", apunta Urra. En este sentido, los expertos consideran que es fundamental comprender los motivos y circunstancias que llevan a la conducta suicida para prevenirla de forma eficaz. Por ello, las actuaciones preventivas han de actuar en todos los niveles posibles para detectar las autolesiones o conductas suicidas lo antes posible, facilitando la adquisición de habilidades psicológicas y socioemocionales para gestionar el sufrimiento de manera constructiva. “Además de fortalecer la prevención social, la clave para poner solución a este problema sería poder contar con más profesionales especializados en salud mental infanto-juvenil, ya que mientras Europa ofrece de media 18 psicólogos por cada 10.000 habitantes, España sólo ofrece seis”, añade.
Es fundamental estar atentos a diversas señales de alarma, como la tristeza profunda, expresiones como ‘la vida no tiene sentido’, el aislamiento social, el descuido en la higiene personal, marcas o heridas en la piel inexplicables, así como revisar el contenido que consumen a través de Internet. No obstante, los profesionales advierten que, aunque la prevención en muchos casos es un factor determinante para la recuperación, en el 70% de los casos de suicidio, los familiares percibieron estas señales y aun así, fueron incapaces de evitarlo. “Es muy importante que las familias no sientan culpabilidad o vergüenza ante tal situación, y sean capaces de pedir ayuda y hablar de ello para sobrellevar el duelo”, apunta el experto.




