Érase una baronesa
Cuando visito un museo tengo la costumbre de mirar si las obras de arte pertenecen a la colección permanente de la institución o si, por el contrario, están en préstamo o donación. Este modelo, el de la donación, es muy habitual en países como Suiza. Los museos de Basilea o de Zürich son buena muestra de ello, allí las obras de arte de los Niarchos se mezclan con las de los herederos del gigante farmacéutico Roche, a veces se les habilita un ala del museo y otras el nombre aparece indicado de manera discreta en la cartela junto al cuadro.
Suiza tiene la virtud de recibir colecciones enteras sin buscarlas mucho, como la del pintor Paul Klee o la controvetida Gurlitt. Hildebrant Gurlitt fue el marchante de arte más importante del Tercer Reich y estrecho colaborador de Hitler. Su hijo Cornelius a su muerte dejó al Kunstmuseum de Berna como heredero universal de todas las obras que atesoró su padre, algunas bajo sospecha y otras devueltas a sus legítimos propietarios.
Por otro lado, el prof. dr. Maurice. E. Müller, prestigioso cirujano ortopédico de talla internacional donó 70 millones de francos suizos para la construcción y equipamiento del Zentrum Paul Klee en su Berna natal, cuya realización fue encargada a su amigo el arquitecto Renzo Piano. El resultado no pudo ser más espectacular. La colección entera fue cedida también por la familia Klee al cantón de Berna. Por cierto, Berna es una preciosa ciudad medieval, Patrimonio de la UNESCO, situada junto a Los Alpes y capital de Suiza.
En España está la magnífica colección del barón Thyssen-Bornemisza que vino a completar la oferta artística del madrileño Paseo del Prado. Y no llegó por casualidad, el destino que es caprichoso quiso que su última mujer fuera española, nadie duda que la influencia de Carmen Thyssen fuera definitiva para que la colección se quedara en Madrid. En el año 1993 y por 350 millones de dólares España se hacía con ella y le ganaba el pulso a ciudades como Londres o París. Pero la baronesa tiene su propia colección valorada en 1.700 millones de euros, que ha ocupado muchos titulares de prensa en los últimos años, con la que le gusta mercadear y hacer negocio, en este caso con el sector público. Es suya y puede hacer con ella lo que quiera, pero es que ha necesitado 22 años de negociaciones y diez ministros para finalmente llegar a un acuerdo de alquiler con el Estado español, el cual se compromete a pagarle 6,5 millones anuales durante 15 años. ¿Y después? Eso es una incógnita hasta para ella que ha dicho que serán sus herederos los que decidan.
Qué bueno sería que la aristocracia industrial internacional nos donara sus obras. Pero entonces no estaríamos en España, sino en Suiza.





















