
Gonzalo Polo, Amalia Duel, Eliseo Belda y Francisco Laredo.
Servicio de Anestesia y Analgesia. Hospital Clínico Veterinario de la FUVEUM
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Las técnicas de anestesia felina han experimentado un gran desarrollo en los últimos años. Poco se parecen las técnicas que empleamos hoy de la mano de personal cualificado que cuentan con equipamiento de altas prestaciones, con aquellas empleadas hace poco más de una década. Esto se traduce en una mayor seguridad de estas técnicas, incluso en pacientes comprometidos, así como en una mejora en el bienestar del paciente durante su estancia hospitalaria. No obstante, un problema habitual característico de la clínica felina es el manejo de individuos que se asustan y sufren estrés al visitar un centro veterinario.
Los gatos, como cualquier otra mascota, deben someterse a un examen físico completo que ayude a establecer un protocolo de anestesia acorde a sus necesidades antes de una sedación o anestesia de cara a procedimientos quirúrgicos o médico-diagnósticos. Desgraciadamente, la exploración de un gato estresado resulta difícil y en ocasiones no puede completarse por la falta de colaboración del paciente. El miedo y el estrés pueden alterar, además, los hallazgos de la exploración física y otros parámetros que suelen determinarse antes de la anestesia mediante análisis de sangre. Ejemplos claros son la elevación de la frecuencia cardíaca, respiratoria, presión arterial o glucemia entre otros. Los veterinarios igualmente sufren estrés al intentar manipular al paciente debido al riesgo de sufrir arañazos u otro tipo de agresiones. Aunque existen a nuestra disposición protocolos de sedación que permiten en la mayoría de las situaciones la correcta inmovilización y sedación del paciente, cabe considerar que un nivel de estrés elevado puede reducir significativamente su eficacia. Además, su uso puede alterar igualmente los resultados de la exploración física, pruebas analíticas, etc. por lo que se deberían utilizar si no quedasen otras alternativas.
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Por lo expuesto, es importante preparar a aquellos pacientes felinos que se estresen con facilidad antes de su visita al veterinario. Estas situaciones suceden con mayor frecuencia cuando estos pacientes deben presentarse a consultas de revisión de forma periódica. Actualmente, paneles de expertos internacionales en medicina y cirugía felina recomiendan preparar, de modo anticipado, todos los detalles de la siguiente visita con los propietarios. Resulta básico que el equipo veterinario cuente con formación en técnicas de manejo amigable (bajas en estrés o cat friendly) para con estas mascotas. De la misma manera, el centro veterinario debe disponer de salas y dependencias adaptadas a gatos, donde el nivel de luz ambiental, tipo de mobiliario, ausencia de ruido y de olores extraños (ej. a perros) ayude a reducir el miedo, las fobias y el estrés. Es particularmente útil que el paciente, una vez en el hospital, se dirija en su trasportín directamente a una sala tranquila aromatizada con feromona sintética facial felina. Este producto, al percibirse por el órgano vomeronasal del gato, desencadena una serie de cambios fisiológicos y comportamentales positivos, presentando en muchos individuos un efecto calmante y reductor del estrés, ansiedad y agresividad originadas en entornos y ambientes desconocidos y estresantes. En este contexto, es útil que propietario y equipo veterinario actúen de modo calmado, usando técnicas de contención física bajas en estrés y teniendo, en caso necesario, la suficiente paciencia, ya que en muchas ocasiones hay que ser flexible y reajustar la técnica de manipulación al comportamiento de cada gato. Que los propietarios traigan junto a su mascota toallas o mantas de su gusto, así como algún juguete favorito, mejorará su comportamiento y ayudará a tranquilizarles durante el viaje, junto a la aplicación de nebulizadores de feromona facial dentro del trasportín. Finalmente, y siempre bajo supervisión veterinaria, podrá valorarse el empleo de fármacos con propiedades ansiolíticas que reduzcan las emociones negativas y el grado de miedo y aprensión con suficiente antelación a la visita al hospital.
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En resumen, el buen manejo clínico y anestésico de pacientes felinos con historial de comportamiento alterado (elevada excitación y estrés) comienza antes de iniciar el viaje al centro veterinario. En este contexto es básica la comunicación previa entre el propietario y el equipo veterinario para planificar adecuadamente los detalles del viaje y de la visita. El empleo de técnicas de manejo que reduzcan el estrés, la inversión en espacios adaptados a las particularidades de los gatos y, en caso necesario, la administración de fármacos con efecto ansiolítico y modulador del comportamiento antes de iniciar el viaje, ayudarán a minimizar el miedo y el estrés que la visita al veterinario genera en muchos gatos, lo que facilitará su exploración y manejo clínico posterior.

