
Ahora parece que vivimos para producir en un mundo acelerado, con tantos frentes abiertos que nos deparan una información ficticia y que no nos dejan reflexionar individualmente. Una referencia poco sana, controlada por “otros” que dominan el arte de la locución. Necesito otros caminos, apartarme, aligerar la mente y abastecerme de lo que realmente me gusta y necesito para mi salud mental.
Hablando de temas profundos con una amiga, intento hoy hacer comentarios sobre un libro que me ha recomendado, al hilo de lo que vamos hablando. Decido enfrentarme a lo que me inquieta en este momento. Llegar a estas conclusiones es cuestión de edad, de reflexión, de tiempo. Y aunque todavía me falta esa madurez que proporciona un poco de reposo, intento hoy hacer comentarios sobre un libro muy recomendado: “La sociedad del cansancio” del escritor coreano Byung-Chul Han.
Todas las épocas tienen sus enfermedades emblemáticas como las bacterianas, que ya están bajo control, y no habla de las víricas, ni le interesa, pues todavía no había aparecido la gran pandemia que nos asola. Pero sí habla de enfermedades neuronales como la depresión y otros trastornos psicológicos que se han extendido a lo largo de los años. Ahora padecemos “la violencia de la positividad de lo idéntico”: una forma contemporánea de violencia más grave que la agresión como es la violencia de la disuasión, de la pacificación, del control, tan suave y sutil que se manifiesta como exterminio.
En el libro hace referencia a Foucault cuando dice que esta sociedad del bienestar no tiene disciplina. La violencia no está en las cárceles, psiquiátricos, cuarteles, fábricas, ahora existen gimnasios, centros comerciales, torres de oficinas; toda una sociedad que tiene que trabajar, rendir al máximo en su día a día, que se convierte en emprendedora. El planteamiento ha cambiado, ya no son locos ni criminales sino fracasados y depresivos, que no se detienen en un aburrimiento que daría paso a la creatividad.
Los cambios sociales y estructurales se asemejan o se acercan más al salvajismo, y el acoso sexual se transforma en pandemia. La preocupación por la buena vida empuja progresivamente a una preocupación por la supervivencia, porque todo este movimiento hacia el hedonismo no tiene la capacidad de dar felicidad, bienestar. El ritmo diario obliga a un desgate de energía que termina por deteriorar a la persona; es en este punto cuando aparecen la ansiedad y la depresión que terminan haciendo del hombre superior un hombre derrotado.
También hace referencia a Hannah Arendt en su ensayo “La condición humana”, expresa claramente que la sociedad moderna, como sociedad de trabajo aniquila toda posibilidad de acción, bajando de categoría al hombre, como mero animal trabajador. La pérdida de creencias, que afecta no solo a Dios sino también a la realidad misma, hace que la vida humana se convierta en algo efímero. Ante este hecho surgen el nerviosismo y la intranquilidad. “En el mundo actual se ha perdido lo divino y lo humano. Se ha convertido en unos grandes almacenes que no se diferencian de un manicomio”.
Nunca ha estado el hombre más aislado que en esta etapa. El cansancio de la sociedad del rendimiento es un cansancio individual que separa y atormenta. Un consejo muy interesante para no perder el equilibrio. Mientras, nuestros pasos deberán fortalecerse para hacernos funcionar mejor, más seguros, aunque nos tengamos que separar un poco de ese proceso vital que se denomina desarrollo.
La filosofía atiende competencias culturales y aporta conciencia moral a nuestros actos. Al contrario, la depresión representa lo incontrolable lo irracional y desconocido. De esta manera habría que definir la depresión como el fracaso de la iniciativa personal.
El historiador antiguo Catón (234-149 a. C) nos aconseja: “Nunca está nadie más activo que cuando no hace hace nada, nunca está menos solo que cuando está consigo mismo”.
¡¡Feliz semana!!

