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LA GUERRA A 4.000 KILÓMETROS DE DISTANCIA

"Nunca pensé que de mi boca saldría ‘hijos, empieza la guerra’. Jamás creí que esto pasaría"

Oksana Savina, portavoz de la Asociación de Ucranianos en Cartagena, y Olga Afonina, nos cuentan cómo han vivido la invasión a su país desde 4.000 kilómetros de distancia

Pablo Bastida Jueves, 03 de Marzo de 2022 Tiempo de lectura:
Concentración de residentes ucranianos en CartagenaConcentración de residentes ucranianos en Cartagena

 

Transcurrida una semana desde el inicio de la invasión de Rusia a Ucrania, los nervios y el miedo van en aumento. Vivirlo, y sufrirlo, desde la distancia, con familia y amigos en el país, está siendo, si cabe, más doloroso y angustioso para la numerosa comunidad de ucranianos que reside en la Región de Murcia, desde donde han asomado numerosas iniciativas solidarias en los últimos días.

 

Entre ellas, el pasado sábado, decenas de cartageneros acudieron a la llamada en la explanada del centro comercial Cenit, donde se hizo acopio de grandes cantidades de comida, medicamentos y material sanitario.

 

En MurciaEconomía hemos hablado con Oksana Savina, portavoz de la Asociación de Ucranianos en Cartagena, y con Olga Afonina, residente en la ciudad desde hace veinte años, para conocer de primera mano cómo han vivido los primeros días desde el terrible inicio de la guerra en su país.

 

Catarata de solidaridad

 

“Cargamos dos furgonetas con medicamentos, productos sanitarios y comida. No esperaba esta gran respuesta de los cartageneros. Llevo aquí trece años y me produce mucho orgullo ser una parte de Cartagena. Me sigue llamando mucha gente que quiere ayudarnos”, cuenta con orgullo Oksana. “La gente enseña su verdadera cara en los momentos más duros”.

 

“Agradezco mucho toda la colaboración de los ciudadanos y del Gobierno, porque está siendo un apoyo muy importante para todos nosotros. Hace unos días me llegó un mensaje de voluntarios ucranianos agradeciendo a Cartagena su gran ayuda a nuestro pueblo en estos momentos tan complicados”.

 

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Olga, que desde hace veinte años vive en el Barrio de la Concepción, es muy conocida entre sus vecinos. “Siempre me han tratado muy bien, pero además estos días se preocupan más y se acercan a preguntarme si necesito algo”.

 

Desde la Asociación hacen un llamamiento a seguir colaborando, en especial, con alimentos para la población civil y ropa para los niños y niñas a partir de cinco años. “Cualquier colaboración es bienvenida”, recalcan.

 

Días sin dormir

 

“Me enteré del inicio de la invasión por casualidad, por un amigo español que me preguntó si había visto las noticias. Enseguida busqué en internet y en varios canales ucranianos y llamé a la familia para saber cómo estaban”, relata la portavoz de la Asociación de Ucranianos, que llegó a Cartagena desde su país hace tres años.

 

De igual modo, Afonina explica que, al despertar, “me llamó una amiga de Ucrania para interesarse por mi familia. No sabía por qué lo preguntaba. Me dijo que había empezado la guerra, pero, ¿cómo era eso posible? Me asusté muchísimo, llamé a mi madre y a mis amigas para saber de ellas. Les pregunté que qué iban a hacer, qué iba a pasar. Durante esas primeras horas todos estaban confundidos, nadie sabía cómo actuar ni adonde ir”.

 

Con el paso de las horas, la incertidumbre, el desasosiego y la impotencia fueron en aumento. “Continué llamando durante todo el día, cada tres horas. Mi tía vive cerca de Kiev y no puede salir de allí porque todos los puentes están derruidos. Mi familia tiene miedo de salir a la calle y están encerrados en casa. También tengo amigas que han estado refugiadas en el metro durante varios días, con niños pequeños y mascotas sin poder darles de comer ni beber”, explica emocionada Olga. “Mi madre no quiere salir de Ucrania. Dice que es su tierra y que si tiene que morir lo hará allí. Tiene miedo hasta de bajar al sótano que tiene en su casa”, afirma.

 

Idénticas sensaciones son las que expresa Oksana. “Mi madre vive en un pueblo y me cuenta que oye las sirenas y pasa mucho miedo. ¿Cómo van a quedar psicológicamente todas estas personas después de la guerra? Nunca imaginé que de mi boca saldría ‘hijos, empieza la guerra’. Jamás pensé que esto podría pasar. Llevamos muchos días sin dormir. Por las noches, cada hora, miro el móvil por si hay alguna novedad”.

 

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Un conflicto entre ‘hermanos’

 

La situación empeora cada día en Kiev y en las ciudades y pueblos próximos. En las tiendas, cada vez escasean más los alimentos, y los que hay, han triplicado sus precios. “Mi prima, que vive a 50 kilómetros de la capital, me contaba que fue a comprar pan y se consideraba afortunada porque pudo conseguir dos barras. En algunos sitios ya solo venden huevos a las familias con niños pequeños”, asegura Oksana.

 

El goteo de información acerca de la guerra es constante a través de los medios de comunicación de todo el mundo. “Nos estamos informando mediante los canales ucranianos y españoles, pero también me gusta ver qué dicen desde Bielorrusia y una vez me metí para saber qué comenta en Rusia”, mantiene Olga. “En los canales rusos están mintiendo, dicen que se ha amenazado a la gente que en Ucrania hable en ruso, pero eso es falso”.

 

La proclamación de independencia de Ucrania tuvo lugar el 24 de agosto de 1991, hace poco más de tres décadas, por lo que los lazos entre ambos países continúan siendo muy estrechos.

 

“Yo soy rusa pero he nacido en Ucrania y me siento ucraniana”, puntualiza Afonina. “Mi abuela nació en la antigua Stalingrado. Durante toda mi vida he hablado en ruso, he estudiado en ruso, y todas mis amigas hablan ruso”.

 

“No tengo nada contra Rusia, al contrario”, asevera Savina, “tengo muchos amigos allí. Yo estoy contra la guerra, son cosas diferentes. Soy mitad ucraniana y mitad rusa. Todos los hombres de mi familia son rusos. De hecho, yo hablo más ruso que ucraniano. Mi hija habla ucraniano y mi hijo en ruso. Es más, mi hija ha nacido en Moscú y yo he vivido allí”.

 

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Con todo, esta ‘guerra civil’ está provocando, además de la pérdida de miles de vidas y el destierro de muchos ciudadanos que se han visto obligados a abandonar sus hogares, momentos de incalculable daño moral y sentimental.

 

Durante la concentración celebrada el pasado domingo en Cartagena para pedir el fin de la guerra, Oksana vivió en sus carnes una de estas situaciones. “El marido español de una amiga mía que es rusa, se me acercó y me dio un abrazo. Le pregunté por su mujer y me dijo que estaba allí y había hecho una pancarta de apoyo al pueblo ucraniano, pero que tenía miedo a acercarse a nosotros. Fui hacia ella y nos abrazamos. Lloramos durante media hora. Le dije que va a ser mi amiga para siempre y que los políticos no nos van a separar jamás”.

 

Hay que parar a Putin

 

“Putin no va a poder con nosotros. Ha perdido su imagen delante de todo el mundo. No tiene futuro ni como persona ni como presidente”, estima Savina. “Si no se para a Putin en Ucrania, vendrá para acá, él no va a parar. Quiere ser el ‘zar’ de todo el mundo. Hay que pararlo”.

 

Lo sucedido, valora Oksana, va a servir para ver las cosas de otra manera. “Rusia ha perdido mi respeto, y no hablo de la gente, claro, hablo como país. Hay muchos rusos normales que rechazan lo que está pasando. Muchos de ellos nos piden perdón por lo que está haciendo su país. Sé que hay mucha gente que siente vergüenza”.

 

“Confiamos en que esto pueda acabar pronto y entremos en la Unión Europea”, expresa con sentimiento de esperanza e ilusión Olga. Y es que, como decía Benjamin Franklin, padre fundador de los Estados Unidos, “nunca hubo guerra buena ni paz mala”.

 

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