
El precio máximo de la luz ha marcado el nuevo récord histórico en España; 346 euros/MWh. La gasolina otro triste logro; 5,8% más cara en lo que va de año. La cifra roza los 1.80€/litro. El IPC escala al 7,4%, el dato más alto desde los años 80, y el subyacente sube al 3%. La inflación aceleró en febrero por la subida de los carburantes y los alimentos. Una inflación que el INE reconoce que ha sido especialmente dura en los alimentos, bebidas no alcohólicas y en los carburantes y combustibles. Bienes básicos de la temida cesta de la compra. Pero ya no importa, queridos amigos.
Este gobierno, sus acólitos y los medios de comunicación afines subvencionados han descubierto la fórmula mágica para que los telediarios nos dejen de bombardear con la pandemia, la inutilidad del ilegal pasaporte que no ha servido para nada, salvo para intimidar inconstitucionalmente a la población a inocularse solo Dios sabe y qué ha servido únicamente para engrosar masivamente las listas de los contagios y como no, los bolsillos de las farmacéuticas y además, dato curioso, los de algunos «familiares de nuestros dirigentes». No en vano, el stock de mascarillas de las empresas adjudicatarias que causalmente están vinculadas al político de turno, es tan grande que nos dicen que en interiores queda poco, tan pronto como sus cuentas bancarias estén a rebosar.
Ahora, como caído del cielo, nos obligan a hacer oídos sordos a tan alarmantes números que afectan al bolsillo y a nuestros derechos; la consigna está clara. Hay que centrarse solo en la ‘guerra de Ucrania’ que según nos venden día y noche, ha comenzado con la intervención del ejército ruso y su “delirante” líder Vladímir Putin. Ella es la culpable de todos los males, amén del aumento del petróleo, cuando a Rusia suministra gas, (y ni gota a España que lo trae a raudales de Marruecos). Rusia, un país envejecido que se surte de un puñado de oligarcas que invierten su dineral en Londres o Nueva York, y un ejército que es capaz de hacer mucho daño. Pero lo cierto es que estamos ante una guerra anunciada desde hace muchos años y que se ha ignorado de forma sistemática por los medios de desinformación de nuestro país. Una guerra que hasta diciembre de 2021 había costado 14.300 muertos y 38.000 heridos, la mayoría víctimas civiles prorrusas inocentes. Y que ha originado que miles de personas hayan abandonado sus hogares.
Para muchos votantes de extrema izquierda, el sepultado señor Iglesias (uno los mejores políticos de este país según algunos clarividentes...), quisiera hoy expiar muchos de sus pecados defendiendo a Rusia y criticando a Ucrania, pues en el pasado, amparó a ultranza las tesis prorrusas no saltándose ni una coma de lo que el Kremlin promulgaba respecto que Ucrania era un nido de neonazis, o un polvorín armado por Occidente que merecía ser sacrificado. «Hemos visto a dirigentes europeos apoyar en Ucrania a neonazis y favorecer un desplazamiento de poder ilegal», nos decía. La maquinaria rusa funciona formidable, repetía. Y no lo expresaba cuando era un Don nadie al que invitaban en Intereconomía para reírse de él, pues ya ocupaba escaño en Bruselas o Madrid. Pero no es todo, los regímenes dictatoriales de Cuba y Venezuela que tanto agradan a Sánchez, hacen propaganda de los mensajes de Moscú, vociferando que: «Rusia avanza en la desmilitarización de Ucrania». Otros países más comedidos aceptan, pero no se pronuncian; como Argentina, México o Brasil, por ejemplo, pero sin llegar a exponerse.
Políticos de extrema izquierda y extrema derecha europeos le hacen la cama al líder ruso. Justifican su intervención con campañas de pretendidas injerencias. Condenan la guerra, pero también a la OTAN y a EE. UU, y muy probablemente a la UE. La población civil del Donbass, mayoritariamente prorrusa ha sido asesinada sistemáticamente por el Gobierno ucraniano a lo largo de estos ocho años con la ayuda de armas estadounidenses, mientras los medios de comunicación occidentales callaban. Es más, Francia y en especial Alemania, a pesar de haberse comprometido a ello, nunca han velado por el cumplimiento de los acuerdos de Minsk. ¿Acaso es de recibo reprochar a Putin que decida intervenir para atajar una masacre de compatriotas en el Donbass que dura ya ocho años? ¿Cuántos muertos más hacen falta para que la intervención rusa esté justificada? Es posible que ahora todos salgan a las calles ante esta pretendida atrocidad. Pero nunca olviden qué decían aquellos hipócritas que callaban o servían al mejor postor.
Prohibir a Georgia y Ucrania adherirse a la OTAN, pues los europeos y estadounidenses no consideraban demasiado urgentes estas solicitudes de adhesión, han obligado a cerrar filas, rearmarse y disponer la batalla. Rusia ha lanzado una ofensiva aprovechando la coyuntura y, de repente, nos enteramos que ya existía una guerra que venía durando años y de la que no hemos tenido noticia. Pero tranquilos, los medios del régimen se han apresurado a divulgar (con fotos y vídeos de archivo) imágenes de civiles durmiendo en las estaciones de metro; pero también han ocultado otras más graves contra las minorías rusas que allí residen con sus casas en ruinas bombardeadas por militares ucranianos.
Desde luego, la actuación de Rusia es deleznable y sería objeto de múltiples reproches. Como resolver una amputación de su territorio mediante unos quebradizos acuerdos de paz que mantenían a millones de rusos (toda la población del este de Ucrania) bajo el dominio de unas autoridades rusófilas. También se le puede reprochar que utilicen una desfasada oratoria antifascista. Que no reivindiquen ninguna ideología universalista. Su único argumento es la raza y su territorio. Y, desde luego, se le puede reprochar que su respuesta militar no se haya circunscrito a Donbass y sus regiones limítrofes.
Los argumentos de Putin no tienen legitimidad alguna, ni científica ni histórica; se ha equivocado de adversario. El líder ruso no esperaba firmeza por parte de la OTAN. Las democracias resultan indestructibles cuando están amenazadas frente un enemigo común. Pero no hay nada más difícil que negociar con alguien que ha perdido la razón. O que lo parece, lo cual lo convierte en imprevisible. Quizá sea fruto de una estrategia que consiste en aparentar. Aunque esa cualidad es atribuible a muchos presidentes actuales, empezando por el que todavía dirige los destinos de nuestro país con su deleznable y antidemocrática modificación de la Ley de Seguridad Ciudadana; un ataque frontal, ilegal, despiadado, dictatorial, represivo y fascista, que tiene como objetivo perpetrarse en el poder, reprimir a la población, la protesta social, vulnerar el principio de seguridad jurídica, controlar toda la vida social, registros corporales externos indiscriminados, que la gente no tenga facultad de protestar (al estilo Cuba, Venezuela, China y regímenes dictatoriales izquierdistas) y como guinda del pastel, que las televisiones le rindan absoluta pleitesía, (si todavía alguna no lo hace). Eliminar el principio de autoridad que debe regir en los cuerpos policiales al servicio del gobierno.
El modelo de Putin para Ucrania es Bielorrusia y se basa en un claro principio: «O estás conmigo o contra mí. Pronto saldremos de dudas. Ucrania será un protectorado de Rusia, Lo de Ucrania no es nada nuevo y lo que vendrá tampoco.


