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Opinión | Pte. Consejo Editorial de MurciaEconomía
Jueves, 10 de Marzo de 2022
Antonio Fuentes Segura

El arte de la guerra (Sun Tzu)

 

“¿Es mejor ganar sin luchar?”

 
Desde hace muchos años vengo regalando a los jóvenes abogados que han pasado por mi despacho, a clientes junto a los que he sufrido alguna batalla en algún pleito, y a algunos buenos amigos, la mejor edición que en cada momento encuentro de este magistral tratado de estrategia militar, escrito hace más de 2.000 años por el general chino Sun Tzu, pues responde, en mi opinión, al manual ideal de Derecho Procesal con el que curtir al abogado vocacional mediante las mejores bases y fundamentos. 


El libro es estudiado, además, por las más prestigiosas escuelas de negocios, toda una filosofía para leer de corrido si no se quiere entrar en detalles, a buen seguro suficiente, con sus máximas lapidarias y precisas, para calificarla de obra maestra de la filosofía, de la táctica y de la guerra. 


Sin embargo, su lema principal, “ganar sin luchar”, que tanto he defendido como medio preventivo para la resolución de conflictos, se me antoja ahora difícil de digerir con todo lo que estamos viendo en Ucrania. Fiel a la filosofía taoísta, solo en este extremo por supuesto, intentando cumplir con nuestra obligación individual y social de aportar alguna clave para resolver este drama, pese a todo, sigo refugiándome en este código para comprender qué es lo que está sucediendo y si lo que vemos como meros espectadores tiene algún remedio. 


Pero no lo consigo y asisto, de momento, estupefacto, al fracaso del orden jurídico mundial, a la decadencia de la Política Internacional, a la inutilidad de tantos tratados y acuerdos, de tantas instituciones incapaces de imponer una forma de actuar que impida esta barbarie espectacular con la que, desde la distancia, desayunamos cada día todo el mundo occidental. 


Ahora comparamos la destrucción, el éxodo y la muerte, con la subida del gas y de la luz, con la oportunidad de mantener nuestras dependencias de suministros y, a cambio, no abanderamos la más mínima injerencia, salvo el proceder de algunas personas que no se resignan y se lanzan a la frontera para recoger a refugiados y a niños que huyen despavoridos, con un trolley  y una mochila como único equipaje. Tan bochornoso es nuestro papel, mientras los ucranianos mueren, emigran por millones, o resisten con piedras y balas de papel, que mi propia estima profesional, pues solo sé de mi oficio, decae viendo que el Derecho, en el que tanto confío como símbolo de progreso, ese “ganar sin luchar”, es toda una estafa. La mayor estructura, el mayor monumento fruto de la inteligencia del hombre, ese zoon politikon que ya antes de Cristo había creado las normas y el orden de la convivencia, no sirve de nada en este momento. 


Intentando buscar respuestas he tenido la curiosidad por despejar, en ese enjambre normativo tan exclusivo del Derecho Militar, justificaciones aceptables para participar en la guerra, lo que llamaríamos ius ad bellum, y también los límites del ejercicio de la fuerza, lo que se viene a denominar ius in bellum y, por supuesto, he buscado todo aquello que pudiera ser competencia de la Corte Penal Internacional de La Haya, por presunta comisión de crímenes de genocidio, guerra, y lesa humanidad. 


Me temo que asistimos, frustrados, a la más absoluta inoperancia, pues ni los tratados de desarme, ni los Convenios de Ginebra que regulan el Derecho Internacional Humanitario, ni el Estatuto de Roma, ni el Consejo de Seguridad de la ONU, permiten vincular inequívocamente a países como USA o a Rusia a sus disposiciones y consecuencias, por la falta de adhesión a esos tratados, en algunos casos, o por su derecho de veto, en otros. De tal modo que esa civilización occidental y avanzada que soñamos solo tiene pies de barro y, de momento, su dependencia al Tratado de la OTAN es tan intensa que bastaría el desmarque de los Estados Unidos, en algún momento menos comprometido, para dejar totalmente indefensa a toda la Unión Europea, a ese mundo de corbata y de “todo verde sostenible” en el que nos hemos convertido. 


En un magnífico artículo visionario de Antonio López-Istúriz White, eurodiputado y secretario general del Partido Popular Europeo, titulado 'Hacia una auténtica Unión Europea de la Defensa', publicado el 28 de Noviembre de 2021 en la revista jurídica Economist & Jurist, se advertía de la enorme dependencia de Europa en materia de defensa, de una no necesaria confluencia de intereses con Estados Unidos, ni siquiera entre sus propios miembros que obliga a la unanimidad del Consejo en las decisiones que afectan a la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD). Así son las cosas, aunque se nos animara por el autor a mejorarlas. Pero no hemos llegado a tiempo.


Estas debilidades sistemáticas resultan ahora patéticas a los ojos de los ciudadanos, que no entendemos cómo los designios de la civilización quedan a capricho de sátrapas y oligarcas, tiranos mesiánicos que arrastran a un mundo de destrucción, sin ni siquiera valorar, una vez consigan su propósito, cómo les mirarán en el futuro aquellos a los que se les ha impuesto el dolor y la derrota. 


Ante este fracaso estrepitoso, y con fundamentos más básicos, me planteo, mientras seguimos de perfil, si abandonar a tanta gente a su suerte no es omisión del deber de socorro, delito recogido en todo el Derecho Penal comparado, si es justo y decoroso que justifiquemos nuestra pasividad con solo un “no a la guerra”, y me pregunto si tanto ha cambiado el mundo que los principios de honor, dignidad y solidaridad, sean ahora solo cuatro banderitas en las redes. Me planteo, avergonzado, qué pensará de nosotros todo ese pueblo ucraniano junto al que solo lloramos.


No teniendo respuesta y confiando que sea la propia Rusia quien acabe con su tirano, solo me resta, por tanto, citar a Sun Tzu, estratega confirmado, quien, entre tantos razonamientos, sugería lo siguiente: “Se podría preguntar cómo enfrentarse a fuerzas enemigas numerosas y bien organizadas que se dirigen hacia ti. La respuesta es quitarles en primer lugar algo que aprecien y, entonces, te escucharán.” También este tratado militar nos hablaba de inteligencia y de espionaje. 


Aunque yo aún confío en la ley, en el orden internacional, en la capacidad de los Estados para no doblegarse, y en recordar que hoy Europa es Europa porque hace ochenta años no aceptó rendirse ante otro tirano parecido, es muy probable que el general chino tenga razón: encontremos algo que los rusos aprecien de verdad.


Creo que hoy les hemos quitado a Mc Donald. Pero Sun Tzu no debió referirse a este tipo de cosas. Urge hacer más.
 

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