
Escucho comentarios tan disparatados como lógicos estos días de terror. Alguien dice: “Esto no es real, no tiene sentido, el mundo sufre un maleficio que le impide avanzar, retrocedemos sin poder evitarlo. Empeoramos las cosas más de lo que están. Países enteros se destruyen por las bombas dirigidas sin piedad”.
Cuesta trabajo entender la mente humana, en concreto ahora, la de un hombre que se siente arropado por su propia soberbia. La sed de poder más allá de la razón. Porque todo esto que está ocurriendo está provocado por el hombre… Aunque mejor sería decir: por un hombre.
Se hace un silencio, una espera aclaratoria, es tan fuerte la tristeza, la duda… la crueldad de unos pocos. El mundo seguirá siendo como es, con sus tonos oscuros y misteriosos, con algunas luces, de vez en cuando: pero ocurra lo que ocurra, y a pesar de todo, no dejaremos de amarlo. Mientras una parte disfruta de una paz razonable en otras zonas de la tierra los conflictos se multiplican causando un sufrimiento continuo. Los continentes arden provocando diferencias insalvables entre unos y otros. La maldita ansia de defender posturas de guerra, aniquilación, terror estremece el planeta Tierra. El mundo es un lugar egoísta, acomodaticio, apartado de los problemas de los otros. Solo cuando viene el lobo de turno saltan las alarmas.
Mucha culpabilidad se dirige hacia el Cielo en situaciones como las que últimamente nos rodean. No se repara en agravios hacia los soportes espirituales, una manera de alejar los ensañamientos, las desesperanzas, los dramas cotidianos, qué fácil es cargar tintas fuera, evadir también la responsabilidad propia; nos desprendemos con una rápida maniobra dicha sin más, a pie de tierra, si mucho sentido, agarrados al suelo que pisamos.
Existen guerras pequeñas que se hacen endémicas, en países del tercer mundo a las que se dejan en el olvido o se gira la cabeza hacia otro lado. Están lejos, no se ven en los telediarios, si acaso alguna vez, cuando voluntarios de distintos estamentos profesionales están ahí dando su vida por sanar, y dar un poco de calor a la gente.
Estas cosas las pienso sin encontrar una solución, algún razonamiento lógico que pueda dar sentido a lo que no lo tiene. Una pesadumbre se ha instalado como una pesadilla de la que no despertamos nunca. De repente se han silenciado los contagios, confinamientos, antígenos y mascarillas. Ha tenido que aparecer otro drama igualmente terrible, diferente, para que se haya acallado la covid y sus consecuencias.
Vamos avanzando en la vida un poco muertos de miedo, sin atrevernos a movernos por si aparecen más situaciones que descoloquen ese bienestar ficticio del que parecemos disfrutar. Y parece que nos lo hemos tomado en serio, porque nos hemos hermanado ante un mal que está asolando igualmente a todos.
Es que no imaginas la desaparición humana y la destrucción de ciudades enteras, ardiendo los edificios más significativos para sostener Ucrania. Oigo a gente experta decir que Rusia se había quedado sola después de la desaparición del Telón de acero, situado en la Europa Oriental. Su expansión se vio mermada, mientras los países que habían pertenecido a la Unión Soviética se iban hacia La Unión Europea y La OTAN. Definitivamente hacia el Oeste soñado.
Ante esta guerra que ha surgido sin esperarla, o quizá sí, aunque parecía imposible que ocurriera a pesar de las amenazas tan terribles, el mundo se ha puesto de pie. Quién no conoce a personas ucranianas. Están cercan, conviven con nosotros, muy cerca, puede que nos hayan cuidado a un familiar con una delicadeza manifiesta: Claudia, Nadia, Olga, Toña, Vladimir, Constantin, Alex… y tantos otros que en algún momento nos han ayudado a solucionar nuestros problemas.
Parecemos un poco egoístas muchas veces, sí, pero yo diría que, en muchas circunstancias, casi todas, la persona sufre con el dolor del otro. Es la esperanza para hacer un mundo mejor.
“Señora, dijo, señalando las vías,
seguramente se ha dado cuenta de que este es el final,
las vías no van más allá.
Sus palabras eran duras, y sin embargo sus ojos eran amables”
Louse Glück
¡¡HASTA LA PRÓXIMA SEMANA!!

