
Dicen que la felicidad es un estado de ánimo. A nosotros nos gustaría añadir que “la felicidad es un estado de ánimo con vibraciones altas”.
Una emoción sostenida durante algún tiempo se convierte en un sentimiento. A su vez, un sentimiento prolongado termina mutando hasta transformarse en un estado de ánimo. Y a lo largo de este proceso nos asaltan de forma automática pensamientos que vibran en esa misma frecuencia energética.
No en vano, la mente y el cuerpo están conectados. Por eso es de suma importancia moverse (dosis adaptada) y comer bien (escuchar al cuerpo) para elevar las emociones.
Como tratamos a nuestro cuerpo con el tipo de movimiento que le damos y el combustible que injerimos determinará en muchos casos nuestra salud, tanto física como mental. No os habéis parado a pensar que, si nos comprometiéramos a hacer más ejercicio de forma metódica y estructurada, ¿además de ingerir alimentos de calidad... cuál sería vuestra vibración?
Cuando salís de una sesión de entrenamiento, ¿cómo os sentís? ¿Y cuándo coméis más saludable? Pues imaginaros si pudierais sentir esa emoción de forma continuada
También es cierto que no se puede vibrar alto todo el rato. ¿Y si pudiéramos detectar nuestras vibraciones en estado real y poder dirigirlas en la dirección adecuada?
1-Meditando con regularidad
2-Moviéndose correctamente (lo que tu cuerpo necesita).
3-Alimentándose con productos de calidad.
Todas estas estrategias resultarían en un mejor estado de ánimo y consecuentemente en mayor felicidad.
El reto de esta semana consiste en saber detectar cuando estamos más bajos enérgicamente y trabajar en las posibles soluciones para vibrar más alto.

