
Conseguir que nuestros hijos hagan lo que tienen que hacer sin excusas suena a música celestial. Pero la realidad es que su postergación en tareas personales, caseras o académicas activa dentro de nosotros la música de la película de tiburón. Y ese ruido de fondo interior que suena a amenaza inminente no ayuda a que nuestros hijos sean más responsables.
Educar a nuestros hijos para que no salgan por la tangente ante sus obligaciones, con un “es que mi hermano me molesta o es que no tengo tiempo ahora o es que es no es mi momento” requiere de nuestra parte que no hagamos lo mismo respondiendo con un “es que no puedo con él o es que no quiere o es que el pobre lo está pasando fatal”.
Reprochar, justificar o protegerlo convierte sus excusas en un hábito nocivo para la salud mental. Cito una frase que he leído, “las excusas arrinconan al cerebro en el sótano del miedo y le ponen cadenas al cambio”. Si no confrontamos a nuestros hijos las excusas les va a costar salir de su zona de confort, limitando su crecimiento y la responsabilidad con su vida. Se van a dedicar a decir “manzanas traigo”, típica respuesta de escape, cada vez que le pidamos explicaciones por su falta de compromiso.
Los hijos en vez de asumir sus obligaciones se entrenan en el esqueísmo, un tipo de escapismo con grado alto de profesionalidad, que practican al día respondiendo más a justificaciones subjetivas que a razones objetivas. Porque los “es que…” les impiden buscar soluciones porque están centrados en excusar lo que no hacen.
Como decía el célebre escritor francés Stendhal, quien se excusa, se acusa; porque es un autoengaño para salvaguardar la propia autoestima. Si tu hijo tiene el hábito de excusarse no lo veas como una simple conducta de pereza o acto de rebeldía, porque detrás de esa postergación o procrastinación puede haber una necesidad de defenderse para no mostrar sus debilidades o errores.
Los padres nos tenemos que convertir en TEDAX, Técnico Especialista en Desactivación de Artefactos Explosivos para neutralizar, desactivar e intervenir en las bombas de las indecisiones, inmadurez, inseguridades o miedos de nuestros hijos.
Si tu hijo en lugar de ocuparse de sí mismo recurre a la excusa para protegerse, no se lo permitas. Si te dice que no ha tenido tiempo, que no se ha acordado, que es difícil, que lo hará después, que no puede hacerlo solo o que hacerlo es una tontería, ¡desactiva esa bomba! confrontando sus dificultades y sus miedos, ayudándolo a planificarse, enseñándole a solucionar problemas para que tome mejores decisiones.

