Cuarenta años, más o menos, entendiéndonos
Más de cuarenta en realidad, si arrancamos en la Constitución de 1978. Unas cuantas décadas ya en las que ha habido de todo: gobiernos de centro que hicieron un buen trabajo para a continuación volar por los aires, un intento de golpe de Estado. Gobiernos de izquierdas que realizaron una importante aportación a la modernización de España, y que terminaron con muchos problemas. Ayer mismo fallecía Luis Roldán y a buen entendedor pocas palabras bastan. Gobiernos de derecha o centro-derecha que impulsaron la economía y que fruto de muchas circunstancias, fechas, alguna foto y desgracia, incidencias y prácticas poco ejemplares, dieron paso a otros gobiernos de izquierda, o de algo parecido a la izquierda, problemas con las altas instituciones del Estado, y así sucesivamente hasta hace poco, un par de años.
Pero, dentro de la impronta de cada uno, pues creo yo que ningún ciudadano veía tornarse líquidos conceptos como la unidad nacional, el prestigio internacional de España, la idea de que los gobernantes, los políticos, iban a lo suyo, pero no eran exacta y exclusivamente los principales actores del problema.
La gente normal pasaba malas rachas, las cíclicas crisis de la economía española. Pero por lo menos mientras las estaba pasando canutas no le inyectaban temas de identidad de género, matematicas desde una óptica inclusiva, o le quitaban el apellido de Española, a la Armada más antigua del mundo, o tocando fibras sensibles en las creencias, o en edificios que son del pasado y están en un Valle. No creo que sea necesario ser exhaustivo en el elenco de temas pintorescos que han ido surgiendo.
No nos equivoquemos. No se trata de seguir profundizando (transversal, diagonal, inclusiva binaria, o como sea ) en la pluralidad de la sociedad española. Esa ya la conocemos desde la batalla de los comuneros en Villalar (1521) y no nos ha ido nada mal. Se trata de lo contrario, exactamente de lo opuesto.
Es preciso realizar un esfuerzo que nos recupere como país, patria, nación, y Estado. Se trata, para empezar, de que los que nos dirigen no parezca que vienen de Marte. Se trata como mínimo de que hayan conocido de primera mano los problemas comunes, normales, de los españoles. Se trata de haber trabajado, de haberse esforzado, de sentir nuestro país, de no tener reservas sobre el respeto a nuestra bandera y a nuestras señas de identidad.
Creo sinceramente que se ha producido un divorcio traumático entre los que nos dirigen y los socios y aliados de los que nos dirigen y una parte, una parte muy grande, de la sociedad española. Y otro día hablamos de cómo lo están pasando nuestros compatriotas con rentas modestas.
Y, en fin, eso: han hecho que ya no nos entendamos. Después de 40 años.





















