
El Silencio
Oye, hijo mío, el silencio.
Es un silencio ondulado,
un silencio,
donde resbalan valles y ecos
y que inclina las frentes
hacia el suelo.
Federico García Lorca
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Camino de Víznar a Alfacar, Granada, 18 de agosto de 1936.
Lorca fue traicionado por alguien que sabía donde se encontraba, los soldados vinieron, lo aproximaron a un descampado y allí fue fusilado junto a otras personas inocentes.
Su cuerpo fue arrojado en una fosa común, condenadas por culpa de la guerra, un hueco excavado en el corazón de nuestra historia, un silencio que puede tener dos sentidos, uno lleno de paz y tranquilidad que nos llevan a poder reflexionar y otro es de un sentimiento de abandono y de olvido adentrándonos a un estado total de vacío.
Cuesta encajar el duro y devastador mensaje que está dando Rusia al mundo ante una de las mayores crisis de la historia desde la Segunda Guerra Mundial y si miramos para otro lado también contemplamos el espectáculo de mezquindad.
Más allá de las “consignas y frases hechas” pues con la paz uno se compromete, pero haciendo cosas.
El caso Ivan Napylnikov es uno de tantos que se empiezan a desvelar. Un ruso residente en España, que se rompe su silencio tratando de ayudar a los refugiados que huyen de la guerra y que se encuentra actualmente en la frontera entre Ucrania y Polonia. Una tarea nada fácil porque su familia y amigos pertenecen a ambos bandos. Según comentó Ivan, “En estos momentos muchos de ellos están dando la espalda a la tragedia”, en Rusia, según argumenta, “evitan saber las malas noticias y mucha gente prefiere mirar hacia otro lado".
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De la guerra se aprende a observar lo mejor y lo peor de la naturaleza humana, independientemente de que tipo de país o estado pertenezca. Me ha cautivado la noticia de este hombre, la historia de Ivan y en especial de quienes arriesgan la vida para salvar a otras personas.
En estos lugares se aprende a reconocer a todo tipo de héroes, aquellos que apartan el ego y que tienen la voluntad de hacer algo extraordinario, capaz de calmar de silencios ese llanto apocalíptico de la nueva era.
Es lamentable tener que escribir ahora sobre este comienzo, el de una ya inminente Tercera Guerra Mundial. Jamás lo habría imaginado, aunque llevamos siendo testigos durante años de los conflictos armados como Siria, Camerún, Yemen, Sahel, etc. Una parte que debe ser también revisada con atención.
Todos estamos siendo testigos directos de una generación de niños que está creciendo marcada por el horror, de los cuales algunos no logran entender lo que ocurre en este nuevo mundo. Algún día habrá que rendir cuentas a esos protagonistas, los que han sometido y esclavizado por su ansia de mantener el control, de la situación del mundo, a las personas que gritan desde un silencio y maniatados.
La diferencia es que unos y otros, reflejan una mirada interior capaz de dar forma a un mundo exterior con propuestas diferentes ante la desesperación.
Ivan Napylnikov es un ejemplo de la humanidad a la que un ser se somete y no teme las consecuencias, rompiendo su silencio y actuando con una sabiduría clara. Pero en esta historia hay muchos como Ivan que se desconocen y que siguen ocultos.
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Mis palabras escritas solo ayudarán a saber reconocer instantáneas de este capítulo histórico. Muchas otras personas que ahora yacen bajo tierra, enterrados en fosas comunes por acciones afiladas por el ego y que quieren demostrar una vez más el reverso más negativo del ser humano.
Dedicado a quienes inclinan las frentes hacia el suelo, como García Lorca, que desde su alegre boca expiró un silencio, un mudo recuerdo de barro y de sangre.

