El tren de mercancías, el gran olvidado
Cuando se habla del tren de mercancías nos viene la imagen de un convoy desvencijado, viejo y lento, algo de otra época lejana. Sin embargo, potencialmente es un moderno medio de transportar todo tipo de productos a unos precios competitivos si hubiera un compromiso político por impulsarlo como lo han hecho la mayoría de los países europeos; o, por lo menos, los más desarrollados.
Ninguno de los gobiernos de España en los últimos 20 años ha hecho algo para potenciar el tren de mercancías, cuando ya en 2001 la UE estableció la importancia de revitalizar este medio de transporte y se marcó como objetivo llegar a 2010 con una cuota de mercado del 35%. Nuestro país queda tan lejos, no en 2010, sino actualmente, que sólo el 4% del movimiento de mercancías se hace por tren, casi 14 puntos por debajo de la media europea, por lo que nos situamos en el puesto 26 de los 28 países comunitarios. Países como Suiza, mucho más pequeño y con una orografía más accidentada que la de España, ostentan en torno al 48% de la cuota de mercado. Entre 2007 y 2013 la administración comunitaria asignó 28.000 millones de euros al ferrocarril y el 95% de lo destinado a España se invirtió en las líneas de alta velocidad.
Es verdad que es un problema muy complejo, pues hay que adaptar la red ferroviaria con importantes inversiones, mejorar el tráfico para que sea más rápido, reducir los altos cánones por su utilización que cobra Adif, acabar con la diferencia de ancho de vías con los países europeos que enlentecen las comunicaciones, unificar las distintas dimensiones máximas de los convoyes, ampliar las escasas plataformas ferroviarias que acceden a grandes y medianas empresas y a los puertos y optimizar el uso de la red ferroviaria, pues es una de las más infrautilizadas de Europa según el informe de la Comisión Nacional de Mercados y Competencia de 2019.
Pero también es cierto que los costes se reducen en largas distancias de una forma considerable, que es un medio mucho menos contaminante que por carretera, que descongestionaría éstas, con mucha menos accidentalidad, y que diversificaría la distribución para evitar desabastecimientos en casos de conflictividad como la última huelga del transporte.
Hasta que no ha habido una concatenación de hechos como los ocurridos con la pandemia o con la reciente huelga de transportistas que afecta a la compra de todo tipo de productos por parte de los ciudadanos no nos damos cuenta de la importancia que tiene la distribución de mercancías, no sólo en nuestro país, sino en toda Europa.






















