
Con la música del himno regional de fondo, el olor a azahar en el aire y los ritmos vibrantes de las charangas aún en los oídos… los murcianos seguimos resistiéndonos a pensar que nuestras maravillosas fiestas han finalizado.
Creo firmemente que este año ha sido único, especial y muy necesario … tras el parón epidemiológico de estos dos últimos años. Nuestra Murcia ha vuelto a renacer a ritmo de tambores y por la puerta grande, como era de esperar.
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Hace dos lunes, volvía yo a casa, con una enorme sonrisa dibujada en mi cara. Había presenciado la hermosa Procesión de Lunes Santo, estremecida por la solemnidad de nazarenos y creyentes. Entre la multitud de fieles y turistas, llegué a casa con el alma recompuesta y los bolsillos llenos de caramelos y monas de Pascua. Agradezco hoy, aquí, en esta columna de Opinión, mi opinión, a los buenos nazarenos que me dieron parte de su botín al ver mi cara de ilusión, porque comprendieron, al ver mi amplia sonrisa, que todos llevamos, a un niño dentro.
Espectaculares fueron todas las procesiones que dieron paso a unas Fiestas de Primavera llenas de sol, alegría y autenticidad.
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El Bando de la Huerta brilló más que nunca, si cabe, y engalanó la capital con sus habitantes ataviados con el atuendo tradicional. Así honramos a nuestros ancestros y a nuestra huerta.
Murcia se llenó de claveles, refajos, justillos, chalecos y zaragüelles.
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Culminando esta semana, Doña Sardina, mi querida Paloma Jaúdenes, (nueva compañera de nuestro Club Punto G -Astronómico), se lució como Doña Sardina y fue una digna pregonera del aclamado Entierro de la Sardina 2022.
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MURCIA florece en primavera, por eso, quien viene, se queda. Somos un pequeño paraíso aún sin descubrir del todo y si nuestra tierra y mares son bonitos, aún lo son más, nuestros corazones.
Allá por el siglo IV a.C., Aristóteles se planteaba una pregunta: ¿Cómo puede florecer el ser humano?
Está claro que Aristóteles no conocía Murcia ni a los murcianos. :)

