Difícil olvidarte, José María
Hace pocos días conocíamos el fallecimiento de José María Cano Vilar. Probablemente generaciones nuevas no lo hayan conocido, o tratado con la intensidad de los que tuvimos la gran suerte de contar con su amistad, su consejo, y su insuperable sentido del humor.
Su aportación a una nueva visión de los aspectos promocionales y de comercialización del producto turístico regional, allá en los 90, creo que no es puesta en duda por nadie de los que forman o han formado parte de este sector. Y su trayectoria en defensa de La Manga, como empresario y como representante asociativo, tengo para mí que concita el aplauso unánime y la aprobación de todos los que conectaron con él.
Pero José María era, además, otra cosa. O muchas más. Si en algún momento me preguntaran por el paradigma del hombre prudente, aquel que según los escolásticos entiende la prudencia como la recta ratio agibilium, este era José María. A pesar de sus crónicos dolores cervicales, atesoraba una paciencia franciscana para explicar las razones por las que debía tomarse una decisión, dado que implementaba la máxima “hay que tener razón, saber exponerla, y que te la den”.
Desde la noticia de su fallecimiento, que le sobrevino navegando, su gran pasión, cierto dolor y melancolía nos ha llegado a muchos. No te vamos a tener más para que introdujeras ese punto de fino e inteligente humor con el que deshacías el nudo gordiano de algunas cuestiones. No te vamos a tener más para que nos aconsejaras mejor día y sitio para comer el mejor pescado; no te vamos a tener más para quitarle hierro a cosas que pasaban.
Recuerdo viajes inolvidables, donde se ponía de manifiesto el axioma de que a la gente se la conoce comiendo, y viajando. Y recuerdo, y Dios quiera que me estés escuchando, el afecto, el respeto y el buen hacer que conmigo siempre tuviste.
Como se dice en los discursos, creo recoger el sentir de todos cuantos te conocieron y trataron al dedicarte estas palabras. Y como sé que te gustaría que terminara esto medio de broma, ya no vamos a saber dónde comer buen pescado, y menos si no es contigo. Por eso, precisamente por eso: Dificil olvidarte, querido José María.
Dedicado a la familia de una gran persona y un gran amigo. D. E. P.





















