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ENTRE TÚ Y YO

La música de las estrellas

Soledad Hernando Miércoles, 04 de Mayo de 2022 Tiempo de lectura:

 

En el mundo racional en el que vivimos, tendemos a pensar en las palabras ciencia y arte como categorías claramente diferenciadas, por no decir, contrapuestas. Sin embargo, si analizamos la relación que el arte y la ciencia han tenido a lo largo de la historia comprobaremos que no siempre ha sido así y que, por tanto, toda categorización es susceptible de ser modificada.

 

Pitágoras, filósofo y matemático griego del S. VI a. C., fue el primero en relacionar la música y las matemáticas. Descubrió que existía una relación entre los sonidos armónicos y los números enteros. Se le atribuye el descubrimiento de las leyes de los intervalos musicales, es decir, las relaciones aritméticas de la escala musical. Un intervalo es la distancia entre dos parámetros. En música, llamamos intervalo a la distancia que hay entre dos notas. Los pitagóricos atribuyeron a los intervalos planetarios propiedades análogas a los intervalos musicales. La idea del orden y de que las relaciones de armonía regulan incluso todo el universo, se encuentran presentes en todo el sistema pitagórico. La armonía del cuerpo y la armonía del cosmos eran vistas por igual, dentro de un sistema unificador. A esta teoría de la denominó “La armonía de las esferas”.

 

Para los griegos, la música era una de las cuatro ciencias del quadrivium: aritmética, geometría, astronomía y música. Es decir, la música era considerada una disciplina científica. Para ellos, la música representaba la unión entre el mundo idealizado de las matemáticas y el mundo físico de la experiencia, la bisagra perceptible entre la aritmética y la geometría. Gracias a la música, los griegos podían comprobar que dos cuerdas proporcionadas por números enteros sencillos generaban un sonido agradable o consonante al combinarse. Mientras que cuerdas proporcionadas por números más extraños, con decimales, o bien números irracionales propios del ámbito de la geometría, resultaban en sonoridades desagradables o disonantes. Existe un motivo físico y fisiológico para este fenómeno. Pero, sin conocerlo, los griegos concluyeron que la belleza musical debía emanar de la perfección misma de los números.

 

Kepler, matemático alemán, en su obra “La armonía del mundo” expuso su teoría de que cada planeta produce un tono musical durante su movimiento alrededor del sol. En función de la proximidad a nuestra estrella el sonido es más agudo o más grave. Así, mercurio, el planeta más próximo al sol y por tanto el de mayor frecuencia, produce un sonido más agudo y Saturno, más alejado, produciría un sonido más grave.

 

En la actualidad, la NASA, gracias a los avances tecnológicos, nos ofrece imágenes y registros sonoros del universo. Un satélite de la Nasa ha confirmado la tradición pitagórica de la música de las esferas. Se ha descubierto que la atmósfera del Sol emite realmente sonidos ultrasónicos y que interpreta una partitura formada por ondas que son aproximadamente 300 veces más graves que los tonos que pueda captar el oído humano. Por lo tanto, que no podamos escucharlos no significan que no existan. En España, la Universidad de Granada y el Instituto Andaluz de Astrofísica, han hallado que los astros emiten un continuo rumor susurrante de fondo. En 2019 los investigadores han logrado escuchar el sonido de una estrella pulsante con ayuda de fractales, que son modelos matemáticos que describen y estudian objetos y fenómenos frecuentes en la naturaleza que no se pueden explicar por las teorías clásicas.

 

Como vemos, la clasificación del saber en ciencias o letras, en diferentes asignaturas, atiende más a una especialización del docente para facilitarle la trasmisión del saber a sus alumnos que a una interpretación veraz de lo que es el mundo. El saber es uno y el uno es el todo. Lo importante no son los números, sino la relación entre los números. Lo importante no son las notas, sino la relación entre las notas. Lo importante no son las estrellas o los planetas sino la distancia y la relación entre ellos. Si hay una relación ordenada, decimos que hay armonía y si no hay orden lo denominamos caos. Pitágoras intuyó que había un orden entre las esferas y actualmente se ha demostrado que es así. ¡Hay música en las estrellas!

 

Un abrazo sonoro.

 

 

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