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ENTRE TÚ Y YO

“Como todos los grandes viajeros, yo he visto más cosas de las que recuerdo, y recuerdo más cosas de las que he visto” (Benjamin Disraeli)

Lola Iniesta Jueves, 05 de Mayo de 2022 Tiempo de lectura:

 

Después de algunas semanas de quedarnos más cerca de casa ¡esta vez nos vamos de viaje de verdad! Prepara el pasaporte, coge la maleta grande, busca el adaptador de enchufes universal y cambia euros por dólares que nos vamos a “hacer las Américas”. Y a América del Norte, vamos a entrar por la puerta grande, cómo los toreros. Nos vamos a Nueva York.

 

La primera vez que pisé “la capital del mundo” fue en el año 2001, el peor año de la historia para esta ciudad. Fue en mayo, pero podía haber sido en septiembre que era la segunda fecha que barajamos las tres amigas que fuimos. Y pudo habernos pillado allí aquella fatídica fecha del 11-S que coincidía con nuestro puente de la Romería de la Fuensanta en Murcia. Por suerte, y por esa carambola del destino, viajamos y disfrutamos de lo lindo de esta espectacular y sin igual ciudad. Entonces me quedó claro que todo el mundo debería visitar Nueva York al menos una vez en la vida.

 

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En 1674, por el tratado de Westminster, el Duque de York, recibió la ciudad de New Ámsterdam como regalo de su padre por su 18 cumpleaños, ya que había pasado de los holandeses a los ingleses. Él, un tanto egocéntrico, la rebautizó con el nombre de Nueva York. Con más de 8,5 millones de neoyorkinos en 830 km2, Nueva York es la  ciudad con más habitantes de Estados Unidos. En su centro se encuentra Manhattan, una de las islas más conocidas del mundo, que significa “isla de las colinas” y que se sitúa en la desembocadura del río Hudson. Se cuenta que fue comprada en 1626 al pueblo lenape por colonos neerlandeses por 60 florines, ¡lo que equivaldría a 24 dólares estadounidenses de la época! Este distrito está considerado uno de los principales centros comerciales, financieros y culturales del mundo. Además debemos saber que en Nueva York existen otros cuatro distritos: Brooklyn, Queens, Bronx y Staten Island.

 

Su diversidad es increíble y es que en este centro neurálgico se hablan más de 800 idiomas, lo que la convierte en la ciudad más diversa lingüísticamente del mundo. Los más hablados son el inglés, el español y el chino, pero el ruso, las lenguas criollas, el hindi y el urdu les siguen muy de cerca.

 

Manhattan, la guinda del pastel, la Gran Manzana se divide en 3 áreas. De norte a sur tenemos el Downtown, al sur de las calle 14: Distrito Financiero, Little Italy, Chinatown, Soho; Midtown, entre las calles 14 y 59: Central Park, donde las calles y avenidas tienen forma de cuadrícula y es muy fácil orientarse y el Uptown, lo que queda al norte de la calle 59: Upper West Side, Upper East Side y Harlem.

 

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Se la conoce como “la ciudad de los rascacielos”, aunque no es la ciudad que más tiene. Es la segunda por detrás de Hong Kong.

 

Para hacerte una idea de su extensión y sus dimensiones, si sumásemos la longitud de todas las calles de Nueva York, ¡podríamos construir un puente que cruzara el Pacífico desde Lisboa a Buenos Aires! Es por esto que siempre recomiendo a mis clientes que hagan la excursión “Del Alto y Bajo Manhattan”, que les servirá para orientarse por esta colosal ciudad.

 

Otra excursión que no debe faltar en tu viaje es la de “Tour de Contrastes”, ya que además de Manhattan podrás conocer otros barrios muy interesantes como Harlem, el Bronx, Queens y Brooklyn. Verás esas escaleras típicas de incendios de la arquitectura neoyorkina, de hierro o acero. Admirarás los grafitis del Bronx y verás las zapatillas colgando en los cables eléctricos como símbolos de diferentes leyendas urbanas.

 

Pasarás por “el mil veces fotografiado”  Puente de Brooklyn. Si te ocurre como a mí, que al tiempo te ponen la música de “New York, New York” de Frank Sinatra, se te pondrán los pelos de punta. Te sorprenderás al descubrir el barrio judío ultra ortodoxo de Williamsburg, un microcosmos cerrado que te hará dudar durante un instante de que estés en la ciudad de los rascacielos.

 

Súbete al ferry que cruza desde Battery Park, al sur de Manhattan (Downtown) hasta Staten Island. Ese ferry emblemático al que se subió Melanie Griffith en “Armas de mujer” donde se cambiaba sus zapatillas por unos tacones. Aprovecha para admirar y fotografiar el Sky Line de Manhattan y para pasar muy cerca de La Estatua de la Libertad, a la que verás más pequeña de lo que te habías imaginado.

 

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Acércate a Ellis Island. Allí, entre 1892 y 1954 desembarcaron más de 12 millones de inmigrantes buscando hogar y una nueva vida en Nueva York. Era la puerta del Sueño Americano para todo aquel que no era deportado.

 

Si te has quedado con ganas de navegar más tiempo, todas las tardes sobre las 20.00 horas salen yates desde el muelle 21. Eso sí, deberás pasar por el hotel a cambiarte, ya que se exige un dress code más formal. Te servirán una suculenta cena y te deleitarán con música a bordo. Es una excursión muy romántica donde disfrutarás del Sky Line nocturno, sin prisa y donde podrás ver de nuevo a Lady Liberty toda iluminada.

 

Si has descansado y has amanecido con fuerza, sigue descubriendo el centro de La Gran Manzana. Imposible no subir al Empire State Building, el rascacielos más emblemático e icónico del mundo. Durante 40 años fue el más alto del mundo hasta 1971 que lo superó la torre norte del World Trade Center. Tras el 11-S en 2001, volvió a convertirse en el más alto hasta 2012 que ha sido sobrepasado por el One World Trade Center. Su altura es de 443 metros. Brillante, muy de cerca no te pierdas el Edificio Chrysler, de estilo Art Decó que compitió en altura con el Empire.

 

Pasea por Central Park. Con sus 3,41 km es el parque más grande de la ciudad. Para que te hagas una idea es más grande que el Principado de Mónaco. Si puedes, haz un tour en bicicleta. Detente en la puerta del edificio Dakota, que se hizo tristemente famoso cuando en sus puertas fue asesinado el músico John Lennon en 1980.

 

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Vayas o no con niños, acércate a la juguetería FAO Schwarz, la más antigua de Estados Unidos. Es un edificio entero lleno de juguetes, en el Rockefeller Center. Podrás bailar sobre el piano de la película “Big” de Tom Hanks. Al salir, métete en el cubo de cristal que corona la tienda de Apple. No tengas prisa, siempre está abierta, no cierra en 24 horas y puedes utilizar los dispositivos que necesites.

 

Pasea por la Quinta Avenida, por Madison Avenue, por Lexington. Hazte una foto en la puerta del Waldorf Astoria, o entra a conocer su imponente hall.  En 2001 tuve el privilegio de alojarme allí, sin duda, ventajas de ser Agente de Viajes. Pasa por la Estación Central, que has visto en cientos de películas y fotografía sus emblemáticas taquillas. Continúa hacia Broadway, y trata de ver alguno de sus musicales. Detente en Times Square, la plaza más famosa del mundo y que tomó su nombre cuando se instaló en la misma el mítico periódico The New York Times. Déjate apabullar por sus miles de luces de león, sus carteles publicitarios y su ambiente desenfadado.

 

Acércate al edificio Flatiron, conocido como “la plancha” por su forma triangular.

 

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No dejes de ir a Katz´s Delicatessen, en el Lower East Side, abierto en 1888, donde te comerás el mejor sándwich de pastrami del mundo. Además verás fotos de Meg Ryan y de Billy Crystal por todo el local, ya que allí se rodaron algunas secuencias de la película “Cuando Harry encontró a Sally”.

 

El cine ha convertido esta maravillosa ciudad en el lugar más famoso de mundo. Y estar en ella es como estar en una película. Se ruedan 250 anualmente.

 

Hay tanto por ver que será imposible verlo todo, aunque vivas en ella tres meses seguidos. Lo importante es priorizar y si el tiempo no te lo impide súbete a un helicóptero y contempla a vista de pájaro la majestuosidad de sus alturas.

 

Disfruta de sus coloridos taxis amarillos, de sus banderas americanas que ondean por doquier, de sus puestos de perritos calientes, de sus sirenas continuas, de los restaurantes delis abiertos 24 horas. Vive la ciudad. ¡Siéntela!

 

En 2001 tuve la suerte de subir a una de las Torres Gemelas junto a dos grandes amigas. Recuerdo que era tal la electricidad estática que teníamos los pelos, físicamente, de punta. En 2011 regresé junto a mi marido, mi hijo, mi hermano y mi cuñada y me impactó el hueco de esa zona que ya conocía: la Zona Cero. Era increíble, sobre todo, la capilla de San Pablo, que estando a unos metros escasos se mantuvo en pie y no sufrió ningún daño. “…Yo he visto más cosas de las que recuerdo. Y recuerdo más cosas de las que he visto…”, y la última noche antes de abandonar Nueva York, mientras disfrutábamos de Times Square, oímos mucha algarabía y pudimos leer en las noticias luminosas: “Osama Bin Laden is died”. Era el 02 de mayo de 2011. Es como si el círculo se hubiera cerrado a mi alrededor.

 

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