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ENTRE TÚ Y YO

Carlos Alcaraz - Orgullo patrio

Francisco Luis Velasco Miércoles, 11 de Mayo de 2022 Tiempo de lectura:

 

Con una acometida poderosa, mi paisano Carlos Alcaraz impulsó la bola por encima de la red una vez más y dejó en manos de Zverev una doble falta que resultó ser la victoria. Se volvió y observó con sus curiosos ojos al público que abarrotaba la Caja Mágica y como le aplaudían después de convertirse en el campeón más joven del Mutua Madrid Open tras batir a Zverev. En teoría nadie esperaba que las cosas evolucionaran de ese modo, hasta el punto de que un desconocido joven murciano de 19 años se alzara con el título. Una visión nueva y mejorada del futuro del tenis español, aunque seguro que para muchos un tanto desconcertante.

 

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La pregunta no se hizo esperar. Estamos acostumbrados a que ganen los de siempre, pero aquel joven era todo un tesoro. ¿Quién es ese chico? Había querido ganar ese torneo y lo había logrado pasando por encima de los mejores del mundo. Creía haberlo visto todo, pero ya no estaba tan seguro. Alcaraz había derrotado a Nadal, pero había encontrado en el camino a Djokovic. Ahora quería vencerlo también. Quería acabar con todos. Quería que su victoria fuese importante y tuviese sentido. Y quería hacerlo en Madrid.

 

Justo cuando la cosa comenzaba a ponerse interesante, los noticiarios nos inundan con información sobre el ignoto prodigio. Carlos Alcaraz es un chaval de 19 años de El Palmar (localidad de Murcia), nacido el 5 de mayo de 2003. Mide 1.85 y pesa 72 kilos. Según Zverev: «Es el mejor jugador del mundo ahora mismo». Cogió su primera raqueta con 3 años y admira a Rafael Nadal. Juan Carlos Ferrero apostó por él cuando se proclamó campeón de Europa sub-16, en 2018 y desde entonces son inseparables. Alcaraz entrena duro mañana y tarde para ser el mejor tenista de la historia, pero también le gusta jugar al ajedrez y al golf. Es aficionado del Real Madrid. Se considera una persona sencilla que disfruta de la vida como cualquier otro chico de su edad. Aunque no siempre lo tenga fácil un deportista de élite. En sus días libres, regresa a Murcia para estar con su familia y comerse una buena hamburguesa con sus amigos.

 

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Vaya. Ahora ya no es tan desconocido. Eso de que sea murciano tiene algo de especial para mí. Y es que supongo que, como yo, muchos habrán sentido aquello que se denomina «Orgullo patrio», pero no como un sentimiento de pertenencia a un lugar concreto o a una bandera. Eso no es lo importante. Sino más bien por el comportamiento y el ejemplo que Carlos Alcaraz supone para el conjunto de la nación española. Y el hecho de que este hito lo haya conseguido un paisano, igual que hizo Pedro Acosta (el tiburón de Mazarrón), destrozando todos los récords del motociclismo y proclamándose campeón del mundo de Moto3 el año pasado, debería ser motivo de orgullo y satisfacción.

 

Siempre nos pilla el toro. Nos tendríamos que haber dado cuenta de que algo estaba cambiando, de que una horda de jóvenes promesas sigue su camino en silencio para llegar a la cima más alta, pero nosotros nos distraemos con las nimiedades de siempre mientras ellos ascienden la colina más dura. Nunca nos habríamos fijado en ellos hasta que algo espectacular y poco común nos demuestra en qué se diferenciaban de los demás. Pasan de ser desconocidos a Dioses. Es una pena no darse cuenta antes de esas virtudes únicas. Es imperdonable no apoyar a todos esos deportistas desde que inician su carrera. Pues muchos tan preparados como Alcaraz se quedan por el camino por falta de ayudas. Se esfuman sin dejar rastro. Se mueren de ganas de demostrarles a los demás su valía, aunque al final se dan cuenta de que se trataba de un sueño, un sueño medio enmarañado.

 

Y es entonces cuando comienzo a preguntarme si toda esa plétora de políticos que están cobrando del erario público en ostentosas instituciones como el Ministerio de Cultura y Deporte, en la distintas y variadas Consejerías, Concejalías municipales y puestos varios, se dan cuenta del camino solitario y rocoso por el que ha tenido que subir Alcaraz para llegar donde está. No se preocupen demasiado porque ellos no lo están. Además, disfrutar de sus triunfos sí que disfrutan sentados en primera fila y así es como se hace política, ¿no? Si la cosa se pone de cara hay que aprovecharla. Sin embargo, lo que no puedo pasar por alto, por mucho que lo intento, es que se acerquen a hacerse la foto, que es lo normal en nuestro país. A pesar de que los logros de Alcaraz y muchos otros deportistas españoles no hayan tenido nunca el merecido apoyo de los políticos y las instituciones que en teoría los representan.

 

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