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ENTRE TÚ Y YO

Juguetes rotos

Lucio Fernández Lunes, 16 de Mayo de 2022 Tiempo de lectura:

 

8 de mayo de 2022, 18:30 h, Caja Mágica de Madrid. Es una de las fechas que quedará marcada para siempre en el mundo del deporte.

 

A esa hora Carlos Alcaraz saltaba a la pista de la Caja Mágica de Madrid para jugar la final del Mutua Madrid Open contra Alexander Zverev, actual campeón olímpico y número 3 del tenis mundial. 62 minutos después Carlos Alcaraz se hacía con el título después de endosarle al alemán un 6-3, 6-1, culminando un torneo perfecto donde había dejado en el camino nada más y nada menos que a Rafa Nadal y a Novak Djokovic.

 

Carlos Alcaraz sigue batiendo récords a sus 19 años recién cumplidos. Se convirtió en el jugador Top 20 más joven, el único que no ha perdido en primera ronda de un Grand Slam. Ha sido capaz de ganar el Torneo Conde de Godó y el Mutua Madrid Open igualando a Rafa Nadal que era el único que lo había conseguido hasta ahora. Va destrozando record tras record. Tenemos una estrella entre nosotros.

 

Ahora empieza su partido más difícil y no es alcanzar el número 1 mundial que está a su alcance. Ahora toca jugar en otras pistas: la pista de las entrevistas en televisión, la pista de las sesiones de fotos, la pista de los reportajes en revistas, la pista de la persecución de las marcas por ser su imagen, la pista de la gestión del dinero ganado, la pista de las envidias, la pista de las comparaciones. Se enfrenta a un temible rival que ya ha ganado a otros como él, se enfrenta a la fama.

 

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Naomi Osaka era una superestrella del deporte. A sus 23 años, la tenista japonesa era la deportista mejor pagada del mundo con 34,3 millones de euros entre premios y patrocinios. Ganadora de 4 títulos de Grand Slam (Abierto de Australia 2019 y 2021, y Abierto de Estados Unidos 2018 y 2020).

 

La japonesa reconoció que había sufrido largos episodios de depresión y ansiedad desde el Open de Estados Unidos de 2018, cuando consiguió su primer título de Grand Slam tras derrotar a la estadounidense Serena Williams.

 

Otro ejemplo es Michael Phelps, mejor nadador de todos los tiempos con 23 medallas olímpicas.

 

La experiencia de Osaka y Phelps muestra qué ocurre en el deporte de élite, donde parece que lo único que importa es ganar. El problema es que muchos atletas corren el riesgo de desarrollar identidades basadas únicamente en el éxito deportivo. Phelps dijo en unas declaraciones “no importa si eres el número uno en el mundo o una persona normal, cualquiera puede pasar por esto. Es real”.

 

En este entorno al que se enfrenta el murciano hay una figura que es la que va a definir su futuro. Se trata de su entrenador: Juan Carlos Ferrero. Él tiene la responsabilidad de hacer ver a Carlos que su foco debe estar en la pista, en los partidos, en la pelota. Debe hacerle entender, y seguro que así es, que todavía no ha conseguido nada. Lo tiene todo, pero ha iniciado un camino duro, largo y donde vendrán los baches.

 

Erróneamente lo comparan con Nadal y eso no le hace bien alguno. Llegar al nivel de Nadal es muy difícil, casi imposible. 21 títulos de Grand Slam y 36 Máster 1000 no es tarea menor.

 

Al igual que Toni Nadal fue la persona que forjó al Rafa actual, Juan Carlos Ferrero tiene esa dura misión. Un trabajo complicado, un trabajo en la sombra, constante, diario, desagradecido en ocasiones, en el que toca construir a Carlos Alcaraz como deportista y, lo más difícil, como persona haciéndole interiorizar valores esenciales como la seriedad, el compromiso, la valentía, el respeto, la constancia, la ética, ... Hay que moldear al talento.

 

Seguro que en las empresas tenemos más talentos como Carlos. Auténticas “bestias” con un potencial abrumador y una capacidad de trabajo espectacular.

 

Nuestra misión como líderes es realizar ese trabajo en la sombra, la tarea de educar en los valores del ser humano que permitan a nuestros colaboradores conseguir los mejores resultados y obtener la mejor versión de ellos como personas. Les estaremos ayudando no solo profesionalmente, sino personalmente.

 

El trabajo del líder es complicado, debemos ceder el protagonismo al talento que tenemos en nuestros equipos y, eso, no es fácil de asimilar. Ellos son los importantes, nosotros solo somos las personas que los guían.

 

Hagamos que el talento consiga todos los objetivos que se proponga y no permitamos que se conviertan en juguetes rotos, porque de ser así habremos fracasado como líderes y como personas.

 

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