
A falta de una solicitud formal, previa aprobación por sus respectivos parlamentos, parece que tanto Finlandia como Suecia tienen la voluntad de unirse a la OTAN. ¿Cuál es la situación de partida en ambos países?, ¿Qué consecuencias tendría su acceso a la OTAN en materia de seguridad?, ¿Cómo cambiaría el cuadro geopolítico?
Situación de partida en ambos países
Antes de entrar a valorar las posibles consecuencias de este movimiento, conviene resaltar que la situación en Finlandia es distinta a la sueca. En primer lugar, es distinta porque la decisión de unirse a la OTAN no suscita los mismos apoyos en uno y otro país. Mientras que en Finlandia alrededor del 75% de la población está a favor de entrar en la alianza atlántica, en Suecia el apoyo popular ronda el 55%. En ambos casos, la popularidad de la entrada en la alianza se ha visto impulsada por la guerra en Ucrania, que ha hecho saltar las alarmas en los países escandinavos. Además, en el partido socialdemócrata finlandés, actualmente en el poder, existe consenso al respecto, mientras que en el partido socialdemócrata sueco las posturas se encuentran más divididas entre aquellos favorables a la entrada y aquellos en contra.
Por otro lado, Finlandia se encuentra más preparada para que su candidatura sea satisfactoria, pues ya cumple con el acuerdo de gasto mínimo en defensa del 2% del PIB, además de contar con una fuerza militar en caso de guerra de 280.000 soldados y 900.000 reservistas. Es necesario señalar también los diferentes caminos que ambos países han seguido en materia de defensa desde la caída de la Unión Soviética. Mientras que en Finlandia la opción de entrar en la OTAN siempre ha estado presente y el ejército se ha reforzado desde la década de los 90, Suecia redujo su ejército y apostó por un modelo más basado en las misiones de paz internacional que en la defensa territorial, situación que cambió tras la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014. En los últimos años, Suecia ha reforzado el gasto en defensa y ha recuperado el servicio militar.
Consecuencias del acceso a la OTAN en materia de seguridad
Tanto Suecia como Finlandia ya eran socios oficiales de la alianza y han contribuido a la misma, formando parte de distintas misiones desde la década de los 90. El principal cambio es que, de pasar a ser estados miembros, les sería de aplicación el Artículo 5 del Tratado de Washington y, por consecuente, un ataque contra ellos sería considerado como un ataque contra todos los estados que conforman la alianza.
¿Cómo cambia el cuadro geopolítico?
A priori, la entrada de ambos países en la OTAN refuerza la posición de la alianza en el norte de Europa. Sin embargo, también se generan importantes riesgos.
El acceso de Suecia y Finlandia a la condición de estado miembro de la OTAN ofrece un pretexto a Putin para justificar la guerra en Ucrania. Además, Moscú amenaza con desplegar armas nucleares en Kaliningrado, enclave ruso entre Polonia y Lituania y con acceso al Vístula. No obstante, la amenaza más realista a corto plazo es un aumento de los ciberataques y violaciones puntuales del espacio aéreo.
Por tanto, pese a que la decisión de entrar en la OTAN pueda aportar un paraguas de seguridad a ambos países, también conllevará un aumento de la tensión y del nivel de alerta.
Conclusión
Echar más leña al fuego, aunque pueda resultar necesario, es arriesgado. La reacción de Putin, que ve cómo la guerra en Ucrania se alarga, su economía se debilita y sus objetivos geoestratégicos se alejan, es del todo imprevisible. Las potencias occidentales deben evitar poner a Rusia en una situación de acorralamiento, pues, si Putin no tiene nada que ofrecer a sus ciudadanos, la guerra en Ucrania se alargará, y no es descartable que el líder ruso opte por una huida hacia adelante mediante una escalada del conflicto. La perspectiva de una guerra a escala global es real y se debe evitar a toda costa. Será necesario una buena gestión del tiempo y del mensaje que se lanza.


