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Opinión |
Viernes, 31 de Agosto de 2012

Es el crecimiento ¡estúpidos!

Personas supuestamente serias nos dicen persistentemente que nuestra desventura es el déficit, y que los mercados nos desbastaran hasta que no equilibremos las cuentas públicas. Lo han repetido tanto, que ya piden intervención y fondos, para un rescate “sin límites”, porque no saben lo que puede haber todavía oculto en las cuentas públicas de todas las Administraciones, y no se fían ni de amigos ni de contrarios, por ello piden ahora sin remilgos, que nos ayuden sin límites. A los receptores de estos mensajes, no se les reconoce por reaccionar por solidaridad, ni por defender un proyecto político, más bien, tienen un problema financiero, quieren cobrar, y por supuesto garantizar el pago. El Financial Times dedica una columna de opinión a España, (20-8-2012) con duras críticas a la política del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, al que insta a actuar “rápido” y a emprender un “plan radical para España”.

Por otro lado, sabemos que sólo con ingresos públicos, se podrán devolver los vencimientos de la deuda, aunque los recortes efectuados hasta ahora, han resultado más bien un destrozo del propio sistema, observamos como el inicio del derrumbe del estado de bienestar, está paralizando la vida de la sociedad, anulando iniciativas, y poniendo en peligro el equilibrio social. El aumento de la presión fiscal, y las deficientes medidas en la lucha contra el fraude, pueden neutralizar el esfuerzo realizado por los ciudadanos cumplidores, con aquellos que siguen situados fuera del esfuerzo colectivo.

Ingresar más en las cajas públicas, también es gestionar mejor los recursos, porque subir los impuestos y tasas alocadamente, nos conduce a distorsionar nuestro débil sistema de consumo, sin embargo, eliminar partidas de los gastos públicos que no hacen daño, salvo a los privilegios políticos, es hasta bueno. Estamos en la hora de advertir que si no se toman medidas ejemplarizantes, las instituciones no se comprenden en los momentos críticos que vivimos, porque o son un apoyo al ciudadano, o se miran como una carga.

Nos encontramos en el momento de la reconstrucción, la sociedad está temerosa, porque sin haber hecho nada, sin enterarse, se ha visto de pronto envuelta en lo que algunos han calificado estratégicamente como la “tormenta perfecta”, pero que analizada fríamente, tiene más de ajuste de cuentas entre asaltantes de la confianza ciudadana. Porque hacían lo que la tendencia del consumo pedía, y compraban más gasolina para hacer el fuego más potente. Han actuado como pirómanos de las instituciones y del bienestar. Y por no hacer nada, por seguir la maldita tendencia, nos vemos en la miseria.

Llevamos sin salir de este desastre más de cinco años con un espectacular fracaso de las políticas de austeridad en la neoliberal UE, y debemos por tanto acudir a otras fuentes del conocimiento, encontrar ideas fuerza y proyectos que fueron los pilares para resurgir en otros momentos críticos, las ideas de Keynes son una fuente de experimentación, y la primera es recordar, que los recortes drásticamente del gasto en la economía, cuando está deprimida, la deprime todavía más. Así que ya es hora de iniciar un rechazo generalizado, no hacer más caso, no asumir como una maldición, que tenemos que adelgazar, porque los ciudadanos no hemos probado de esa comida los excesos de ningún plato, el menú fue solamente para disfrute del selectivo 1% de los que nos gobiernan desde la economía financiera.

Es hora de hacer caso omiso de los supuestos hombres sabios, que con apariencia de prudencia, se han apropiado del debate político y nos gobiernan a ritmo de Decreto-Ley, sometiendo al Parlamento a un transitorio “estado de excepción”. El déficit, se ha convertido en el tema de conversación, y de la prima de riesgo, hablan con naturalidad los jornaleros del campo, y sus reclamaciones llenan las plazas de los pueblos, porque a día de hoy, se le considera como una plaga más, de las que corroen por donde pasa. Pero las plagas se combaten, y esta por ser una plaga envolvente, es más toxica, y en ciertas partes de la geografía se hace irrespirable. Por los medios informativos observamos sus efectos.

Escuchamos voces sensatas reclamando otras políticas, se precisa que el dinero llegue a todos los rincones de nuestra economía, porque en paro y protestando por habernos intoxicados con las preferentes del sistema, no se resuelven nuestros problemas. Las soluciones hay que buscarlas sin enfrentamientos, con menos soberbia de los políticos y sin abusar del poder, que igual que se consigue se pierde, y centremos todos los esfuerzos en el crecimiento y en el empleo, porque si permitimos ser perseguidos por la maldición del déficit, caeremos en las garras del integrismo fiscal, y lo tenemos muy claro, nuestra solución no es el déficit, es el crecimiento ¡estúpidos! Y no queremos pagar doble por mantener la estupidez de los que profesan esa clase de integrismo, cuya obsesión nos está haciendo mucho daño, y lo peor es pagar dos veces, por asumir una política de ¡pendejos!


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