
Un brioche, una aldea y una reina son los protagonistas de la “Mirada felina”, mirada viajera y curiosa que hoy será un poco más dulce. En casa la repostería es algo muy serio, todas las celebraciones van acompañadas de una tarta o un bizcocho con los que vas construyendo tus recuerdos. Los sabores de la infancia no se olvidan nunca y, además, tienen la habilidad de transportarnos hasta los momentos más felices de nuestra vida. Gracias a ellos también conectamos con nuestros antepasados como es el caso del kugelhopf o gugelhopf. Este brioche o pan dulce se comía con frecuencia en casa cuando era pequeña. Mi madre lo elaboraba indistintamente con pasas o chocolate. El secreto está en el molde que no puede ser más elegante. Su origen está en Centroeuropa.
![[Img #90809]](https://murciaeconomia.com/upload/images/05_2022/1305_1.jpg)
Este precioso dulce parece ser que lo introdujo en Francia la reina María Antonieta, esposa de Luis XVI, nacida archiduquesa de Austria e hija de la emperatriz María Teresa, mujer de Estado cuya correspondencia quincenal con su hija es clave para comprender el carácter atolondrado, frívolo y poco reflexivo de la reina de Francia que adoraba los dulces. Otras voces dicen que la procedencia de este pastel está en Alsacia, y que se hizo a imitación del turbante de los Reyes Magos. Gugel en alemán antiguo es capucha. En Alsacia es un pan dulce típico de las celebraciones navideñas. En casa era un bizcocho de desayuno o merienda que se comía todo el año, se hacía sin remojar las pasas en alcohol y con levadura química, de haber usado la de panadero se hubiera quedado tipo brioche. Y, por supuesto, es gugelhopf con “g” como en Basilea.
Mucho se ha escrito sobre María Antonieta, hay películas y una estupenda biografía de Stefan Zweig, para quien la reina fue una mujer “mediocre”, ni buena ni mala, ni lista ni tonta, que de no ser por su trágico final hubiera pasado desapercibida como tantas otras reinas. Uno de sus caprichos nada más ascender al trono fue el de trasladarse al Petit Trianon, donde crearía su propio “reino” al margen de Versalles, que estaba muy cerca. Ese edificio de estilo neoclásico fue pensado como una maison de plaisir para las amantes de Luis XV, madame Pompadour y madame Dubarry. María Antonieta se reunía en el Petit Trianón con sus amigos que no eran los nobles tradicionales. Eran nuevas amistades como la condesa de Polignac o un conde sueco de quienes se dijo que fueron sus favoritos. Sea como fuere, el único que no participaba de esos entretenimientos sin fin era Luis XVI. Parece que se aburría bastante en las fêtes galantes tan propias del espíritu rococó en las que no había sitio para el tedio. Madame Déficit, como la apodaron, mandó construir un teatro, modificar los jardines y levantar templetes en las colinas que rodeaban al Petit Trianon.
![[Img #90810]](https://murciaeconomia.com/upload/images/05_2022/871_2.jpg)
María Antonieta por Vigée-Lebrun 1783
Pero, realmente de la vida de María Antonieta lo que siempre me ha llamado la atención es ese excéntrico y pintoresco poblado que mandó hacer entre 1783-5 junto al Petit Trianon y que incluía doce casas rústicas finamente decoradas en su interior. Allí se hacía pasar por granjera. Le gustaba sentarse sobre el césped acompañada de corderitos con lazos azules, era su hameau o aldea. Había ocho granjas con praderas trabajadas por campesinos y labradores. “Una vaquera con vacas auténticas, terneros, cerdos, corderos y ovejas, auténticos segadores, cosechadores y pastores, cazadores, lavanderas y queseros, para que sieguen y laven y abonen y ordeñen, para que el teatro de marionetas siga en constante movimiento” escribe Zweig. Un molino, un arroyo artificial y un estanque donde se pescaba completaban la bucólica estampa para entretenimiento de María Antonieta y su corte de amigos malcriados. La reina emuló la vuelta a la naturaleza que pregonaba Rousseau en su Nueva Eloísa, aunque es poco probable que supiera algo de su existencia, ni de la Ilustración, ni de las protestas de los agricultores que se sucedían en Francia por los elevados impuestos. Se dice que no leyó un libro en su vida, ¡la suya era una fiesta!
![[Img #90811]](https://murciaeconomia.com/upload/images/05_2022/3831_3.jpg)
Molino en la aldea de María Antonieta
Con un rey flojo y falto de carácter y una reina ausente, Versalles se convirtió en un pueblo, en un lugar al que los nobles militares, príncipes y duques no querían ir ya que María Antonieta les había dado claramente la espalda. Ellos hicieron lo propio cuando el Antiguo Régimen llegó a su fin. Sabían que tenía su propio juguete con el que divertirse al que llamaban petite Vienne o petit Schönbrunn. Stefan Zweig sostiene que, si María Antonieta se hubiera quedado en Versalles con la corte, o hubiera intentado acercarse democráticamente al pueblo, los parisinos y los franceses la hubieran idolatrado. Ella vivía para sí misma. A raíz de la Revolución los tres estamentos propios del feudalismo, aristocracia, clero y campesinos, dieron paso a una nueva sociedad capitaneada por la burguesía. Burguesía que sí que disfrutaría del dulce con el que he comenzado este escrito.
Una frase atribuida erróneamente a la reina ante la escasez de comida del pueblo fue: “Si no tienen pan, que coman pasteles”. Muchos de los rumores que corrían por Versalles sobre María Antonieta eran fruto de las intrigas cortesanas. Su aldea queda como recuerdo de una época que no volverá jamás, de un estilo de vida absolutamente disparatado y superficial incluso para una reina. El pan dulce o brioche llamado kugelhopf, lo introdujera o no María Antonieta en Francia y que debió comer con toda seguridad, pertenece ya a la historia de la repostería que tanto disfrutamos hoy. Y es que las recetas tienen su propio árbol genealógico. En mi caso, el gugelhopf tiene nombres y apellidos burgueses, los de mi madre y los de todas mis antepasadas. He aquí mi pequeño guiño a su cultura de la que soy heredera y…catadora. ¡Vive le gugelhopf!

