
La noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, las camisas pardas nazis (las SA), ayudadas por una importante cantidad de ciudadanos civiles, organizaron el asalto de numerosos comercios judíos a lo largo de toda Alemania y Austria. Fue uno de los episodios más violentos del III Reich. Al menos 91 judíos fueron asesinados y más de 30.000 fueron arrestados y posteriormente deportados ante la indiferencia del pueblo alemán. Estos pogromos fueron habituales durante los años previos a la Segunda Guerra Mundial en Alemania. Las autoridades nazis los utilizaban para testear el pulso de los ciudadanos alemanes y comprobar hasta qué punto el pueblo estaba preparado para apoyar, aceptar, o al menos tolerar acciones de mayor contundencia contra los judíos.
El gobierno nazi quería comprobar si este tipo de actuaciones entraban dentro de la ventana de Overton. La ventana de Overton es aquel rango de políticas que los ciudadanos consideran aceptables en un momento y un lugar dados. No basta con la voluntad de los políticos para poder aplicar una determinada política pública, es necesario que esta entre dentro de lo aceptado por la población. De lo contrario, el político que ha apoyado una determinada política pública fuera de la ventana de Overton perderá popularidad, y dicha política será eliminada por la persona que lo sustituya.
El indulto a María Sevilla, madre condenada por secuestrar a sus hijos, que fueron encontrados sin escolarizar, con problemas de salud tanto física como mental y encerrados en una tétrica casa de campo en la que la madre los aislaba de la sociedad, mujer a la que la ministra de igualdad Irene Montero se refiere como “una madre protectora”, demuestra que los esfuerzos llevados a cabo por el Ministerio de igualdad, por gran parte de los medios de comunicación y por un sinfín de organizaciones financiadas con dinero público por ensanchar la ventana de Overton han dado sus frutos. Indultar a una criminal, restituirle la patria potestad y poner en peligro a unos niños forma parte ahora de lo tolerable por la sociedad.
Han sido años de esfuerzos y de pequeños pasos hasta llegar a donde hemos llegado. Lo primero fue la discriminación positiva, es decir, lograr que la población acepte que se discrimine por razón de sexo a fin de lograr “la igualdad efectiva” entre hombres y mujeres. Vamos, lograr la igualdad a través de la desigualdad. Algo que se lleva haciendo ya más de una década en España. Después vino la creación de un Ministerio de igualdad, que básicamente se encarga de asegurar que la ventana de Overton se abre lo suficiente como para que la sociedad acepte todo tipo de políticas delirantes y discriminatorias. Seguido, vinieron los agravantes de género, los juicios públicos paralelos, el adoctrinamiento en las aulas y un largo sinfín de despropósitos. Lo último ha sido indultar a criminales, pero la historia continúa.
Soy consciente de que probablemente escribo este artículo desde fuera de la ventana de Overton, ya que ahora lo inaceptable es criticar este tipo de despropósitos. Sé el riesgo que corro al hacerlo. Pero creo que ya es suficiente. Se han traspasado los límites y es responsabilidad de todos revelarse ante las innumerables violaciones de derechos e injusticias que se vienen produciendo en España desde hace más de una década en nombre de la igualdad. Es hora de empezar a cerrar de una vez la persiana que cubre la Ventana de Overton.

