
Esta semana expondré un tema, para mí, muy interesante, tanto, que forma parte de mi segunda Tesis Doctoral en bioquímica y neurociencia: el consumo de azúcar. En los últimos 40 años hemos pasado de un consumo de 40 gramos al día hasta los 200 de hoy en día.
Esto es el factor de riesgo más importante a nivel mundial según la OMS, protagonista de obesidad, diabetes, grasa visceral, etc.
El mercado y las tendencias apuntan a un aumento de la cantidad de calidad de salud, intentando mitigar el consumo de azúcar o cambiándolo por un azúcar menos perjudicial…. O eso nos dicen.
- “Póngame un café con leche, pero con azúcar moreno, por favor”
Es una petición muy extendida en nuestra sociedad.
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Cada vez en más establecimientos se encuentran estos dos productos. El azúcar blanco es “más malo” que el azúcar moreno.
La concienciación social es latente en este aspecto, por eso hay demanda, mucha demanda; el azúcar moreno es menos refinado, por lo que está sujeto a menos “procesamiento”. Tiene más propiedades saludables que el blanco o refinado, como una mayor cantidad de vitamina B, por ejemplo.
¿Esto es cierto? Sí.
¿Cuánto es de cierto? Muy poco. No hay datos exactos, ya que en las diferentes fuentes de información en las que he investigado para la elaboración este artículo, en las fuentes fiables, hay oscilación de cantidades de esta vitamina B, convirtiéndose en una variable de confusión, si queremos cuantificar; el más “generoso” un 10%; el menos un 4%. ¿Nos quedamos con la mitad? Un 7% de diferencia de esta vitamina, sin olvidar, por supuesto, que el azúcar refinado es un producto, además de adictivo, muy dañino para nuestra salud, disparando los picos glucémicos, fomentando la obesidad y diabetes, por eso lo pedimos “moreno”.
Pero ¿Qué es el “azúcar moreno que nos dan en los restaurantes o compramos en super mercados?
El azúcar moreno de consumo comercial es el mismo que el blanco, sólo que, tintado con melaza, siendo éste el mismo que el blanquilla, sólo que un 400% más caro.
Si lo vemos de cerca, veremos la misma estructura, a excepción del color, porque el sabor y textura son exactamente iguales, con la variable del tinte de melaza, que es lo que lo distingue sensiblemente. Dependiendo de las marcas, puede contener más concentración de azúcar si cabe, que el blanquilla.
El precio de un kilo de azúcar blanco oscila entre 60 y 80 céntimos de euro. El de un kilo de azúcar moreno oscila entre 1,90 y los 4 euros, pudiendo llegar hasta los 8 euros, si el envase es elegante y bonito.
Hay empresas que incluso lo indican en su etiqueta, pero no es lo más habitual.
Lo indique o no, ha de saber, mi querido lector que el producto es prácticamente el mismo, sólo que mucho más caro.
Otra cosa es ya el azúcar integral, el azúcar de caña, que es el que es mucho más sano, aunque prohibitivamente caro y en realidad bastante insípido, además de poco comercial; es mucho más rentable este enfoque.
Por curiosidad, la próxima vez que en el super mercado vaya en búsqueda de “azúcar moreno” lea la información nutricional, podrá comprobar que el azúcar moreno lleva, melaza, jarabe de X, o algunos ingredientes que suelen terminar en “ina” o en “osa”; el azúcar puede llegar a tener hasta 50 nombres distintos, siendo lo mismo, diferenciándose exclusivamente por su concentración.
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