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ENTRE TÚ Y YO

Hipócritas: Caras que encubren la verdad

Francisco Luis Velasco Miércoles, 08 de Junio de 2022 Tiempo de lectura:

 

Aunque en cierto modo se sigue identificando a una persona hipócrita como aquella que tiene una cara pública y otra privada, el uso de diferentes máscaras según la situación, hace que la conexión para desenmascararla sea ahora más tenue. Encontrar provecho conectado al oportunismo en todas partes es su modo de vida. Y la verdad es que llevan tiempo pretendiendo ser lo que no son, recibiendo una aprobación social que no merecen o ubicándose injustamente por encima de los demás.

 

La relación con este tipo de personas falsas por naturaleza suele ser compleja porque nunca podemos estar seguros de lo que piensan o sienten en realidad. El estándar de doble moral de estas personas les hace aplicar un doble rasero a la hora de juzgarse, aunque sí aplican uno muy duro al contrario. Es aquello de ver la paja en el ojo ajeno... Es más, la urgencia y la alerta deben estar presentes, pues es probable que, como a Pinocho en sus días más oscuros, tampoco tengan reparos en manipularnos para conseguir lo que pretenden. No reside virtud en la persona hipócrita, desde luego no con la sinceridad, la justicia, la comprensión o la solidaridad.

 

La hipocresía es una constante social, un vicio general y se define como «fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan». Es la fragilidad entre lo que se dice y lo que se hace, o entre lo que se piensa y siente y lo que finalmente se exterioriza. Es una forma de actuar escondiendo las verdaderas ambiciones, pensamientos y emociones para adaptarse al entorno y sacar provecho. Esa duplicidad moral los lleva a citar continuamente motivos irreprochables, cuando en realidad no obran según esas reglas morales. Hablan de ayudar al prójimo, pero miran hacia otro lado al ver a un pobre. Ensalzan valores como la fidelidad y la importancia de decir la verdad, pero luego son infieles a su pareja y mienten descaradamente.

 

El mundo es un continuo conflicto vital entre intereses, propios y ajenos. No siempre es posible hacerlos coincidir. Para resolver ese trance sin renunciar a lo que somos, hemos desarrollado diferentes estrategias asertivas que permiten conjugar dichos intereses. Sin embargo, hay personas que prefieren ocultar lo que piensan. Personas que recurren a la hipocresía como estrategia para lograr sus metas.

 

¿Cómo desenmascarar a una persona hipócrita?

 

1. Siempre están dispuestas a castigar a los demás. Les encanta apuntar con el dedo acusatorio contra alguien, humillarlo o descalificarlo públicamente. Usan esa estrategia para centrar la atención en los supuestos errores, debilidades o deficiencias del otro y que nadie se dé cuenta de su propia hipocresía.

 

2. Desprenden un aura de superioridad moral. Las personas hipócritas suelen estar a medio camino entre el narcisismo y la superioridad intelectual. A menudo cuando nos relacionamos con ellas nos sentimos inferiores, o no suficientemente buenos.

 

3. Las normas no están hechas para las personas hipócritas, se aplican a los demás. Gracias a su sentido innato del derecho y la moral, creen estar por encima de la ley.

 

4. Nunca tienen la culpa. Las personas hipócritas no reconocen sus errores, aunque sean muy evidentes. Nunca se disculpan ni admiten su responsabilidad, sino que recurren a excusas rápidas, creíbles y algunas muy elaboradas. Para ellas, las circunstancias siempre mandan y deben ser tenidas como atenuante.

 

5. Dicen una cosa, hacen otra. Esta podría ser la característica más representativa de las personas hipócritas. Sus acciones casi nunca coinciden con lo que dicen ni con sus valores reales. Su principal motivación es quedar bien ante los demás. Aunque también pueden entrar en juego factores como la debilidad moral del hipócrita o la falta de autocontrol.

 

¿Por qué hay tanta gente hipócrita?

 

Seguro que conoces a más de una. Y también es probable que te preguntes cómo es posible que no se den cuenta de la diferencia entre lo que dicen y lo que hacen. La explicación a este fenómeno se resume en el término «autocomplejidad». Las personas hipócritas tienden a percibirse desde una perspectiva muy limitada, por ejemplo, a través de los roles que desempeñan en la vida, de manera que piensan que son una magnífica «madre amorosa» o «padre ejemplar y equitativo» o una «directiva de éxito». Al tener una definición de sí mismos tan limitada hace que sean más inestables psicológicamente y les impide lidiar con las contradicciones propias de la complejidad de la personalidad y el entorno. Por eso estas personas dicen una cosa y hacen otra. Mienten, pues sus comentarios proceden exclusivamente de una representación de esa identidad simple que intentan mantener inmune y completamente separada del «yo» que actúa en otras circunstancias. Un ejemplo típico, los políticos.

 

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