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ENTRE TÚ Y YO

El comercio: víctima de los políticos

Armando Rodríguez Ocaña Miércoles, 08 de Junio de 2022 Tiempo de lectura:

 

Las sociedades son fruto de siglos de evolución donde elementos económicos, religiosos, climáticos, costumbristas, idiomáticos, etc., configuran un modelo que impregna a cada una de una personalidad propia a la que llamamos cultura. No es el resultado de un diseño programado por una élite ni establecido por quién detenta el poder en cada momento.

 

El comercio ha sido desde hace milenios una actividad que no sólo ha permitido el intercambio de productos y de servicios, sino que ha sido determinante para la transmisión de las ideas y para configurar el carácter de muchas culturas.

 

La política ha actuado sobre la actividad comercial porque era determinante para la marcha económica de los Estados y también para regular las relaciones entre sus operadores.

 

Pero como suele ocurrir con excesiva frecuencia, la actuación política viene cargada y confundida con el concepto de autoridad, que no legitima el conocimiento sino la fuerza coercitiva para imponer los criterios y el terreno de juego de la actividad.

 

Los comerciantes, como todos los ciudadanos, votan a sus representantes políticos para que administren y regulen las relaciones sociales de conformidad con la cultura y el estilo de vida que hemos construido desde tiempo inmemorial pero no en contra de él. Son nuestros empleados y les pagamos para cumplir una misión, no para crear realidades para las que no tienen la preparación ni el conocimiento acreditado. Y sobre todo les pagamos para que sean la correa de transmisión de las necesidades de un sector de actividad que representa y genera el 13 % de la riqueza de nuestro país. Y además los comerciantes tienen problemas que no dependen de una ideología sino de criterios de eficacia y operatividad, salvo que la ideología trate de eliminar el libre mercado y colectivizar a la sociedad.

 

Echamos de menos que los responsables políticos del comercio y de la economía escuchen y comprendan la realidad del mismo, y si no lo hacen, al menos que cumplan las demandas de los comerciantes, que aunque voten a todos tipo de partidos, sienten mayoritaria e inequívocamente las mismas necesidades y carencias.

 

Lamentablemente por el hecho de tener una responsabilidad política no se adquiere la condición de especialista del sector que ha tocado gestionar, ni mucho menos de ideólogo o intelectual. Forma parte de la esencia humana la duda y la incertidumbre y pasamos toda la vida luchando contra nosotros mismos y nuestra falta de certezas absolutas y nuestros errores; y esa es la esencia del intelectual, la lucha consigo mismo. Sin embargo y con brillantes excepciones, la mayoría de políticos son fanáticos, no dudan, están en paz con ellos mismos y tratan de convencernos de la verdad que es la suya. Y solo los fanáticos luchan contra los demás y son persuasivos y prosélitas, es decir, los que nunca han pensado nada por si tratan de convencer a los demás de casi todo, incluso de lo que necesita el comercio.

 

El comercio español está carente de datos de la actividad, de apoyo presupuestario, de un plan estratégico y de una idea o modelo de sociedad que responda a nuestra cultura y forma de vida. Se siguen las modas importadas de modelos que no nos representan, se está abandonando al comercio de proximidad por formatos más “cool” que nos están deshumanizando y cambiando nuestras ciudades, su seguridad, su ambiente y su personalidad. Convendría que los políticos manifestaran cuál es el su modelo ideal, y sobre todo que sepan que son compatibles los distintos formatos si se tiene claro a dónde vamos y qué papel debe representar cada uno.

 

Y me permito un apunte histórico para la reflexión: los heterodoxos son un valor, no un estorbo. En España era característico, no que la Inquisición quemara heterodoxos, sino que no había muchos heterodoxos a los que quemar, y si había alguno importante como Miguel Servet se iba fuera para ser quemado. Conviene que nuestros políticos no disculpen su inercia mental con su Inquisición.

 

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