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Laura Vaquer Alcaraz, Alejandro Ángel Bayón del Río y Marianna Battista
Servicio oftalmología Hospital Veterinario UMU
Antiguamente, se contemplaba que la lágrima estaba formada por tres capas. La capa más externa es la lipídica, y es la encargada de reducir la velocidad de evaporación de la capa acuosa subyacente, además de lubricar los párpados y permitir el correcto deslizamiento de los mismos a través de la superficie ocular. La capa intermedia es la porción acuosa, cuyo papel principal es inmunológico y nutricional favoreciendo, a su vez, la eliminación de restos de partículas. La capa más interna es la porción mucosa, la cual permite la correcta adhesión de la lágrima al epitelio corneal. Actualmente, se considera que la película lagrimal está formada por dos capas: la capa lipídica y la capa mixta, la cual engloba la capa acuosa y mucosa.
La queratoconjuntivitis seca (QCS) es una enfermedad ocular que se da con bastante asiduidad en nuestros animales de compañía, ocasionando malestar y pérdida de agudeza visual en los mismos. Consiste en una disminución en la producción de alguna de las capas que componen la película lagrimal. Así pues, hablaremos de QCS cuantitativa cuando haya un déficit en la producción de la capa acuosa lacrimal. De lo contrario, hablaremos de QCS cualitativa cuando se trate de un déficit en la producción de la capa mucosa y/o lipídica.
Entre los signos clínicos más característicos destacan la secreción mucosa/mucopurulenta, el ojo rojo y la pérdida de la transparencia corneal, como consecuencia de la desecación e inflamación crónica de la superficie ocular. Además, puede predisponer al padecimiento de otras alteraciones como, por ejemplo, úlceras corneales e infecciones recidivantes.
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Existe cierta predisposición en las razas como King Cavalier, West Highland White Terrier, Shih Tzu, Bulldog Francés, Cocker Spaniel, Pekinés, Yorkshire Terrier y Dogo Alemán, entre otras.
Para el diagnóstico podemos emplear métodos clínicos cuantitativos, aquellos que estudian la cantidad lacrimal, y métodos cualitativos, aquellos que buscan conocer la calidad lacrimal. Dentro del primer grupo, destaca el Test de Schirmer, caracterizado por ser sencillo, rápido y de bajo coste. Mediante esta prueba se estima el índice de formación de lágrima midiendo el grado de humedecimiento de una tira de papel filtro de tamaño estándar. La presencia de sintomatología clínica y valores inferiores a 15 mm/min, son indicativos de déficit de producción lagrimal.
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En cuanto a los métodos cualitativos, destacan el tiempo de ruptura de la película lagrimal, la biopsia conjuntival, la meibometría, la meibografía, la interferometría, y el estudio de la osmolaridad y el pH de la lágrima.
En cuanto al tratamiento, es de gran utilidad el uso de inmunosupresores como la Ciclosporina A. Este fármaco tiene un efecto neuroendocrino sobre la glándula lagrimal, actuando como agente lacrimogénico e incrementando la secreción lagrimal de manera fisiológica. Otro agente inmunosupresor es el Tacrolimus, caracterizado por presentar una acción antiinflamatoria más potente. Cabe destacar que estos tratamientos se deben mantener de manera crónica.
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También está indicado el uso de lágrimas artificiales, pues aportarán lubricación e hidratación a la superficie ocular. Existen diferentes colirios y geles que incluyen humectantes (carbómeros, polivinilpirrolidona, ácido hialurónico) para mejorar la adherencia lagrimal a la córnea; retardadores de la evaporación (metilcelulosa) y preservantes (lanolina, vaselina).

