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ENTRE TÚ Y YO

La extraordinaria mujer que sabía demasiado

Francisco Luis Velasco Miércoles, 22 de Junio de 2022 Tiempo de lectura:

 

En esta sección cabe de todo, así que me he decidido por escribir un relato corto.

 

Hoy os traigo una historia corriente, que termina por ser excepcional. Porque cruza la frontera de lo que normalmente es aceptado. He decidido escribirla por las emociones de aquel que me la contó y que me embargaron y porque en este caso, es una historia real. Espero que disfrutéis de su lectura.

 

—¡Más fuerte, apriétame más fuerte, venga! ¡Sin miedo!

 

Esa mujer experimentada que montaba a horcajadas sobre las caderas de aquel hombre era insaciable y quería más: su media cabellera se movía como una veleta al viento en su rostro, y sus pechos, que a pesar de haber sido madre permanecían erguidos, pedían a gritos hambrientos que su acompañante los apretase con mucha fuerza entre sus manos para acrecentar el placer. Pero sobre todo quería que le apretase el cuello, con fuerza, con mucha fuerza, aquello le producía un placer intenso.

 

—¡Eres increíble! —gritó él, en un esfuerzo por satisfacerla en todos los placeres que ella quisiera. Se habían conocido en el trabajo y era la cuarta vez que hacían el amor de forma desenfrenada, y ya había pasado la vergüenza de guardarse las intimidades más inconfesables y no desperdiciar el momento. Tan solo disponían de un corto espacio de tiempo entre la hora del almuerzo y la esperada desazón por vivir el emocionante momento prohibido empezaba a latir cada vez con más fuerza en sus ojos.

 

Ella se corrió varias veces seguidas debido a su facilidad especial para hacerlo una vez tras otra, aquel pene ingresó hasta los más profundo de su ser y ella lo notó como nunca otro en su vida, y él no tardó en seguirla, en un orgasmo rápido pues no era hombre de aguantar demasiado y se vio de repente subiéndose los pantalones y pidiéndole a ella que se vistiera.

 

Para él no fue más que un polvo con una más que quiere experimentar cosas nuevas, a pesar de suponer una traición a su pareja que evidentemente ella nunca confesaría. Era una escena casi cómica, advirtió él, y de hecho le pareció que ella era de esas que cuando cata un miembro de los que merece la pena, no lo suelta a menos que le corten las manos. Ni siquiera se fijó él en las curvas de su esbelto cuerpo y de su sexo rasurado que resultaba tan excitante como erótico, pero a ella le perdía, cómo no, algo más. ¿Había luchado por quedar liberada de multitud de ataduras y esa era la razón por la que pensaba que quizá con este tuviera más que una aventura pasajera?, se preguntó, mientras llegaban al parking y ella se separaba de él, volviéndose cada uno hacia el otro extremo para no despertar sospechas. Incorporándose, él procedió como si nada, y de pronto se dio cuenta, con una repentina andanada de pánico, que ni siquiera sabía su nombre completo. ¿Viviana? ¿Elena? ¿Yolanda? Una cosa si está clara, era de las que le gusta disfrutar del sexo con un hombre que dé la talla, no necesitaba saber más. Unos ojos marrones, una cara amigable y una predisposición a lo que sucediera que él había encontrado terriblemente atractiva. Se habían conocido poco antes cuando ella trabajaba de cuidadora en una escuela infantil, y ya ella le había obsequiado con una fotografía desnuda con el baby del colegio puesto que, para más inri, también envió a su pareja sin venir a cuento, haciendo creer que la había hecho para él. Luego él se enteró que ambos empezaron a trabajar juntos en el mismo centro y que ella hablaba de su amante constantemente, pero de ese modo que las mujeres fingen no tener interés y critican al susodicho, cuando en realidad lo hacen porque no pueden dejar de hacerlo, de hablar de él, pues es él, el que ocupa ahora su mente y su corazón... El amante la ayudó además a buscar un trabajo por las tardes, demasiados favores para alguien que te cae tan mal... Y la cosa fue a peor cuando ella dejó de tener interés sexual por su pareja. Mala señal. Demasiadas luces rojas. Además, cuando uno está acostumbrado a un cuerpo y hay otro que lo trajina interiormente, se nota, sobre todo si las tallas difieren.

 

Ella se había caracterizado siempre por negar la más clara evidencia, la mujer había intentado convencer a su pareja, que, al principio de su relación, el año y medio que estuvo manteniendo una relación secreta con un médico no era culpa de ella, era culpa de él. Aquel creciente cinismo le embargó, y eso había sido motivo suficiente para terminar con ella. Pues cuando una mujer le pone los cuernos a un hombre durante un año y seis meses, es porque el susodicho le ofrece algo que su pareja no le da (o es una furcia sin escrúpulos), preguntarse qué sería lo que le daba aquel mancebo para que durante ese año y medio no soltara prenda, disimulando cual actriz de Oscar, le dijera que era el hombre de su vida, le repitiera cuanto le quería, formaran una familia juntos, planes de futuro, es una incógnita, pero apuesto a que la teoría del miembro bien dotado no es desacertada (como es el caso que hoy no ocupa).

 

Aun así, él se casó con ella, porque ella juró que nunca volvería a hacerlo, pero la que hace un cesto hace cientos y era factible que se repitiese la historia en cuanto ella viera la oportunidad y el individuo idóneo. Y esa oportunidad había llegado. De momento solos eran aventuras esporádicas, pues el mancebo se trabaja a unas cuantas y había que repartir su tiempo. Era demasiado engorroso llevarlo a casa; pero quizá pasara en alguna ocasión, hay mujeres para una cosa y mujeres para otra, así es como funciona ella, o como siempre ha funcionado. No suelta una rama hasta tener bien agarrada la otra. Por si las moscas. El marido tenía la remota sensación de que había hecho planes para pasar el resto de su vida junto a ella, aunque una mentira tras otra, pequeñas y sutiles pero capaces de despertar aquello que quedó olvidado; él se fue dando cuenta de que nunca cambiaría.

 

Ahora solo el tiempo dará y quitará razones; ser afortunados o estar en el abismo eterno, posicionados en el mismo lugar que al inicio. El corazón del marido latió con más fuerza al pensar en ello. Los últimos coletazos de una traición caen con efusión y reflejan el tumulto que el corazón de quien ama a su mujer siente, y que una vez más tan estúpidamente se había vuelto a situar en el ojo del huracán. Ella, sin embargo, solo espera que llegara su opción más favorable.

 

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