Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

ENTRE TÚ Y YO

Mayorescencia

Ángeles Hernández-Gil Viernes, 24 de Junio de 2022 Tiempo de lectura:

 

Empieza un tiempo de invenciones, una prolongación donde toca precisamente un cambio en la larga rutina del curso; reinventarse, encontrar nuevas sensaciones más acordes con la estación estival, para escapar y refugiarse: desde una buena sombrilla, una cómoda silla y una sencilla nevera en bonito día de playa para disfrutar en el agua y caminar por la arena, hasta un lugar en el campo, donde apreciar los efectos de la naturaleza. Nuestra tierra casi obliga a estos derroches familiares, necesarios cuando se busca un espacio para olvidar lo que nos preocupa, detener, liberar, darles salida a esos pensamientos adheridos, de la forma en que podemos hacerlo.

 

        En estas fechas nos concentramos en algo diferente como un logro en sí mismo. Recursos paralelos que hemos utilizado por la inercia del día a día, encontrando en el camino lugares para soñar (que no suene cursi), y adentrarnos en el mundo y sus consecuencias. Comprometernos (por qué no) en todo lo que hacemos no es una singularidad de ningún grupo humano, es un derecho que tiene toda persona responsable. No importa la edad, ni los recursos económicos, el código genético nos identifica y nos integra en una civilización que nos pertenece, que nos empuja a estar al día de lo que ocurre: sufrir, llorar y alegrarnos cada vez que haga falta, sin desfallecer.

 

        Porque el avance, el ritmo que nos impulsa, es de todos. El deseo de vivir la juventud para siempre, esperar planes que hagan alargar la vida, como anuncian los más arriesgados, nunca lo llegaremos a conocer. El mundo es de los jóvenes, está claro. Ellos tienen la energía y la capacidad de tomar las riendas del futuro. Aun así, un tropel de vitalidad proviene de los mayores que todavía se sienten con derecho a una identidad saludable y provechosa. Sí. Es verdad que cuesta estar al día. Es difícil encontrar esa parcela que todos añoramos para sentirnos bien, seguros, útiles; saber estar ahí en los cambios que se han introducido de manera tajante, sin concesiones de ningún tipo. Un batallón que introduce un nuevo comportamiento y una manera de interpretar la vida.   

 

        Los mayores nos hemos adaptado, hemos incorporado una madurez y una experiencia que son características de una generación que todavía está activa, frente a este dominio absoluto de civilización que promueve la juventud, como elixir para una vida que se exhibe sin prejuicios, ante la otra generación que preparó las bases para que estos jóvenes pudieran hacerlo. Las diferencias son evidentes. Pero más que enmarcarlas prefiero encontrar cualidades que se complementen. Los mayores ya no se comportan como cuando eran jóvenes. Es verdad que al vivir más años y tener una calidad de vida muy aceptable aparecen unas necesidades para este grupo humano que se apartan de la vida sedentaria a la que estaban abocados. Necesitan darse cuenta de que el mundo no se aleja de ellos. Que hay vida más allá de ese universo al que cuesta ponerle nombre, porque no existe como lugar concreto, pero sí como espacio de convivencia activa.

 

        Sin lugar a dudas la palabra mayorescencia está en este momento muy de moda; define la unión de la madurez con la esencia de las cosas. En la Europa de la década de los años 50 no había jóvenes. La guerra y las necesidades de trabajo hicieron adultos a los chicos en una sociedad que estaba obligada a poner en marcha la economía con la ayuda de todos. Los niños al terminar la escuela entraban en el mundo del trabajo ayudando a la familia en el ingreso doméstico. Los baby boomers nacidos en esos años de guerra y posguerra empezaron a destacar en una rebeldía que se traducía en el peinado, los chicos; la minifalda y los primeros pantalones, las chicas. También en una música que les era propia, única, con grupos fantásticos que dieron paso al rock, el twist, el pop, como asentando las normas para una modernidad que tenía que aparecer después de tanta penuria y desencanto.

 

        Ahora empiezan otra vez a rebelarse de otra manera para dar a entender que siguen en activo; continuamos en la brecha donde la edad cronológica no se corresponde con la edad que socialmente se exige para identificarse con las necesidades que nos atañen.

 

Si tenemos unos objetivos claros, podemos establecer qué es importante y qué no. Ahí está la clave de la relación del joven con el viejo en la maravillosa novela de Hemingway “El viejo y el mar”. Una historia que refleja el vínculo de unión y amistad, entre un viejo pescador y un joven, en la lucha por la supervivencia, en la que los dos se ayudan para sobrevivir en un mundo hostil.

 

          ¡¡Nos volvemos a encontrar la semana que viene!!      

 

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.