Perón gustaba
Desde luego hay que tener valor para colocar en Córdoba, a 40 grados, la solicitud de que se vote en nombre de los represaliados franquistas, y que ese sea el mensaje clave, la idea fuerza con la que la vicepresidenta Yolanda Díaz estimuló la participación electoral en un determinado sentido, dirigida a un colectivo que debió quedarse muerto.
Empleo el término participación electoral en un determinado sentido por simple economía del lenguaje, porque es hoy el día en que un servidor no alcanza a comprender en qué sentido, espacio o propuesta política se mueve nuestra vicepresidenta, más alla de un repertorio adecuadamente seleccionado de sonrisas, un palé de empatía complementado, como remate, con la prescindible incorporación a aquello que no entiende nadie de Iñigo Errejón, lo que finalmente permite, y permitió que el tema ofreciera la máxima confusión posible.
Llevar hasta el extremo perimetral, o lo que es lo mismo al ridículo, las reflexiones politicas por carecer de solidez ideológica, puede jugar malas pasadas. Porque al final esto de Franco, los represaliados, etc., la gente normal, y me creo que casi todos los que estuvieron en el celebrado mitin, se lo tomarían a cachondeo. Pero también puede ocurrir que no, que careciendo de más portfolio argumental, y acudiendo a otro mitin o comparecencia, a algún iluminado de esa formación o espacio se le vaya el 'bernal', como decimos por aquí, y queriendo ser disruptivo y/o innovador respecto a sus jefes y la parroquia saque a colación, directamente… a Juan Domingo Perón.
Como casi ha ocurrido.
Presentarse en la sala de prensa del Consejo de Ministros para sostener, al hilo de publicitar un paquete de medidas anti crisis, que el Gobierno es incómodo para los circulos del poder –incluirá ahí al IBEX-, a los poderes mediáticos, y a ciertas instancias poderosas, pues es la reproduccción en holograma de los discursos de Perón, de Evita, y de todos sus sucesores, o más exactamente fideicomisarios, cuando ya no es técnicamente posible salir del bucle.
Sinceramente, no se trata de que no seamos conscientes de las dificultades atravesadas y las presentes (pandemia, crisis energética, guerra, inflacion...). Se trata de que se percibe una epidemia de desconfianza hacia la cúpula del Gobierno. Y no hay vacuna. Y aún queda tiempo para mostrar electoralmente este síndrome.
Y, lo peor de todo...
A la peña le gustaba Perón. Y aquí no es el caso.






















