
Dentro de muy poco se aprobará y publicará en el BOE la nueva Ley de StartUps en España. Lo cierto es que no está levantando demasiada expectación cuando, en realidad, hay muchas personas, emprendedores y empresas de este tipo en todos los rincones de nuestro país. Otras leyes de ámbito tecnológico como la de Comunicación Audiovisual, la de Ciberseguridad o la de Ciencia e Innovación han generado mucha más expectación. Yo creo que es porque los iguales se agrupan. Esto es ley de vida y va unido a la propia naturaleza del ser humano. Y así, dentro del grupo, la suma no es lineal, sino progresiva y se adquiere mayor fuerza y representación. Es algo a lo que estamos acostumbrados.
Sin embargo, los emprendedores se agrupan menos. Mucho menos. Más bien se juntan en foros. En esos encuentros en lo que se reconoce a los mejores y se intercambian las experiencias. Y el caso es que me sigue resultando singular. Lo normal es que la gente se agrupe. Las empresas se agrupan por actividad en patronales y fundaciones. Los estudiantes se agrupan en asociaciones y los egresados de grados y máster universitarios, también lo hacen. Se agrupan las pymes y los oficios. Se agrupan los cantantes y los artistas. También los deportistas y los amantes de la gastronomía. Y entonces resulta paradójico que un emprendedor, que tiene que enfrentarse a sus miedos para conseguir lo que está al otro lado de ese abismo profesional, decida hacerlo sólo. Mérito tiene, desde luego. Y por eso me siento feliz al escribir sobre ellos. Quiero entender que la fuerza la adquieren al saber que existe una posibilidad entre varias, de que ese salto al vacío se convierta en un vuelo apasionante. Y luego, el tiempo dirá. Es la vida misma. Así de complejo y así de bonito.
Yo, más bien, soy partidario de salir de los laboratorios y de los despachos para ir a buscar piezas de ese puzzle que cada uno quiere configurar en un momento de su vida. Cuantas más piezas consigamos, más opciones tendremos de ir rellenando ese cuadro. Un reto, al fin y al cabo.
Y es que, cada quince días que tengo el privilegio de sentarme a escribir estas líneas para MurciaEconomía, me alegra comprobar que siempre hay alguna empresa amiga que ya ha escalado, fruto de años de sacrificios y de apuesta personal.
Para algunas, es una subida importante. Para otras, coronar su primera cumbre. Un puzzle completado. A partir de ahí, les tocará mostrar el éxito alcanzado y a por otro puzzle. Un puzzle mayor y más bonito. Pero con una diferencia, el abismo ahora ya es un pequeño valle. Y, por tanto, el temor y el miedo se minimizan. Es un puente entre dos montañas, construido a base de esfuerzo y talento. Y yo, créanme, cada vez veo más puentes tendidos en este mundo de las StartUps. En este ecosistema de los emprendedores. Y por muchos lugares de España. Gracias a todos ellos por tanto esfuerzo. Les debemos mucho. Que siga así.

