
Desde que empezó esta sección de EDUCAR en tiempos revueltos hemos dedicado la totalidad de artículos a la formación, tanto en sentido estricto como en el sentido amplio. Hoy vamos a hacer una pequeña excepción y, aunque también se va a mencionar la importancia de la formación hoy el protagonismo va destinado a nuestras queridas e imprescindibles FUERZAS ARMADAS ESPAÑOLAS. Y para ello nadie mejor que mi buen amigo militar Jesús García que es el verdadero autor de este artículo. ¡Muchas gracias mi Coronel!
En 2022 y según los datos publicados por la OTAN, nuestro país destinará a Defensa aproximadamente el 1% del PIB, esto es, algo más de 13.000 millones de euros. No obstante, los presupuestos generales del estado para 2022 prevén un gasto del 0,8% del PIB, lo cual supera escasamente los 10.000 millones de euros.
En cualquier caso, ambas cifras están muy alejadas del 2% comprometido en la Cumbre de Cardiff de 2014, lo que supondría duplicar la actual inversión en Defensa.
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Es obvio que los recientes acontecimientos bélicos con motivo de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, han activado todas las alarmas en el mundo occidental, de manera que países como EEUU o Inglaterra, cuya inversión en Defensa propia y por ende en la de los países integrantes de la OTAN es exageradamente mayor, están exigiendo que sus aliados alcancen los objetivos pactados en aras de conseguir un aumento del poder militar del bloque occidental.
España, cuyos vaivenes políticos son por todos conocidos y cuyo color político del momento es crucial a la hora de mostrarse pro-OTAN o anti-OTAN, no tiene -a pesar de las presiones de los poderosos- posibilidades netas de alcanzar el objetivo del 2% del PIB en gasto en Defensa hasta 2029. En este punto es importante destacar que el gasto en defensa español ha experimentado durante estos años y desde 2014, un ligero y progresivo aumento presupuesto tras presupuesto, sin ser mayor o menor en función del color del gobierno de turno.
Una vez analizadas las cifras y escuchadas las exigencias que se supone han aflorado en la cumbre celebrada en Madrid durante esta semana, cabría hacerse algunas reflexiones a corto-medio plazo sobre las inversiones futuras, caso de llevarse a cabo (parece necesario e irreversible) este incremento presupuestario.
La primera de ellas, que pudiera parecer la menos importante, es la necesidad de afrontar una renovación y remodelación de las infraestructuras. Nuestras edificaciones militares, muchas de ellas históricas, necesitan urgentemente una puesta al día, no solo por el bienestar de los que las habitan, también en algunos casos por la conservación de monumentos históricos que a su vez forman parte del patrimonio nacional. En este bloque con un 5% de la inversión total sería más que suficiente para al menos sobrevivir.
La segunda, que es precisamente la que más inversión tendría sin lugar a dudas, es la modernización y actualización de aeronaves, buques, carros de combate y equipos en general. No cabe duda que el programa S-80 que Navantia comenzó hace unos años para la Armada y que, a pesar de los retrasos tanta expectativa provoca, está a punto de ver la luz definitiva con la entrega en los próximos meses del “Isaac Peral” S-81. A este submarino le seguirán en esta década 3 más al menos, lo que provocará que la Armada tenga un arma submarina totalmente actualizada, dotada de los equipos más modernos y valiosos de su clase. De igual forma el programa F-110 dotará a la Armada de las fragatas más vanguardistas del panorama naval mundial.
Recientemente también se han adquirido aviones de combate Eurofighter por un coste superior a los 2.000 millones de euros, que entrarán en funcionamiento a partir de 2026, así como los nuevos carros de combate que aumentan las capacidades operativas del Ejército de Tierra, por poner algunos ejemplos.
Y la tercera reflexión obligatoria tiene su derivada en la tan ansiada como necesaria inversión en políticas de personal. Muchos de los miembros de las Fuerzas Armadas, en torno a los 125.000 efectivos, llevan años preguntándose ¿qué hay de lo mío? Si comenzamos hablando de los salarios que perciben, los militares españoles ingresan, en líneas generales, justo la mitad que la media de lo que perciben el resto de militares de la OTAN. Esto sin duda tiene una incidencia directa en la moral de la “tropa”, que como todo el mundo sabe no tiene derecho al pataleo, aunque las asociaciones militares, con poca trayectoria ya que se crearon en la década anterior, hacen un trabajo encomiable reivindicando todo tipo de derechos, la mayor parte de ellos desatendidos.
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Pero sería totalmente injusto con los militares si se dijera que esta es su principal reivindicación, ya que ha sido demostrado en infinidad de ocasiones que el militar español tiene verdadera vocación de servicio a España y su principal preocupación es cumplir con su misión de salvaguardar la Constitución, el mantenimiento y defensa de nuestras fronteras y cumplir con creces con lo que se espera de ellos en las misiones internacionales en las que participan.
En este sentido cabe preguntarse en qué va a influir el incremento del presupuesto de defensa en su personal.
Con la entrada en vigor del Real Decreto 35/2010, por el que se aprueba el Reglamento de ingreso y promoción y de ordenación de la enseñanza de formación en las Fuerzas Armadas, los Oficiales de las Fuerzas Armadas están obligados a estar en posesión de un Grado Universitario, de tal forma que si no se ingresa con la titulación previa están obligados a cursar un Grado en Ingeniería en las Academias Militares (Mecánica u Organización Industrial, dependiendo del ejército en el que se ingrese). De igual modo, los Suboficiales deben estar en posesión de la titulación de Técnico de Grado Superior, bien ingresando con el título obtenido en el sistema general de enseñanza o cursándolo en la academia en la que ingrese.
Pero la gran asignatura pendiente del sistema es la Tropa y Marinería. La titulación exigida para acceder a esta Escala es la de Graduado en E.S.O., con una permanencia que en ningún caso puede superar los 45 años de edad. Es cierto que desde su ingreso hasta esta edad tienen la posibilidad de promocionar siempre y cuando cuenten con las titulaciones que se les exigen (Bachiller o equivalente / Técnico de Grado Superior para ingreso por promoción interna en Suboficiales; EBAU / Grado Universitario para acceder a Oficiales; Grado Medio para optar a Permanente). Pero ¿qué inversión extra se realiza para que este grupo humano, base principal de las FAS, obtenga la formación necesaria (teniendo en cuenta que la exigencia de ingreso es la ESO) para poder promocionar y convertirse en militar de carrera?
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Desde que entró en vigor el R.D. citado, en la formación de oficiales y suboficiales está claro, si al ingresar no tienes la titulación las FAS te forman para que la obtengas, pero en Tropa y Marinería no es así. Esto nos lleva a que la asignatura pendiente, como queda explicado, es invertir en formación para este colectivo, de manera que quien al ingresar no esté en posesión del título de Técnico de Grado Medio se pongan los medios para que lo obtenga sin rodeos, sin inventar nada porque en Enseñanza ya está todo más que inventado. Es necesario invertir en Tropa y Marinería, no solo para que sea más competitiva, sino también para que si al cumplir la fatídica edad de 45 años, por elección personal o porque no le ha sido posible no ha promocionado, se reincorporen a la vida laboral con la titulación necesaria.
Veremos si ese supuesto incremento en el presupuesto de Defensa salpica por fin a este colectivo mejorando su formación y su calidad de vida, y si de paso equiparan algo los salarios a la media de la OTAN pues mejor que mejor.
Después de estas palabras, poco más que añadir más allá de ¡VIVAN NUESTRAS FUERZAS ARMADAS! ¡VIVA LA MADRE QUE OS PARIÓ! Y, por supuesto, ¡VIVA ESPAÑA!

