
“Me reconforta la idea de hacer volar a través de la poderosa imaginación hacia la nueva tierra”.
F. Ritsmong
En la historia moderna y clásica, la simbología del Dragón pervive en el imaginario, pues se citan estos seres fantásticos y mágicos que constituyen uno de los elementos más relevantes del universo en la mitología.
Este poderoso monstruo casi invencible viene siendo representado en las múltiples apariciones de la cultura y la ficción, ya lo hicieron tanto en la mitología oriental como la occidental y tanto artistas del pasado como escritores contemporáneos han dado testimonial reflejo de la presencia de este ser.
No solo de elementos tradicionales se basa el ideal de este maravilloso animal, sino también de otros innovadores. Muy recientemente me he cruzado con Fuego azul, un libro escrito en 1922 que he podido descubrir de un modo misterioso y proveniente del fin del mundo, el autor nada conocido, Frederick Ritsmong de origen incierto.
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La historia viene a contarnos como algunos de los pueblos alejados del valle del Sitd, en Kritönian, se comunica con sus únicos aliados, los cuatro dragones de Sitd, unos seres fantásticos de Siete metros de longitud, con sus innumerables escamas y un magnético y electrizante cabello, se han dedicado a vigilar desde milenios los cielos ocupando el lugar de protectores de esta tierra y ofreciendo una seguridad para tranquilidad de los aldeanos. Su poder proviene del principio del cielo, la tierra y el agua, una poderosa energía cuyo origen es aún desconocido.
Cuando el dragón percibe la sensación de peligro, su fuego adquiere un color azul, una clase de llama suave y luminosa. Algunos aldeanos de la zona, buscan deseosos esta cualidad sagrada; muy pocos han podido experimentar tocar esta llama y dicen que su temperatura es gélida, fría como el hielo. Todo aquel que ha podido tocarlo adquiere un poder especial de sanción y de un sinfín de diversas cualidades y variantes. Un poder invulnerable ante cualquier ataque.
Estos dragones tienen su refugio en la zona oeste de las montañas altas, justo sobre una gran roca sostenida entre las dos columnas. Unas geo formaciones de trescientos metros de altura, las bases Rotnik y cuyo significado implica la muerte y el nacimiento.
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En cada una de ellas existe aún el miedo y el amor, así lo afirma el autor, pues desde la herida de los tiempos, esas formaciones se están desintegrando y es el miedo la que está provocando tal desaparición, sin ese refugio, sin esa energía azul, el dragón no podrá alimentarse y permanecer por más tiempo. Ha de mantener su poder y como pronto provocará la extinción de la especie.
Me he dado cuenta como necesitamos buscar ese fuego azul en nosotros para sentirnos sanados y seguros, hoy he visto como están siendo atacadas las bases de la integridad moral y la libertad en nuestro mundo de ficción, el poder del amor y el poder del miedo están quedando balanceados por momentos y sostenidos con hilos de seda.
Ese miedo es el factor que causa toda destrucción, pero, ¿puede ese amor darnos un sustento aún más poderoso? Retomando sobre la idea, que todo se basa en la simbología. Cualquier aldeano que con valentía lograba penetrar las montañas de la oscuridad, acabará aceptando las consecuencias de ese viaje en el encuentro a un inicio, un mapa nuevo que les conducirá al camino hacia el poder y esa seguridad infranqueable.
Las historias contribuyen a encontrar una fantasía que implique alcanzar nuevos horizontes. Aquella fuerza azul que subyace de este quimérico ser, tan fuerte y contemplativo, puede emanar de nuestra poderosa imaginación para transmutarla en la ficción, porque es así que desde los cielos podré contemplar la tierra herida hacia la grandeza de un nuevo vuelo.

