
Vivimos en un mundo ruidoso, lleno de sonidos confusos inarticulados que nos aturden. Sin embargo, del ruido exterior podemos huir evitando el lugar o incluso poniéndonos cascos. Pero, ¿qué hacemos con el ruido que está en nuestro interior?
La mente es una herramienta funcional como lo son las piernas, los brazos o cualquiera de nuestros órganos. El problema es que el ser humano ha identificado la mente con el ser y creemos que somos lo que pensamos. Hemos ubicado el yo en el pensamiento y vivimos atrapados en ese lugar que es la mente sin darnos cuenta de que somos prisioneros de nuestro propio ruido mental.
El ruido mental es un diálogo interno y constante del que con frecuencia no somos conscientes. Esta abrumadora cantidad de pensamientos desordenados, repetitivos y sin funcionalidad interfieren en nuestra calidad de vida ya que distraen nuestra atención y generan mucha ansiedad. Los especialistas afirman que tenemos en torno a 70.000 pensamientos al día. Son una interferencia que nos resta energía para funcionar en el día a día.
El origen del ruido mental es una respuesta adaptativa a un entorno exigente y demandante que nos coloca en el hacer y nos desconecta del ser. Si nos identificamos con nuestra mente corremos el peligro de que el caballo gobierne al jinete, y no al revés. Tomar distancia, posicionarnos en observadores de nuestro pensamiento nos permitirá distinguir entre el acto de pensar y la persona pensante. Podremos así discriminar quienes somos de lo que pensamos.
Lo que pensamos está contaminado por la cultura en la que hemos nacido. Nuestros pensamientos se han elaborado con las frases que hemos escuchado desde niños. Hemos recibido introyectos que, si no revisamos, van a interferir en nuestra vida hasta el punto de no poner nuestra vida en primera persona.
Actualmente cada vez más terapias incluyen la meditación en sus tratamientos. Sin embargo, es conveniente aclarar que meditar no tiene por qué consistir en estar parado y en silencio. Contrariamente, cuando una persona está estresada encuentra mucha dificultad en calmar su ruido interior. La misma exigencia de tener que poner la mente en blanco le provoca mayor ansiedad. Meditar es acallar el ruido interno paseando, contemplando un paisaje, respirando el aroma de una flor, disfrutando de los colores de un cuadro o escuchando música. También bailar es meditar. Se puede meditar en movimiento dejando que el cuerpo se mueva libremente permitiendo que fluya un movimiento espontáneo. No hay recetas generales, cada persona debe y puede encontrar su manera de meditar. Manera que puede cambiar según el momento personal.
Debemos diferenciar el ruido mental de los acúfenos. Los acúfenos, también llamados tinnitus, son pitidos en el oído producidos por una alteración en el sistema nervioso. La percepción del zumbido puede producirse en los oídos o en cualquier parte de la cabeza sin que exista ningún estímulo externo que lo produzca. Un tratamiento médico y psicológico combinado es actualmente la mejor solución. Un equipo multidisciplinar formado por otorrinos, audioprotésicos y psicólogos es la mejor vía para lograr paliar estos zumbidos tan molestos que merman la calidad de vida del paciente llegando a alterar sus ciclos de sueño y sus rutinas diarias.
Practicar la atención plena nos ancla en el presente porque nos conecta con nuestra respiración y la respiración solo ocurre aquí y ahora. La atención plena evita mirar con nostalgia y arrepentimiento hacia un pasado que no se puede cambiar y evita a su vez mirar hacia un futuro incierto que no se puede controlar.
El silencio no tiene por qué ser el antónimo ni el antídoto del ruido mental.
El antónimo y el antídoto del ruido mental es el orden mental.
Soledad Hernando Mendívil es coordinadora del grupo de trabajo de Arteterapia del Colegio Oficial de Psicología de la Región de Murcia

