
Centrado en la alimentación, curiosidades, mitos e investigación, con la finalidad de informarle a usted, mi querido lector, seguiré para este artículo revelándole verdades como templos que raramente le pasará por la cabeza o siquiera se habrá planteado.
Hoy toca tema referente a los alérgenos. En todos los bares y restaurantes entre otro tipo de establecimientos vemos, por imperativo legal, información más o menos clara de 14 alérgenos, que son los legalmente tipificados.
Todos lo tenemos claro: un alérgeno es un producto que hace una reacción negativa en nuestro cuerpo, pudiendo tener como consecuencia el cierre de vías respiratorias, entre otras. También existe otro concepto más suave conocido como 'intolerancia alimentaria', que no es exactamente algo que nos pueda provocar una reacción tan brusca como el alérgeno, pero causa molestias, y si no se corrigen puede dar lugar a patologías o alergias.
Cada vez hay más alergias y de lo más variopintas y más alérgicos también. ¿A qué se debe? A lo que comemos, a lo que nos venden y al impacto medioambiental empobrecido por empresas con el fin de encontrar caminos a la reducción de costes para mantener sus ventas y por desgracia normalmente, a costa de la salud del consumidor.
La tendencia al alza del número de alergias y alérgicos viene dada por la cantidad de sustancias que se usan para fabricar alimentos, ya sea cultivo como procesado. Todos los productos fitosanitarios utilizados son cancerígenos o como poco, tóxicos mortales, pero hay que vender, a cualquier precio.
Realmente hay un número muy alto de alérgenos desconocidos que pueden jugarnos una mala pasada, imposibles de controlar o conocer. Por ejemplo, yo soy alérgico severo al polen de abeja y lo descubrí tomando uno de los mejores complementos que existen; casi no lo cuento, pero me obligó a estar pendiente de las variantes del polen de abeja como la miel y cualquier alimento que pueda llevar trazas de polen de abeja. Es muy importante vigilar lo que nos sienta mal porque puede que tengamos intolerancia a ese alimento y de seguir consumiéndolo puede degenerar en una alergia y darnos un buen susto.
Dado este apunte como factor de riesgo y a colación con lo que quiero transmitirle en este artículo, el control de alérgenos está muy inoculado en nuestro consumo, tanto que las empresas alimentarias son conocedores de esta sensibilización y lo usan para seguir vendiendo, rozando la ilegalidad para vender más y más caro.
Tras un cuarto de siglo trabajando como consultor y auditor de sistemas de calidad e inocuidad alimentaria he visto auténticos disparates a la hora de enmascarar algo usando vacíos legales con el fin que comentaba anteriormente: vender más y más caro. Hace algunas semanas reflejaba el espíritu consumista reflejado en el azúcar 'moreno' y blanquilla, en el caso que tocamos hoy es igual de descarado, pero a niveles más elevados.
'Sin gluten' son dos palabras que nos colocan cada vez más en los productos. El gluten es una proteína que se encuentra básicamente en cereales, sobre todo en el trigo.
El otro día fui a comprar a una cadena de supermercados muy implantada en España. Pasaba por el pasillo de las chuches y dos mujeres discutían con dos paquetes de chicles, uno en cada mano de una de ellas: -“Este es mejor y más sano, ¿No ves que es sin gluten y los otros no?”. Yo me reí un poco, pero la verdad es que me inspiró para escribir este artículo.
Un chicle está hecho de plástico, resinas, azúcares y aditivos de distintas clases; es muy improbable que lleve ningún tipo de traza cereal, ya que entre otras cosas lo químico sale mucho más barato que ningún ingrediente natural, pero nosotros no pensamos en ello, sólo vemos que un chicle indica que es 'sin gluten', ergo el otro sí que llevará, es lo más fácil de concluir.
Ni uno ni otro lleva gluten ni trazas ni semejanzas, ni siquiera se acerca, pero el caso de estas dos mujeres y su desconocimiento o falta de información, es un claro ejemplo con miles de productos que nada tienen que ver con alérgenos.
La legislación española dice que en el etiquetado tiene que aparecer los posibles alérgenos que puede contener y así es, normalmente. El vacío legal es que el Reglamento 1169/2011, que es el que regula la información alimentaria que debe aparecer en cada producto, no indica que se pueden añadir datos que el producto NO tiene, como es el socorrido caso al que hago referencia.
La industria alimentaria hace el agosto colocándonos 'sin gluten' o 'sin lactosa' en productos que no tienen siquiera los ingredientes susceptibles a tales alérgenos con el fin de poder vendernos su producto antes que el de la competencia y como referenciaba en algún lugar de este artículo, más caro.
Si un producto lleva apio y no se informa en la información de la etiqueta es ilegal, y depende del disparate que pueda realizar la empresa que venda ese producto, podría llegar a catalogarse como bioterrorismo, ya que pone en riesgo real la vida del consumidor; esto es un hecho.
Sin embargo que puedan colocarnos la información de lo que no tiene por dar una información confusa al consumidor no está contemplado, dejando a su libre albedrío a las compañías alimentarias a manipularnos como les venga en gana aprovechándose además de poder cobrarnos más, ya que se diferencian de sus competidores ofreciendo el mismo producto exactamente igual.

