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ENTRE TÚ Y YO

Besos al mar

PATRICIA LÓPEZ HAAS Jueves, 21 de Julio de 2022 Tiempo de lectura:

 

La 'Mirada felina' se desplaza esta semana hacia el Mediterráneo, el Mare Nostrum, cuna de grandes civilizaciones como la egipcia, la griega o la romana. La filosofía, la arquitectura o la escultura forman parte del inmenso legado cultural dejado por estos países. Además, ¡es que es tan bonito! En Grecia, Portofino, la Provenza o las Islas Baleares se encuentran las calas más bellas del mundo, en las que hay hoteles con encanto estratégicamente situados. Qué mejor marco.

 

Javier Torices es un artista plástico hiperrealista que pinta estas aguas de las que hablo. Sus cuadros hablan por sí solos, pero en el imaginario colectivo la imagen de Ibiza y Formentera está asociada a futbolistas, famosos y famosillos luciendo torso y tatuajes en barcos repletos de modelos. Las fotos de las aspirantes “a lo que sea” en las respectivas popas son ya un clásico del papel cuché. Pero no voy a hablar de esto porque la 'Mirada felina' es muy selectiva.

 

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                          Velero en la lejanía, acrílico sobre tabla, Javier Torices


Pero en el mar también flotan muchas colecciones de arte. El magnate ruso Roman Abramovich guarda auténticas joyas en su Eclipse, un barco de 162 metros de eslora, dps helipuertos, un sistema antimisiles, defensa láser contra los paparazzi,18 suites, una tripulación de 100 personas y dos piscinas que, en la actualidad, va de puerto en puerto evitando las sanciones impuestas a los rusos por la guerra de Ucrania. Pues bien, como decía, este capricho encierra otros caprichos que sumados valen casi tanto como la propia embarcación. En 2010, Abramovich adquirió 35 obras de arte contemporáneo para el Eclipse, según recoge el diario El País en 2019, entre las que se encuentran un Lucien Freud y un Francis Bacon. A día de hoy puede que sean muchas más. O diferentes, ya que Abramovich por aquel entonces estaba casado con Dasha Zhukova con la que protagonizó en 2017 uno de los divorcios más caros de la historia. Dasha es una de las mujeres más influyentes del arte contemporáneo e hija de un magnate ruso del petróleo. He aquí una maravillosa imagen nocturna del capricho flotante.

 

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           Eclipse propiedad de Roman Abramovich

 

He podido echar un vistazo a su interior (no en persona, más quisiera yo) en la revista náutica Boat, y entre salón y salón he apreciado un colorido Rothko, máximo exponente de la abstracción americana y cuya cotización en el mercado del arte es altísima. Las suites están impecablemente decoradas y cada invitado tiene un mayordomo a su disposición. Abramovich posee otro barco de nueva adquisición (2021) llamado Solaris, que tiene 115 metros de eslora y se encuentra en Turquía. ¿Y se conservan bien las obras de arte en este medio? Esa es la gran incógnita. En megayates como el Eclipse sí, pero no olvidemos que el mar obliga a realizar labores muy exhaustivas de mantenimiento en todas las embarcaciones. La sal, la humedad o los cambios de temperatura pueden ser fatales para los cuadros. En ocasiones, son las propias tripulaciones las que arruinan las obras de arte contemporáneo como sucedió con una escultura de cristal de 90.000 euros que terminó en un lavaplatos. O una envoltura de la pared de Christo, famoso artista especializado en instalaciones ambientales, que acabó rota cual papel de regalo. Llegados a este punto no puedo dejar de mencionar el “Salvator Mundi” de Leonardo da Vinci, uno de los cuadros más caros del mundo que se encuentra en el megayate del Príncipe de Arabia Saudí Bader bin Abdullah bin Mohamed bin Fahran Al Saud. Lo adquirió en subasta por 591 millones de dólares. El elenco de colecciones flotantes es muy amplio de ahí que haya mencionado la de alguien muy conocido a nivel mundial.

 

Sea como fuere, el mar atrae como un imán. Y no solo navegan Abramovich, los príncipes árabes o Larry Ellison, cofundador de Oracle, que vendió su barco de 138 metros por uno de 80 dadas las dificultades que encuentran estas esloras a la hora de atracar en un puerto. Ir en crucero particular a las islas es una de esas experiencias dignas de repetir año tras a año. La navegación nocturna es un espectáculo, en agosto aparecen las constelaciones de Capricornio, Acuario y Piscis, mientras la estrella polar sirve de referente en el hemisferio norte para los que saben de la cosa náutica, ¡es que la instrumentación puede fallar! En las noches de verano un festival de luces aparece en el agua, que no son otra cosa que microorganismos brillando cual luciérnagas en el mar. Aquí dejo un vídeo de una regata de barcos clásicos en Saint Tropez para que se vea la magia de la navegación a vela, ya que no todo lo que flota es motor. Esto también es arte.

 

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Siguiendo con los cruceros, levantarte en una cala y desayunar con la costa por paisaje es el mejor cuadro que uno pueda imaginar. Aquí la realidad supera al arte porque entran en juego otros sentidos como el oído y el olfato. Tampoco está nada mal hacer noche en un puerto, algo necesario para la mayoría de embarcaciones por cuestiones de combustible, agua o electricidad. Y ya de paso ver lo que ofrece el lugar de destino. Ponerte un traje bonito, perfumarte con alguna fragancia ligera y lucir un precioso bronceado mientras caminas por los pantalanes forma parte de la magia náutica. 

 

Algunos de los que me leen saben de lo que hablo porque con ellos compartí unos veranos increíbles que no olvidaré jamás. Aprendí a nadar antes que a andar, y es que fue mi padre el que nos transmitió su entusiasmo por el mar Mediterráneo, mar que amó hasta su último suspiro y en el que descansa en paz. Cristóbal Colón dijo: “El mar dará a cada hombre una nueva esperanza como el dormir le da a los sueños”. Preciosa frase que encierra toda la épica de la navegación. Cuántas historias y batallitas por contar…que se lo digan a quien me ha proporcionado parte de la información. Este artículo está dedicado a mi fuente y a mi padre. Besos al mar.

 

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