La gran renuncia española
No tiraré de típicos y tópicos para explicar que cada país es diferente y soberano, por más que la globalización se empeñe, en que todos circulemos por la misma senda.
Entre España y Estados Unidos hay una distancia, de centro a centro, de 7.584 kms y un inmenso océano Atlántico. Esa 'agua de por medio' explica por qué hay tantas diferencias entre los hijos del tío Sam y nosotros.
Es posible que haya escuchado que al otro lado del charco los yankis están renunciando masivamente a sus puestos de trabajo, desde que en 2020 la covid comenzara a hacer estragos en nuestras vidas. Según datos de publicaciones como Forbes, en 2021, más de 38 millones de trabajadores han abandonado voluntariamente su empleo en Estados Unidos. La 'hemorragia' continúa en 2022, ya que solo en los cinco primeros meses de este año, la cifra de 'abandonos' ya alcanza casi los 20 millones de empleados. Para hacernos una idea del tamaño de esta 'sangría', te diré que los datos de renuncia de este año duplican a los registrados en una década, esto es, cinco meses frente a diez años. Urge torniquete.
Entre las causas que originan este proceso de 'objeción laboral' se encuentra la alta presión y la situación de estrés sufrido por el empleado, el hastío por permanecer 'atado' a un puesto de trabajo, el miedo al contagio, retomar el control de tu vida y las ganas de disfrutar de nuestro paso por este mundo. Es preciso aclarar que este fenómeno se produce en todos los niveles profesionales y no es exclusivo de élites o altos cargos.
Para poder entenderlo, necesitamos conocer algunas características del mercado laboral norteamericano, que es bastante distinto al nuestro. Lo más destacable, que la tasa de paro actual en Estados Unidos es del 3,6% (datos junio) y la de España, del 13,1% (datos de mayo). De hecho, en nuestro país, la tasa más baja de nuestra reciente serie histórica se registró en el 2º trimestre de 2007 donde alcanzó el 7,93% (algunos la llamaron pleno empleo). Otra diferencia importante la encontramos en que el mercado laboral estadounidense es más dinámico, las barreras de salida son prácticamente nulas (no hay expectativa de indemnización) y está desterrado el pensamiento de tener un empleo para toda la vida. Bajo este enfoque es más fácil entender por qué los yanquis renuncian con tanta libertad, a un bien tan preciado y escaso para los españolitos.
Si piensas que en España no hay 'renuncia' es posible que te equivoques, porque además es muy grande y nada nueva.
La 'Generación X' (los nacidos entre 1970-1980), de la que formo parte, y otras posteriores como la 'Millennial', renunciamos masivamente a una formación profesional y nos decantamos por los estudios universitarios. Dejamos de lado los oficios para asaltar campus y facultades. España se modernizaba y nuestros jóvenes prosperaban, o eso al menos nos decían. Los que hemos estudiado y acabado una carrera universitaria sabemos que ese camino no es apto para todo el mundo. Se empieza en aulas multitudinarias con más de cien alumnos, que gradualmente van perdiendo efectivos conforme avanzan los trimestres y los cursos (a excepción de aquellas carreras muy vocacionales donde la tasa de abandono es mucho más baja). Hace décadas renunciamos a los oficios y ahora vemos en ellos esa tabla de salvación por la sobre producción de diplomados, licenciados y grados. Ni el master te salva o diferencia, querido lector.
España, con una tasa de paro estructural que difícilmente baja del 10%, está claro que sufre una gran renuncia desde hace mucho tiempo. Factores varios pueden explicar esta situación: economía sumergida, subsidios, subvenciones, prestaciones, descentralización, picaresca, políticas incorrectas y, sobre todo, la absoluta falta de control y supervisión. El principal trabajo de un desempleado, que esté registrado en el sistema y por tanto disfrute de derechos, es encontrar empleo. Las instituciones deben ayudar a que esa búsqueda sea efectiva, esto es, proporcionarles 'la caña de pescar' y no el pescado. No parece que las políticas actuales de fomento del empleo estén enfocadas a este objetivo claro y manifiesto. Habrá que enviarles a la 'silla de pensar' para que reflexionen sobre sus actuaciones y sus 17 modelos distintos de hacerlo, que conducen al mismo punto. El fracaso.
La especie evoluciona y la 'generación Z' (los nacidos entre 1994 y 2010) apuntan a otra gran renuncia: La progresiva extinción de autónomos, emprendedores y la huida del sector privado para abrazar el cálido regazo que ofrece el paternalista o maternalista sector público. Una nueva brecha se abre y cada vez es más profunda entre empleo público y privado. Una oposición te separa de formar parte del grupo de los 'elegidos', así que en cuerpo y alma a ello y después, a disfrutar de lo conseguido. ¿Recuerdas que en Estados Unidos la idea de un empleo para toda la vida estaba extinguida? El sueño americano contrasta con nuestro sueño en forma de sueldo Nescafé.
Estados Unidos y España tienen el mismo problema de fondo, pero con dos realidades totalmente distintas. La renuncia es evidente. A los americanos les pasa factura su liberalismo a ultranza y a España su proteccionismo genético y su rígida estructura. Ningún modelo es perfecto y lo más inquietante, es que ninguno de ellos difícilmente podrá resolver esta situación.
A veces, es impopular, pero sin duda es necesario, afrontar problemas estructurales si no queremos que los desequilibrios se acrecienten y nos hundamos por querer ir todos al mismo lado de la balanza. No será nada fácil, pero cuando se haga, espero que todos los enfoques constructivos tengan cabida y el marketing pueda aportar algo de luz entre tanto tono oscuro.
Linkedin. José María Donate






















