
En su constante búsqueda por reducir el desperdicio de alimentos y contribuir a la economía circular, Lidl encuentra una salida a sus productos de pan, bollería, galletas o legumbres no aptos para el consumo humano y retirados de sus tiendas para evitar que acaben en el vertedero.
La cadena lleva desde 2014 trabajando con el gestor autorizado, Promic, encargado de recoger dichos excedentes para transformarlos en harina para pienso animal, logrando evitar así el desperdicio de cerca de 4.900 toneladas de alimentos anuales.
Las más de 650 tiendas de Lidl en España se encargan de retirar los excedentes de alimentación seca que no se han conseguido vender, y mediante la logística inversa, se retornan al almacén más cercano. Una vez allí, el excedente se compacta y es recogido por el gestor autorizado que se encarga de darle una segunda vida y transformarlo en pienso animal.
Este proceso comienza con una primera separación de los excedentes, que son sometidos a un tratamiento térmico para asegurar la calidad microbiológica. Tras ello, se vuelve a hacer una segunda separación, moliendo y afinando los excedentes restantes que se convierten en harina para pienso animal. El producto final se destina a las fábricas de pienso, que en su mayoría son para el consumo del sector porcino.
“El sistema de logística inversa de Lidl permite que se puedan agrupar todos aquellos excedentes de alimentación seca, facilitándonos de este modo, la recolección para poder darles una segunda vida y reintroducirlos en la cadena alimentaria como pienso para animales”, afirma Jordi Redondo, director comercial de Promic.
Y es que la compañía es la única empresa que trabaja con Residuo Cero en todas sus plataformas logísticas de la península, lo que acredita la gestión, clasificación, valorización y recuperación de forma centralizada tanto de los desperdicios generados en los propios almacenes como los que retornan de las tiendas, un hito más que garantiza un mayor control de todos los desechos, incluyendo los alimentos.









