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Opinión |
Martes, 23 de Agosto de 2022

Padre, me arrepiento de montar en bici. Soy un suicida

 

En lo que llevamos de este 22 (sin cachondeo, por favor, que el tema es serio) treintaitrés (33) ciclistas han muerto atropellados en las carreteras españolas. Y eso que esto no es Holanda (me cuesta decir lo de Países Bajos), un país como otros muchos (Bélgica, Francia… incluso Reino Unido) en los que usar la bicicleta es un hecho habitual.

 

En España, mayoritariamente la bicicleta la utilizan nuestros niños para sus juegos y algunos otros como divertimento con amigos y la cerveza al final de la ruta (sin cerveza, poco divertimento hay). Algunos, yo me incluyo, la utilizan (en mi caso debo hablar en pretérito) para ir a trabajo u otros quehaceres diario. Alguna vez me consideré, incluso, en uno de los pioneros en ir a trabajar en bicicleta (hay foto, diría Tico Medina).

 

[Img #92558]He de admitir que también uso motocicleta y turismo, por lo que creo hablar con cierta propiedad. También empleo en ocasiones el transporte público y reconozco que el Tranvía en Murcia me parece una maravilla, aunque debería ampliarse. En lo que nunca he montado es en patinete eléctrico, por lo que quizá mi opinión pudiera parecer sesgada, pero estoy convencido de que se aproxima mucho a la realidad.

 

Si me dejan que abuse de egocentrismo, contaré que al tiempo que compré una bici para desplazarme, en este caso por la ciudad de Murcia, usaba casco. Era, lo admito, un rara avis en aquél momento. Como luego lo fui cuando amplié mi transporte urbano a un ciclomotor. El casco entonces no era obligatorio, pero no me importaba despeinarme un poco los cuatro pelos que me quedan con uno de aquellos ‘calimeros quitamultas’ en pro de una mayor seguridad. Y por supuesto que me dio resultado: una vez me caí en un día de lluvia por una de las malditas bandas pintadas de los pasos de peatones (de cebra, decíamos entonces) y agradecí llevar el casco. En caso contrario mi cabeza llevaría hoy una brecha más… o algo peor.

 

Reconozco que soy miedoso -o cauteloso- por naturaleza, y que tanto en bicicleta como ciclomotor o moto circulo con mucha, mucha precaución. Incluso cuando hoy conduzco un turismo con tracción a las cuatro ruedas y más de mil kilos de peso. Este miedo, en cualquier caso, no me lleva a ser tan timorato como para no hacer alguna excursión en día libre tanto en bici como en moto. Lo que me jode (si me lee en horario infantil, disculpe por el taco) son los automovilistas que no solo no respetan, sino que no se respetan.

 

Si quieren tirarse por el barranco, tírense, que no seré yo quien les censure salvo que provoquen un incendio; pero no arrastren en su comportamiento suicida el homicidio a motoristas y ciclistas. He conocido, claro que he conocido, como todos los que salen en bicicleta, a conductores a los que no les importa nada la vida de los otros y te pasan tan rozando que si llevaran una guillette atada al retrovisor te afeitaban ‘a lo vasco’ (es un viejo chiste).
El problema no es que te afeiten o te obliguen a tirarte a la cuneta, es que te enganchen y que tu vida valga menos que ese gato al que han atropellado cuando cruzaba la calzada. Al gato lo dejan en la carretera, y al ciclista también.

 

Ahí hay homicidio, pero ya puede ser asesinato cuando te embisten a conciencia, cuando les importa un bledo (qué fino intento ser), si te golpean o no e, incluso, si van a por ti. Ocurría hace tres días en las carreteras catalanas y aún está por dilucidar judicialmente si fue así cuando un automovilista embistió a Alejando Valverde y a otro cuantos de su pelotón.

 

De estos últimos me he encontrado. Se te arriman, hacen sonar el claxon tras un adelantamiento peligrosísimo y te sacan el dedo en peineta para que sepas que, efectivamente, te quería acongojar (¿o era acojonar?, perdón).

 

Maldita sea su estampa, maldita alguna cosa más… sin nombrar a la familia, que quizá sea una santa, pero caiga sobre ellos todo lo que tenga que caer; incluso el cielo al que tanto temía Astérix.

 

Un último mensaje a los que nos gustan las dos ruedas. No digo que provoquemos, pero en ocasiones también nosotros debemos de saber que a la derecha es mejor que vaya el arcén y no un compañero en paralelo, sobre todo si la carretera es estrecha. Ya hablaremos con él durante el rato de cerveza al final de la ruta.

 

¡Buen camino, ciclistas!

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