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ENTRE TÚ Y YO

Como una ola

Consuelo Aguayo Jueves, 08 de Septiembre de 2022 Tiempo de lectura:

 

¿Qué las vacaciones han llegado a su fin? ¿Qué hay que volver a escribir?  ¿Pero qué me dicen? Pero si faltan fiestas de norte a sur y de este a oeste. Miren, faltan las Fiestas de la Vendimia Riojana, las de la Virgen de Covadonga en Asturias, las de la Vendimia en Montilla y, muy importante, las de los Cartagineses y Romanos de Cartagena en nuestra querida Región de Murcia, y esta, señores, no pueden perdérsela. Todos saben que es de Interés Turístico Internacional ¡Ahí es nada! Pues veo a la jefa volviendo el cuello de izquierda a derecha, así que parece que no la he convencido. 


Me toca escribir. Y aquí estoy de nuevo, delante de mi ordenador después de que pasaran mis vacaciones tan rápidas como lo que dura una ola. No sé bien por qué pero todo el mundo dice que después de las vacaciones vienen con las pilas cargadas, pues yo creo que lo ideal es volver con las pilas descargadas después de fundirlas intentando siquiera subirse en la tabla de surf en la cresta de la ola  (ya no les digo avanzar, que eso es para especialistas), corriendo detrás del niño para embadurnarlo y que no se nos tueste como un espeto o  intentando evitar que nos pique aquella maldita medusa que campea a sus anchas como reina de los mares pero, en fin, ya lo he dicho alguna vez ¡qué dura es la vida de turista!.


[Img #92826]Hablando de olas y de mares (y de malditas tablas, claro)  he de confesar que yo no sé en qué momento se puso de moda la España de Torremolinos y Benidorm y los tópicos repetidos en aquellas antiguas películas  españolas, pero sí puedo hablarles del  inicio  de las costumbres regias, aristocráticas y reales de lucir palmito en las playas. 


Todo empezó porque la reina Isabel II de España tenía algún problemilla con el acné juvenil (ya que fue reina muy jovencita) y no había dermatólogo que atinara con la pócima para curarla, pero le aconsejaron sus médicos el Baño de Ola en la playa del Sardinero en Santander, quizás podría mejorar su cutis, y ella (que a la sazón era muy presumida) corrió hacia sus costas a probar fortuna. De este modo, esa fue la primera sangre real que se bañó en las costas del Sardinero (sí, después vino Mallorca, las poses reales, el famoseo y todo lo que ya conocemos), pero lo cierto es que Isabel lo hizo no porque fuera tan cool como ahora, sino por consejo de sus médicos o de sus estilistas, cualquiera sabe. 


Tampoco sabría decirles si la reina mejoró de sus dolencias o no porque bastantes problemas tenía la pobre muchacha con ser una  mujer que sube al trono por la Pragmática Sanción de 1830 que aprobó su padre Fernando VII porque quería asegurarse su descendencia a toda costa aunque fuera en una niña, por otro lado, Isabel tenía la insurgencia de su tío Carlos María Isidro apoyado por  todos los carlistas (no es por malpensar, pero algo tendría que ver que fuera un varón, creo yo) disputándole el trono, y por si todo esto fuera poco, estaba rodeada (como era natural)  de una corte de confesores, sacerdotes, obispos y cuantos varones piensen ustedes. No sé si le ayudaría algo su madre María Cristina de Borbón-Dos Sicilias el tiempo que fue regente, pero les aseguro que la que inauguró los veraneos en la playa no lo tuvo muy fácil.


Aunque creo que pasó a la historia como una reina que rápidamente creaba tendencia pues esa costumbre del veraneo en la playa se impuso rápidamente entre la aristocracia y la realeza. Así el matrimonio real más famoso en recibir los Baños de Ola posteriormente fue el formado por el rey Alfonso XIII y su esposa Victoria Eugenia de Battenberg (abuela ya del emérito). Aunque dicen que éstos al principio desplazaron su lugar de veraneo a San Sebastián que estaba más cerca de Biarritz, lugar donde veraneaba la realeza europea (ya estamos con las comparaciones)  y donde también despuntaron ya algunos reyes y famosos en la práctica de los deportes acuáticos (aunque no creo que el surf  fuera uno de ellos, más que nada porque la pose no es muy recomendable), pero este cambio no duró mucho tiempo.


Pronto los reyes volvieron al origen y la playa del Sardinero se convirtió en lugar de descanso estival habitual de Alfonso XIII y su esposa y también rápidamente el ayuntamiento de Santander inició la construcción del Real Palacio de la Magdalena con el apoyo económico del pueblo santanderino y de su tejido empresarial  y ¡zas! se lo regaló al matrimonio que lo utilizó como residencia real hasta que se proclamó la Segunda República


En consecuencia de su carácter real, la capital se erigió como el lugar preferente de veraneo por la calidad de los baños, la comodidad de sus casetas o la seguridad de sus cualidades terapéuticas. El ayuntamiento santanderino supo anticiparse con olfato empresarial  al regalar el palacio porque la sola presencia real provocó que ya en 1849 (según cuentan) llegaran hasta 3.000 veraneantes a tomar los Baños de Ola en Santander y que en seguida se quintuplicaran.


Si ustedes, como yo misma, finalizaron ya sus vacaciones, pueden programar para las próximas un paseo por Santander y visitar el Palacio de la Magdalena, les aseguro que en sus salones se encontrarán a cuerpo de rey.

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