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ENTRE TÚ Y YO

Deporte de riesgo: citas previas y trámites online

María Belén Albaladejo Lunes, 12 de Septiembre de 2022 Tiempo de lectura:

 

Ahora que las agujetas parece que han remitido y he entrado en una especie de anestesia emocional con respecto a la “navegación”, puedo contar la travesía, con vientos cruzados, que supone realizar trámites online y conseguir cita hasta para hacerse la manicura.


Primero, ordenarse. ¿Qué es lo que quiero? Certificado digital en FNMT, DNI-e, alta en SEF como demandante de empleo y solicitud de la prestación. ¿Es en SEPE o en SEF? ¡Vaya, ya me estoy liando!  Me dejo llevar y ya irá surgiendo.

 


Segundo, averiguar qué datos requiere cada solicitud. ¿Qué puedo necesitar? Datos personales, justificación de la solicitud de cita  (como no atines te sancionan con pena de improperios). Y, por poner encima de la mesa a golpe de vista por si las moscas, me preparo una lista de aficiones, colores preferidos, intolerancias alimenticias, lugares por visitar y una lupa para cuando salga el cuadrito de “No soy un robot” y tenga que pinchar en las chimeneas o en los semáforos.


Tercero, iniciar el protocolo de animación. ¿Qué puedo esperar de mí? No soy Ludita (no paro de acordarme en estos días de Ned Ludd, un obrero ingles que en la  Revolución Industrial del siglo XIX promovió un movimiento social contrario a la introducción de maquinaria moderna y por ende a todo tipo de tecnología). Yo puedo, no soy torpe, se trata de leer con atención y seguir las indicaciones, (no seas creativa y sométete, no te adelantes y  verás como todo sale). Música ambiental, dos o tres posiciones de Yoga y cuando se equilibre Marte con Venus en tu eje de coordenadas mental  le das al botón del ordenador. Y ya que fluya.


Protocolo realizado, ánimo positivo y  sonando “Sobreviviré”, de Mónica Naranjo. ON al Pc. 


Confieso que había incluido en favoritos todas las páginas web a las que tenía que acceder (que una tiene su edad y la experiencia es un grado). Con el ánimo alto, primer escollo… ¡página no encontrada! “¿Qué? ¿A quién se le ha ocurrido cambiar  la URL o lo que sea? Venga no pasa nada, sube el volumen a la canción y vuelta a empezar”. 


Me vengo arriba cuando observo que la “cosa rula” en la web de FNMT. Llega el momento de elegir sede para verificar que yo soy yo y mis circunstancias, opto por la más cercana, Tesorería de la Seguridad Social y claro: cita previa. ¡Mira por donde informan que se solicita por teléfono! Dudo entre encomendarme a San Judas Tadeo o a Santa Rita de Casia (hacerlo a los dos seria abusar de la clemencia divina).


Tras varias llamadas y dos subidas de volumen a la cancioncita, consigo mantener una conversación, de lo más afectuosa, con un caballero que me indica que la cita se pide por la web de la Seguridad Social, “¿Cómo? He leído que es por teléfono, y no veo en la web nada que me dirija a una solicitud de cita”, “Así es señora, es que está mal informado y no hay forma de que lo corrijan, tiene que hacerlo a través del portal Importass, es algo complicado, un dibujito rojo que anda por ahí, como para la derecha de la página”, “Gracias caballero, voy a intentarlo”. Cuarta subida de volumen a “Sobreviviré”.


Estimula que la designación elegida para todos estos portales tengan un nombre así como empático: el portal del ciudadano, para ti, tu espacio, mi carpeta, importass. etc. ¡Y qué decir como sea un chat de ayuda inmediata! Todos tienen nombres oníricos: Bianca, Sandra, Salomé, Noa. Es para que te confíes, bajes la guardia y cuando más segura te sientas, entres en un laberinto. El tren de la bruja. No sabes por dónde te vendrá el escobazo.


Localizado Importass, relleno un formulario digno de un tercer grado y… ¿Perdona? ¿Me tengo que hacer una foto con el DNI? ¿De verdad?, ¡si voy en camiseta y sin peinar!, quinta subida de volumen a la canción. Pliego velas y acato la instrucción, me atuso el pelo, cojo el DNI entre el dedo pulgar e índice y foto. ¡OH! El fondo es el cuarto de baño  con la puerta abierta. ¡No, no, no,  borrar, borrar!…Demasiado tarde: “archivo procesado”. Ahora foto por detrás, ¿Al DNI o a mi espalda? Sexta subida de volumen.


Y la, ya considerada enemiga, pantalla del ordenador me indica  “contactaremos con usted para confirmar la cita en la fecha y hora elegida”. ¿Cómo? ¿Por @, por SMS, con señales de  humo? Séptima subida de volumen a la canción que suena por duodécima vez. 


A los diez minutos, me asusta mi móvil con un número infinito, respondo rauda y es una voz que  reconozco de inmediato, ¡el amable caballero que me dirigió a importass! “Buenas, veo que ha pedido una cita para lo del certificado digital, ¿cuándo y dónde la quiere? ¿Le viene bien mañana a las nueve?, tiene usted mucho escándalo, no la oigo bien”. “Espere señor. No es “Escándalo” de Raphael, es “Sobreviviré”  a 100 decibelios para creer que no moriré en breve”. 


¿Me está usted llamando para darme una cita? He rellenado el formulario tipo KGB, he atinado con los pasos de cebra, con los puentes, con las cifras y letras tachadas. Todo muy digital y ahora ¿volvemos al sistema oral y me pregunta cuándo y dónde? ¿Lo he rellenado mal? No he salido agraciada en las fotos ¿es eso? 


El señor me aclara que es así como funciona, que está harto, hartito y: “esto es lo que hay y suba el volumen de la canción que la escuche yo”. Enésima subida de volumen.


Resultado: compasión mutua, un, más que probable, intercambio de lista de Spotify con música elevadora de ánimo y una cita presencial por la vía de… toda la vida.


Cuatro días más tarde conseguí arribar a puerto con las redes repletas de…buenas citas y trámites resueltos. 
Con varios llantos con lágrimas como peretas, con bucles infinitos, con fundidos a negro sin saber si se ha trasmitido la solicitud, sin poder recuperar la información, con llamadas hasta a Zaragoza, con voz compungida, solicitando ayuda. Con veinte archivos guardados en todos los formatos conocidos y desconocidos (me he tragado varias broncas con  “lo ha mandado en DOC y tiene que ser en PDF, DOCX o  AZW”). Con mil capturas de pantalla y sin ninguna denuncia  vecinal (de momento) por superar los decibelios permitidos, puedo decir, con voz triunfal, que me considero una “crack” en el mundo tecnológico… ¡hasta la próxima travesía! Dispuesta a enfrentarme a todo lo que se presente.


Aunque navegar, lo que se dice navegar, prefiero hacerlo en el Mar Menor en un laúd de vela latina mientras nos quede laguna. SOS MAR MENOR. 

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