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ENTRE TÚ Y YO

Summer time

Manuel Menárguez Lunes, 12 de Septiembre de 2022 Tiempo de lectura:

 

Tristemente, sin premura ni vacilación, la vida nos regala esos momentos por descubrir. Desmesurados, con esfuerzo, aturdidos, vamos vagando silenciosamente por la soledad, descubriendo en nuestro interior quienes somos y confiadamente nos escapamos de ese tumulto llamado sociedad.  

 

Un espacio alrededor, que, con nuestras manos, queremos asir y siempre se nos escapa como el horizonte, luminoso y lejano, distante, sin salida. Perdidos por el camino, en una sombra desconocida, sin dirección; compartiendo sonrisas sinceras, lentamente converso con los amigos, sin florituras. Se detiene el tiempo.

 

Con una cadencia natural, las palabras van surgiendo, sedosas unas veces, excitantes otras, y, con frecuencia, de risas llenas.

 

Muchas veces sin aliento, consumiendo la distancia, paso a paso, vamos lentamente abandonándonos a nuestra vida cotidiana, escondidas razones que vagan distraídas por las aceras de esta nuestra ciudad, confortable, perdida en la frontera, tibia y huertana casi infantil y bajo la sombra de sus arboles, vemos con desinterés pasar la gente.

 

Alrededor la ciudad vibra, atravesada por una multitud acalorada que atropelladamente busca refugio en un gran almacén. Aventureros de día, lentamente se disipan en su interior, desaparecen en esos pasillos perfumados e interminables, de sombra fresca e insolente. Liberados de este sol pleno, salvados de su yugo aplastante, que nos persigue implacable. La retina, fascinada por la intensidad de esa luz cegadora, que se recorta sobre el azul del cielo, agradece desilusionada ese oasis de sombra.

 

El cálido viento nos busca, nos cerca en todas direcciones, nos conduce cansadamente hacia café-bar, gratificante oasis; cansados de recibir con esperada calma a estos paseantes del asfalto, expectantes, algo locuaces y resignados, para degustar el placer de un buen aperitivo.

 

Increíble, con tristeza los minutos avanzan, las horas llegan, reniego por tener que marchar; el reloj se rebela indignado, ¡tengo que volver! “Sólo la nada tiene prisa por llegar a ninguna parte” (Antonio Escohotado).

 

Apurado me apresuro a salir de nuevo, el calor me acompaña otra vez, deprisa en busca de mi camino, sin ruido, cansado y sudoroso, encuentro satisfecho mi refugio.

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