
Con el comienzo de las clases también empieza la aventura de las agendas. La mayoría son de papel, pero van combinadas con la agenda electrónica.
Aparece y de manera súbita, en la mayoría de las casas con el covid, el Classroom, plataforma educativa e interactiva para comunicarse padres, profesores y alumnos; y con él aparece el “Flipped Classroom”, una nueva metodología de aprendizaje al revés; se estudia en casa y se hacen los deberes en clase. ¡Pues vaya flipe! Suena muy bien, pero requiere madurez en el alumno y vigilancia en los padres.
Si ya hay dificultades para que los hijos anoten las tareas en un papel, que muchas veces utilizamos los grupos de chateo del colegio para preguntar sobre las actividades de matemáticas; ahora hay que luchar para que los hijos se metan en ese vídeo chulo que explica los músculos del cuerpo o la fotosíntesis, previo al ejercicio que tiene que realizar en casa.
Y no critico las nuevas tecnologías porque están para ayudar al alumno; critico que al menor todavía le falta habilidad y madurez para hacerse cargo de dicha responsabilidad. Cualquier nuevo aprendizaje conlleva tiempo para aprenderlo, pero, ahí estamos los padres, para nada nativos digitales, vigilando si lo ha visto, si lo ha hecho y si lo ha enviado. Ufff, a marchas forzadas actualizándonos!
Pero tenemos otro frente que lleva de cabeza a muchos padres y es que los hijos, sobre todo adolescentes, necesitan ordenador, tabletas o móviles para hacer las consultas del Classroom, pero se encuentran por el camino visitando a sus amigos de Instagram, viendo YouTube o con chateos virtuales en su horario de trabajo.
Y por esa falta de hábito y por supuesto de control de impulsos y de tolerancia a la frustración, los padres nos convertimos en los policías del hijo, no sólo para que apunten los deberes sino para que los hagan sin distracciones a otras fuentes de estimulación ajena y aneja al momento de los deberes.
Queda claro que en el tema de agenda escolar también debemos educarles y ponerles límites para no convertirnos en las agendas de nuestros hijos, solucionando sus olvidos o disculpas ante el profesor. Si queremos que se responsabilicen de sus deberes tendremos que aprovechar sus descuidos para que aprendan a estar atentos y sepan que nosotros comprobamos el trabajo, pero no lo realizamos por ellos. Las consecuencias naturales como la llamada de atención o sanción del profesor es más eficaz que hacer por los hijos lo que tienen que hacer ellos o entrar en una batalla diaria poco educativa.
Feliz comienzo de las agendas escolares y, sobre todo, personales de vuestros hijos.

