
De pequeña siempre me gustaron aquellos chistes que empezaban: Se abre el telón y aparece… ¿cómo se llama la película? Últimamente recuerdo esos chistes, con tintes de adivinanza, con bastante frecuencia, sobre todo cuando abro mi nevera después de unos días de no poder ir a la compra y me encuentro con tan solo un par de hortalizas, un yogur, algo de embutido… y me pregunto: ¿cómo se llamará la receta?
Antes de que internet entrase en nuestras vidas me estrujaba la cabeza pensando cómo aprovechar aquellos humildes alimentos que podrían pasar a peor vida si no los cocinaba pronto. Por aquel entonces una persona educada bajo la máxima: la comida no se tira, solo podía echar mano de la creatividad y el ingenio. ¡Nunca encontré ese libro de recetas en el que figurara un índice por alimentos! Tan solo por: entrantes, primeros platos, carnes, pescados y postres. A pesar de esta limitación muchos de mis platos estrella se crearon con sobras variadas que pedían a gritos una segunda oportunidad y algunos alimentos que reclamaban su primera oportunidad para demostrar su valor nutritivo. La lista es larga, os cito los más celebrados: lasaña de verduras, bolas de arroz, ensaladas sin nombre de emperador, pero con mucho sabor y copas de helado con frutas muy maduras.
Desde de unos años para acá reconozco que apenas dedico un minuto en pensar qué hacer con ellos. Los sesenta segundos los utilizo para: abrir mi portátil, lo prefiero al móvil por aquello del tamaño de la letra, escribir en el navegador los dos o tres ingredientes que encontré en la nevera y esperar las recetas que los distintos blogs me sugieren. Tras leerlas, si estas sugerencias me parecen atractivas (como, por ejemplo: disponer del resto de ingredientes), me lanzo a preparar el plato.
¿Por qué opto por las recetas de las que dispongo el resto de los ingredientes en la despensa o el armario de mi cocina? Por razones de eficiencia: no necesitaré salir a la calle a comprar. Esto implica no gastar, pero no solo ahorro dinero sino también el tiempo de cambiarme de ropa y…Creo que por hoy ya está bien de compartir intimidades. Tan solo un apunte más, no sólo tienen fecha de caducidad o consumo preferente lo que habita en nuestra nevera también muchas de los alimentos que en su día compramos puede que deslumbrados por una oferta de 3x2 y, aunque nos los oigas, nos saludan cada vez que abrimos ese armario donde los colocamos.
Os animo a que probéis mi método. No todo el aprovechamiento de comida acaba en croquetas o relleno para canelones. Os pongo algunos ejercicios y ya me decís que habéis encontrado.
- Dos puerros y tres zanahorias.
- Espinacas y un par de lonchas de pavo.
- Un yogur, un melocotón y un plátano maduro, una onza de chocolate.
Intentemos practicar la economía circular también en nuestra cocina, eso sí antes de que los alimentos se conviertan en residuos, por el bien de nuestro aparato digestivo. Nuestro bolsillo nos lo agradecerá y el planeta más.
NOTA: Mientras navegaba por la red de redes en busca de una foto que ilustrase mis palabras, me he topado con un artículo que habla de distintas aplicaciones para móviles que nos proponen recetas a partir de los alimentos que tenemos a mano. Son Frydge y Ekilu. ¡La tecnología ha llegado a nuestra cocina para hacernos la vida más cómoda! Todavía no me las he bajado al móvil, como ya os he dicho prefiero echar mano de mi portátil. Prometo hacerlo en breve y os cuento. Mientras os recomiendo https://toogoodtogo.es/es/

