Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

ENTRE TÚ Y YO

Un pan debajo del brazo

Juan Luis Pedreño Lunes, 19 de Septiembre de 2022 Tiempo de lectura:

 

Cuando alguien pronuncia la palabra emprendedor, nos vienen muchas imágenes a la cabeza. Porque los hemos visto en anuncios, en las redes sociales, en las noticias y en persona. Pero de la percepción que cada uno tenga sobre ello, seguro que a nadie le pasa por la cabeza pensar en aquéllos que trabajan en centros públicos. Es como si en las universidades o centros de investigación, existiera justo lo contrarío al emprendedor. Es como si en estos centros, se trabajase ajeno al espíritu de competir o innovar.

 

Traigo esto aquí porque tengo la evidencia de que no es así. Lo he visto en varios sitios en España y en otros países de Europa, pero el otro día lo disfruté aún más, al conocer el Barcelona Supercomputing Center (BSC) del Centro Nacional de Supercomputación. Un centro público con 800 investigadores que desarrollan proyectos impresionantes, basados es esta tecnología, para las necesidades de las empresas y de las sociedades. Y si no, que se lo digan al covid, que tuvo su antídoto antes de tiempo, gracias a estas máquinas y a sus algoritmos de multiprocesamiento en paralelo.

 

Este centro de referencia en Europa, bien capitaneado por el ilustre teleco, Mateo Valero, tantas veces reconocido, y su equipo, bien liderado por personas como Josep María, resulta que tiene como modus operandi el que cada investigador que se incorpora, debe traer su propio proyecto. Es como el pan debajo del brazo que dicen las malas lenguas que siempre aparece cuando se tienen hijos, pero que no está científicamente demostrado. Hasta donde yo sé.

 

Y es aquí, donde el espíritu de competir o de innovar coincide, letra por letra, con la del concepto tradicional de emprendedor. Es cierto que igual la parte del riesgo es mucho menor. Pero no me digan que eso no es emprender. Y lo más impactante es que todos estos investigadores saben que tendrán que marcharse a los pocos años, justo al terminar el proyecto. Cuando se acabe el pan, literalmente.

 

La clave del éxito es como la de los aprendices a chef de cocina cuando hacen sus pinitos en los grandes restaurantes con los maestros estrella Michelín. Cuando salen de allí el mundo es distinto a cuando entraron. Es un nuevo mundo, como el que descubrieron nuestros amigos Elcano y Magallanes, ahora que se conmemoran los 500 años de su gran hazaña cuando, partiendo de Cádiz, atravesaron el Estrecho de Magallanes, cruzaron el Pacífico hasta llegar a Filipinas, después el Océano Índico hasta el Cabo de Buena Esperanza y finalmente el GPS los llevó de nuevo a casa bordeando África.

 

Por eso, cuando se habla de emprender y se habla de investigar o de innovar, que nadie olvide que detrás hay una capacidad de sacrificio importante y ganas de lograr retos. Lo importante es dónde se desarrolla. Esto es un poco la cultura Alcaraz. El hombre de moda. El ser capaz de sufrir soñando para ser el primero en lo suyo. No me negarán que lo de nuestro ilustre murciano no es para saltar del sofá, marcarse una meta e ir a por ella. Como campeones. Faltaría mas.

 

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.