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ENTRE TÚ Y YO

No se alarga la vida, se alarga la agonía

Manuel Menárguez Lunes, 26 de Septiembre de 2022 Tiempo de lectura:

 

Cuenta mi hermano que su peluquera es de una gran y sencilla filosofía, desordenadamente auténtica, sus palabras, brotan de la realidad que vive a diario, son verdaderas cápsulas que almacena en su memoria, convirtiéndolas en recuerdos inéditos, las envuelve sin ruido.  

 

Regalándonos consejos, siempre redescubriendo la eternidad. 

 

Hablando, sin decir nada unas veces, otras invitando con su verbo a la reflexión, va provocando con sus pensamientos un dialogo sordo.

 

 Cuando estuve allí, renuncié a dialogar con ella; alzando la vista sobre el espejo ciego era consciente de ser observado, tanto por fuera como por dentro, un espectáculo de adivinación oculto, que daba la medida de su pensamiento, encontrando tu alma.

 

 Cuando posa la vista sobre ti, fluye con certeza cierta paz en mi memoria, surge de ningún lugar su presencia, iluminando mi cabeza, que está ausente en el vacío, sin poder asirme en nada, algo invisible me toca con armoniosa cadencia, brillando en este su mundo opaco.

 

 Perspicaces ojos libres y serenos que acompañan sus manos en rápidos movimientos de tijera; muere el pelo sobre mis hombros, como lluvia plateada, va precipitándose a cada corte, acompañado de un acompasado ruido metálico, (choque), trasformando el volumen del pelo que va acomodando con majestuoso orden; brillan sus ojos con arrogancia de maestra y en las sombras de sus pupilas cantarinas, se refleja mi luz, suspendida en el espejo que me interroga en silencio; soy precavido y la animo a cuestionar sus dudas conmigo, revivir sensaciones de identidad que se escapan de su boca, palabras dictadas con precisión de su memoria, códigos de su pensamiento que subsisten exaltados en la sociedad.

 

Habla de la vida, de la muerte, de la seguridad social, despojando todo lo superfluo con certeza, va desmenuzando, con estilo cotidiano, sus palabras, que brotan sin cesar con brío, incandescentes, convertidas en un relato depurado, casi enciclopédico, se convierten en dardos acerados, firmemente encontrando la diana. Sentenciando con esta frase toda una definición de la preocupación que suponen los últimos días de nuestra vida.

 

 “No se alarga la vida, se alarga la agonía” y lo dice sin vacilar, sin estar de acuerdo con la profesión médica.

 

Y yo, me quedo sin palabras que alimenten su discurso, con la huella terrible de una verdad molesta al descubierto, sin luz, sin límite.

 

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